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Médico geriatra, y en los tiempos libres, que son pocos, un poco de todo. Trabajo en el servicio de geriatría del Consorci Sanitari Garraf https://gericsg.com

El hijo de Bilbao

Durante el desarrollo de nuestra actividad diaria como profesionales del ámbito de la sanidad nos encontramos con situaciones muy variopintas que son generadas por dinámicas familiares, únicas como personas y familias que existen.
Independientemente de nuestra profesión, especialidad y/o servicio al que pertenezcamos no podemos evitar tener que enfrentarnos a reacciones que requerirán de nuestra intervención a nivel emocional, por lo que podemos considerar esta como una herramienta interdisciplinar a trabajar y desarrollar para dotar de una mayor calidad a nuestra asistencia.
En esta reflexión le pondremos nombre a una situación que vivimos muy a menudo en las unidades de hospitalización con la complejidad que caracteriza la atención sociosanitaria en los días de hoy.
A continuación expondremos algunos ejemplos vividos en la unidad de postagudos
del Consorci Sanitari Alt Penedès Garraf, en el hospital Sant Antoni Abat, y las herramientas utilizadas por el equipo para resolverlas con éxito.

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El síndrome del hijo de Bilbao

Hablamos del síndrome del hijo de Bilbao apoyándonos en la definición que nos hace José Carlos Bermejo en su blog personal @jcbermejoh y de Carlos García en uno de sus blogs:
“Consiste en la reacción emocional y comportamental de un familiar (habitualmente hijo/a) que vive en otra ciudad y que acude al final de la vida, que no suele participar de los cuidados del ser querido y que, a la vista del familiar moribundo reacciona con dificultad en la aceptación de la muerte, con exigencias y órdenes para resolver a su manera “lo que otros no han podido”, culpabilizando a los cuidadores y al equipo de la situación.”
Esta definición se encuentra enmarcada en lo que sería la atención al final de la vida en un equipo de cuidados paliativos, ya sea en un entorno hospitalario o domiciliar como el PADES. A partir de esta podemos extrapolarla hacia otros sucesos en el proceso de ingreso como un nuevo diagnóstico, un cambio en el plan terapéutico o una gestión pre-alta como puede ser una institucionalización.
Se desprende este síndrome como una reacción proyectiva que se basa en un sentimiento de culpabilidad que siente la persona en cuestión (familiar o no, con una vinculación emocional potente) por diferentes motivos, entre los que podemos incluir: la imposibilidad de atender a su familiar por cargas familiares, laborales, de salud o distancia de residencia condicionante; no tan típica podemos encontrar una falta de vinculación emocional por motivos que vienen de una historia de vida compleja; diferencias en el tratamiento y/o modo de gestionar el cambio condicionados por concepciones culturales y otras muchas más que no corresponde a este análisis desarrollar.

Experiencias en planta

Si nos centramos en nuestras plantas y unidades podemos analizar situaciones con estas características en pacientes que cumplen estos denominadores comunes:
– Paciente ingresado desde hace semanas-meses.
– Trabajo de valoración, diagnostico, seguimiento y pre-alta realizado.
– Aparición de un familiar y/o persona cercana con una fuerte vinculación con el/la paciente que presenta dudas acerca de la intervención o quiere modificar el plan de trabajo ya establecido.

La mayor de las casuísticas: considera que el paciente no puede ser alta.

Con dicha situación, y a partir de las experiencias desarrolladas, hemos aplicado los siguientes

– Facilitar espacio para exponer dudas: Se considera este muy importante para el desarrollo positivo de la situación. Si bien nos encontramos muy limitados y condicionados por nuestros horarios y agendas con programaciones a semanas vista, el hecho de facilitar este espacio puede garantizar que el suceso no acabe como una problemática conflictiva en planta, pensando en el personal de atención directa (auxiliares y equipo de enfermería).

  • NO confrontación: Debemos señalar este punto clave para la intervención en este momento de su evolución. Podremos confrontar, pero no en este momento y saliendo de una posición defensiva.
    Evidentemente, sin permitir agresiones físicas y/o verbales, ni faltas de respeto, tenemos que aprender a aceptar y gestionar que se ponga en duda nuestro trabajo, basando dicha queja en una reacción emocional, que como nos expone José Carlos Bermejo “(…) se trata de comprender que más que una acusación hacia los familiares cuidadores (que ellos percibirían en todo caso injusta), es un modo como el familiar que no ha vivido el día a día de las progresivas pérdidas y empeoramientos del enfermo, desahoga su angustia y su rabia al verle”.
    Permitir y permitirnos escuchar al familiar nos llevará, además, a un crecimiento personal y profesional ya que nos obligara a analizar y reflexionar constantemente sobre nuestras acciones. Si en el momento de queja del paciente y/o familiar confrontamos y actuamos de forma defensiva únicamente alejaremos más nuestras posiciones. Debemos tener en cuenta que nuestra formación, experiencia, posición y equipo de apoyo son un soporte.
    – Escucha activa: Como profesionales debemos mostrarnos abiertos a escuchar la persona y recibir su mensaje. Que exponga su queja o dudas sin contrargumentar, validando los sentimientos de rabia, tristeza y culpabilidad. Tal y como nos aconseja José Carlos Bermejo “(…) no aliarse con estrategias moralizantes con quienes la viven, sino acompañarles en su reacción que, en el fondo, es normal.”
    – Explicar trabajo y acuerdos.
    – Posibilidad de confrontación: Es en este momento, dependiendo de la situación, podemos confrontar sentimientos y hacer de espejo a la persona si la reacción ha estado condicionada por un posible sentimiento de culpabilidad proyectado que, de forma implícita y/o explícita, nos trasladara en su discurso.
    – Contención emocional.

Conclusiones

Cabe destacar que este análisis se centra en una situación de proyección emocional, pero también debemos tener en cuenta situaciones donde se produce un error por parte del equipo asistencial. En ningún momento esta reflexión pretende culpabilizar de forma generalizada el paciente y sus familiares ni endiosar a los equipos sanitarios.
Con los ítems expuestos y desarrollados podemos garantizar una atención encarrilada a paliar y contener una proyección y sentimiento de culpabilidad que, en muchas ocasiones, corresponde a una falta de atención hacia la persona que está sufriendo una enfermedad.

Hèctor Cussó Bertran @hcussob
Trabajador social

 

 

Cuál es vuestra #preguntamaliciosa para el próximo curso

Muchas gracias por acompañarnos durante todo este tiempo. Ya son tres los años que está este blog a pleno rendimiento, excepto en vacaciones, como las que ahora empezamos. Y como ya hicimos el año pasado la #preguntamaliciosa de este mes es más de agradecimiento que de preguntaros.

Y es que, MUCHAS GRACIAS POR ESTAR AHÍ.

Algunos ocasionalmente, otros todas las semanas. Algunos retuiteando mis tuits, otros comentándolos, o dando a me gusta en Facebook….

Agradeceros que me dais ideas para nuevas #preguntasmaliciosa, o escribís cosas tan interesantes como Jorge, Gemma, Carmen o Isa, o aceptáis participar en #GeriatriaCultural como @edudelgad, @diazolam, @ivmaroto_nacho, @angelopezhY  o @PauMatalap entre otros, en la que no me canso de repetir, que es el apartado a nivel personal que más me ilusiona.

Quiero, en fin, agradeceros vuestra lectura, porque sin vosotros, esto no tiene sentido.

gracias

 

Y es que sin vosotros, lectores fijos y ocasionales, esto no sirve de nada. Y aunque ya hay alguna idea de las que hablar el próximo curso, nos gustaría contar con vuestra opinión sobre las futuras #preguntamaliciosa.

Así que la #preguntamaliciosa de este mes vuelve a ser que #preguntamaliciosa proponéis o haríais vosotros para los próximos post.

Muchas gracias y felices próximas vacaciones.

PD: No os preocupéis que este mes aún os daremos la lata, pero en Julio y Agosto… a descansar, aunque en twitter seguiré con los #rememberpost.

 

MUCHAS GRACIAS

Oscar Macho

Reflexiones de alguien que comienza y otra que termina la formación especializada en geriatría.

Hace justo un año afronté el comienzo como médico residente con muchas ganas y alegría, temerosa ante el reto que sabía que iba a suponer este cambio de vida, pero igualmente convencida de que había elegido la especialidad médica más bonita, aquella que es capaz de integrar la medicina en su hábitat natural, la sociedad. Un arte que busca la singularidad de  cada caso con el objetivo de hacerlo suyo y así, en una labor un tanto detectivesca, ofrecer a cada persona la solución a su problema. Para mí, la más humana de las ciencias médicas, la que recuerda a los olvidados y los cuida, esa que continuamente crece y madura.

¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Dónde?… ¡¿Geriatría?!… En multitud de ocasiones preguntas como éstas venían como una avalancha. Familiares, amigos y compañeros del gremio, asombrados a la vez que preocupados, cuestionaban mis deseos. Incluso yo misma, en esa amalgama de inseguridades post-examen, me fundía con las impresiones en contra – o simplemente no a favor –  sobre mi especialidad: una disciplina médica que, como cualquier otra, guiada en mayor o menor medida por tu instinto, escoges de entre esa lista que los recién llamados a ser MIR solemos titular “Especialidad y lugar por orden de preferencia”, y que te acompaña al Ministerio de Sanidad en el tan esperado y monstruoso día de la elección de plaza. Aunque, como pueden apreciar, finalmente hice lo que mi voz interior me repetía y obvié lo que mi cerebro, influido por el “factor ambiente”, se preguntaba sin parar: “¿Cómo que Geriatría?”. Era el inicio de una nueva etapa, mi nueva vida.

Mis años de residencia ya están llegando a su fin, es más hoy es mi último día oficialmente como MIR. Desde aquel día en el Ministerio de Sanidad cuando se hizo realidad la elección de mi primera opción, hasta el día en que escribo este texto, han pasado ya cuatro años. Murciana, pero de la escuela de Albacete (como las escuelas de los grandes filósofos); quién habría imaginado que estudiar Medicina en esa ciudad me permitiría conocer la que está siendo mi vocación en la vida, la Geriatría.

Hemos elegido una especialidad completa, pero también compleja; de las que, cuanto más sabes, más te das cuenta de lo que te queda por aprender. Debido a esto y a la negativa a que se quede algo en el tintero o a la necesidad de llevarnos lo mejor de esta experiencia, ser residente se convierte en algo duro y sacrificado, pero especial y gratificante.

Y es que en la vida de todo médico, este período marca mucho. Marca porque te descubres como trabajador, como especialista, como urgenciólogo y como persona. Aprendes “a base de palos” además de libros, sesiones, geriatras, y mentores que nos inspiran a ser buenos profesionales y a dar lo máximo en las mejores y peores situaciones. Pues no todo está en los libros, ni en el último artículo publicado, sino en el paciente, en la escucha activa… en el deseo diario de mejorar por y para ellos.

Así que, cierro una etapa y abro otra, habiendo aprendido que la calidad de ésta dependerá de cómo equilibre mi vida personal y laboral. Encajar proyectos profesionales y personales puede llegar a ser tan difícil como implicación tengas en ambas cosas, pues aunque sabemos que el paciente debe de ser el centro, a veces, por nuestra situación vital, no puede ser así. Y creo que, en este equilibrio desequilibrado, tenemos derecho a no estar siempre de buen humor ni en la cúspide de nuestra carrera profesional.

A dos meses de finalizar mi primer año de residencia en el Hospital Universitario de Getafe, puedo decir que creo no haberme equivocado. Aunque no todo es bello, continúa patente la indiferencia y apatía de compañeros y de la sociedad española hacia la Geriatría y más todavía, hacia la tercera edad en su conjunto, algo que tendría que sorprender teniendo en cuenta que España es el segundo país más envejecido a nivel mundial. Me planteo entonces el importante y laborioso trabajo que tenemos los que creemos en esta disciplina para ampliar el ángulo a esos “glaucomatosos”, demostrándoles que podemos y debemos ser un complemento, el que demanda esta sociedad tan anciana.

No dejemos de disfrutar junto a nuestros pacientes porque todo lo que empieza, acaba, y no hay mejor residencia que lo que te pueden enseñar aquellos que ya le deben años a la vida.

 

María Isabel Tornero López, MIR1 de Geriatría. Hospital Universitario de Getafe. @MissTorneLo

Carmen Alcaraz López, MIR4 de Geriatría. Hospital Central de la Cruz Roja de Madrid. @Mencitas

La industria farmaceútica, amiga o enemiga #TabusGarraf

Esta semana gracias a Gemma Torrell @Stroncio7 os presentamos el resumen de un interesante debate que tuvimos en #TabusGarraf de la filial Garraf de l’Acadèmia de Ciències Mèdiques i de la Salut de Catalunya i Balears. Sé que estrictamente no es un tema geriátrico, pero como sanitarios creemos que siempre es interesante debatir.

Nota: este texto puede provocar en quien lo lea una fuerte disonancia cognitiva, con síntomas que van desde un malestar epigástrico hasta la necesidad imperiosa de dejar de leerlo. Si te pasa, no te asustes, mantén un poco la sensación y abstréate. Es una oportunidad para revisasrte. No lo dejes pasar.

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Consejos para los nuevos R1 desde la geriatría por @FatimaBranas y @ojedathies

 

Hoy con permiso de @fonenvillamocos, mi R mayor y maestra bloguera y su estupendo post “consejos que me hubiera gustado recibir de R1” quiero proponeros una nueva entrada hecha gracias a dos supergeriatras @FatimaBranas y  @ojedathies (sí es trauma, pero es nuestra geriatra honoris causa). Todo a raíz de la propuesta de los siempre interesantes @YourMedLife, ahora conocido como @amontanersan@mgalandejuana. Es algo tan sencillo, pero tan interesante, como la propuesta que hicieron el año de #consejospararesis.

Así que este año, con el permiso de los cuatro, os traigo un resumen de lo que creo que es más importante. Y es que estos consejos  no por ser del año pasado dejan de ser interesantes. 

Así que la entrada de esta semana puedo decir que se ha hecho sola gracias a ellos, y a unos cuantos más que respondieron en twitter.

  1. Llama a la puerta antes de entrar en la habitación de un paciente (y luego ciérrala para preservar su intimidad).
  2. Preséntate, dí buenos días y como te llamas y que papel cumples en el manejo de esa persona (#Hellomynameis)
  3. Dirígete PRIMERO SIEMPRE al paciente, a los familiares después.
  4. Pide disculpas si has hecho esperar mucho (esto es de cosecha propia).
  5. Respeta su intimidad, no lleves conversaciones paralelas en la habitación.
  6. Mira al paciente a la cara, a los ojos mejor (y si para ello te tienes que agachar o sentar de cuclillas, pues nada hazlo, no pasa nada).
  7. Si tienes que usar ordenador y mirar a la pantalla a menudo explícalo, y discúlpate por no poderlo mirar. También estaría bien que digas que le escuchas con toda tu atención.
  8. Explícale que le vas a explorar y pídele permiso para hacerlo.
  9. Escucha, mucho. Los detalles te darán el diagnóstico especialmente en la gente mayor. Si dejas hablar al paciente sin interrumpirle, te acabará diciendo qué la pasa y qué necesita.
  10. Al pedir una prueba, pregúntate si la estás pidiendo por el bien del paciente o por tu propia tranquilidad. ¿Te cambiará la actitud?
  11. No todos los pacientes con los mismos diagnósticos necesitan el mismo tratamiento. A veces es un arte acertar.
  12. Al terminar una conversación con el paciente, pregunta siempre si tiene alguna pregunta. Deja claro cómo pueden contactarte si la tienen.
  13. Es normal que no sepas algo. No lo ocultes. Sé honesto, y comprométete a averiguar la respuesta.
  14. Pregunta, pregunta, pregunta y pregunta. Aunque te sientas que eres “pesado/a”. Hay mucho conocimiento que no se adquiere de los libros. Aunque crea que las preguntas son “tontas”. Piensa primero en las personas que atiendes. De @martinfd78
  15. Aprende a guardar silencio cuando toque acompañar, no siempre hay que hablar
  16. NO JUZGUES. Eres médico, no juez.
  17. Sonríe
  18. Sé positivo que nada tiene que ver con ser tonto pero….por favor no entres en la espiral de quejarte constantemente! Cuando algo no esté bien dilo dónde lo tengas que decir y pasa del chismorreo.
  19. Y por supuesto….ESTUDIA!!!!! todos los días. La residencia se pasa volando y ese tiempo es oro. Estudia mucho.
  20. Las enfermeras no te cuestionan, es que tienen experiencia y quieren estar seguras con la info. Escucha sus consejos, tienen bastante ojo clínico.
  21. Todos son compañeros, cada uno fundamental en su rol e insustituible. Del celador al adjunto.
  22. Escuchad al resto de personal que tiene más mili que el palo de la bandera. De @desselebrada
  23. Aunque estés súper ocupado de guardia, trata el momento con TU paciente como un momento VUESTRO, sin interrupciones. Es importante que sepa que tiene toda vuestra atención.
  24. Sonreír, coger la mano, decir “gracias” son gestos baratos pero muy eficaces
  25. Eres sanitario y representas a tus colegas y al hospital desde el momento que llegas al curro. No sólo cuando estás delante de un paciente. Las actitudes de patio de instituto las puedes dejar para cuando salgas del curro. Que ya tienes veintipico años y cobras.
  26. Los momentos que más me tocaron cuando era resi, de actitudes de los “jefes”, se resumen en HUMILDAD y HUMANIDAD.
  27. El adjunto que se sienta con el paciente, sabiendo ambos que no va a poder curarlo; entre ambos establecen una hoja de ruta para el tiempo que les queda. 
  28. Utiliza un lenguaje fácilmente comprensible y evita el uso de siglas! De @BLGvbl
  29. Cuídate. Es un trabajo agotador, tanto física como mentalmente, e inevitablemente tendrás horas altas y bajas. Recuerda, no estás solo y siempre habrá alguien que pueda ayudarte. De @je_pala
  30. Y para terminar como bien nos recuerda @cobmed tras publicar esta entrada, también es importante recordar que somos trabajadores con deberes y derechos: “conoce tu convenio laboral, tú derecho a descansos obligatorios tras guardias de 24 h o conoce la normativa de supervisión en tu centro o comunidad”

@ojedathies tiene también unas recomendaciones específicas para dentro del quirófano. Pero como los que leen esto creo que pocas veces lo pisaremos como parte del personal, os recomiendo ir directamente a su timeline.

Por último aparte de los hilos originales al final, también adjunto otras recomendaciones de otros cracks tuiteros sanitarios que no os podéis perder.

 

 

Tan buena es la idea, que alguno sigue este año con ella 

 

Y hay muchos más consejos sabios e interesantes en este hastahg que no te puedes perder #ConsejosParaResis

Pero sobretodo recuerda que, aunque no te lo creas, pronto serás R mayor, y serás tú el que dé consejos.

 

No todo es medicina #diadellibro #SantJordi

Ya es nuestra cuarta edición especial de la #preguntamaliciosa sobre el día del libro y St Jordi, y esperemos no la última. Este año cambiamos de fecha para acercarla al día del libro o Sant Jordi, que es la razón de ser de esta entrada.

En años pasados os preguntábamos cuál es vuestra palabra preferida para decir mayor y que libro os hacia recordar a vuestros abuelos.

Pero este año no os queremos hacer ninguna #preguntamaliciosa, sino que os quiero contar un homenaje que hacemos a un gran compañero y amigo como es Canta, que nos dejó hace casi un año.

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Nuestro servicio es un poco, por no decir bastante, friki. Y aparte de estar continuamente con revisiones clínicas, ver cuál es la última actualización del BMJ o del NEJM, investigar hasta poder salir en wikipedia… de vez en cuando nos ponemos “culturales”. Y este día del libro o Sant Jordi año es una de esas veces.

¿En Navidad quién no hace el amigo invisible?. Pues nosotros hacemos el libro invisible. Antes lo hacíamos por verano, así nos ahorrábamos el comprar un libro para las vacaciones. Pero este año lo retomamos por Sant Jordi, en recuerdo de Canta.

Cada uno de nosotros desde hace un par de semanas, de forma “secreta”, deja un libro que le encanta en el equipo de PADES, que es donde trabajaba Canta. Las únicas condiciones son que lo hayas leído, que te encante, y que sea algo “ligerito”. Es que si alguien deja “Guerra y paz”, o similar, pues igual se tira todo un año, y tampoco es eso.

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Algunos de los libros que nos están esperando en un par de días

Y en Sant Jordi pues pasaremos por allí para coger un libro, eso sí, con los ojos bien tapaditos, sin mirar.

La verdad es que tengo que decir que aunque no sabes que te va a tocar, nunca te defrauda. Siempre te llevas temporalmente a casa un libro que no olvidas, y sobretodo un poco de la persona que lo ha dejado. Y digo temporalmente, porque después de leído hay que devolverlo, con una notita de si te ha gustado o no, por qué, y quién crees que lo ha dejado.

Es una experiencia que desde #geriCSG os recomendamos hacer. Si al final alguno lo hace, seguro que Canta se alegrará mucho de ello.

Y cuál es el libro que he dejado, pues tendréis que esperar al 23.04, ya digo que es una sorpresa “secreta”.

Para terminar os dejamos también una de “sus canciones”, que además forma parte de la banda sonora de la película preferida de #geriCSG

Inicio de un nuevo medio, el podcast

A principio de este curso os decíamos que traíamos novedades. Y es que siempre es bueno renovar. Pero no voy a mentir esta es una renovación a medias. Y es que  la novedad es intentar volver a “dar vida” a algunas de las entradas con más éxito, o a las que tengo “más cariño”. Para ello he pedido ayuda a una joven actriz, Cristina Martínez Reig, su colaboración para hacer estos podcast.Y con cuál empezar. La verdad es que no he tenido dudas. Sí que aunque este blog está dedicado a la geriatría, o eso pretende, antes que nada soy familiar de unas cuantas personas que han precisado trasplantes. Así que aunque ya hace casi un mes que se ha celebrado el #dianacionaldeltrasplante, acá va la entrada que le dedicamos hace un año.

 
 
 

Por si acaso prefieres leerla en vez de escucharla, acá va de nuevo

Por qué aún no has dicho que quieres ser donante #HazteDonante

Así que cada dos, tres meses volveré con una nueva “revisitación”.

Con youtube confieso que no creo que empiece, seriamente, aunque quizás vuelva a hacer alguna cosita alguna vez. Pero sí que invito a la nueva hornada de geriatras a crear un canal en ese medio, seguro sería muy interesante.

Por qué tienes que escoger geriatría #yoelijogeriatria

 

Volvemos a estar a un mes para la fecha más importante a nivel sanitario en España. Y es que vuelve la elección de plazas EIR, PIR, FIR, QIR, RFIR, BIR y MIR, este año, creo que no me olvido de nadie.

Pero me voy a centrar en MIR y EIR que son las que pueden escoger geriatría.

Así que este mes como #preguntamaliciosa, lanzo una repetida, pero sencilla, cómo es que no vas a escoger geriatría con lo maravillosa que es.

No tengas dudas, aquí te dejo cientos de razones para que escojáis la, para mi, especialidad sanitaria más bonita y reconfortante, como es geriatría. Así que vuelvo a recomendaros unos cuantos vídeos sobre qué es la geriatría, tanto para médicas, como para enfermeras, lo que hacemos y porque escogerla.

Así que no lo olvides #yoelijogeriatria  ayer, hoy, mañana y siempre.

 

 

 

También podéis ver las razones de

@Wally_Gator_MD

o de @FatimaBranas para volver a escoger geriatría

Y no olvidéis echar un vistazo a porque una buena amiga te dice que escojas geriatría

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Estas son las razones de nuestra colaboradora Gema para hacer geriatría

este post de @marcoinzi, y acabaréis de convenceros.

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Así que esperamos que dentro de poco nos veamos como colegas.

“Por la senda de Roy Basch” por Eduardo Delgado

Hoy en el apartado #geriatriacultural está invitado uno de los pocos superespecialistas en psicogeriatría. Sí que somos muchos los que nos llamamos psicogeriatras, pero creo que son pocos los verdaderos. Y por qué digo superespecialista, porque es de los pocos médicos en España que han hecho la especialidad de geriatría y psiquiatría, una detrás de otra. Eso quiere decir que se han formado como mínimo durante ocho, sí lo digo bien, ocho años (dos periodos MIR) para poder valorar, diagnosticar y tratar a una persona. Así que tener aquí a Eduardo Delgado @edudelgadod para contarnos la historia del, quizás, psiquiatra más famoso, y de, quizás, la historia médica escrita más famosa es todo un honor. En espera, claro, de que escriba él su historia de psicogeriatria.

La casa de Dios

Cuando conocí a Roy Basch me sedujo “el Gordo”. La Casa de Dios, libro de cabecera de los estudiantes de medicina en Norteamérica, cayó en mis manos para que pudiese trazar una línea diferencial entre la geriatría y la medicina interna. Todo encajaba. El Gordo, un personaje lacónico, cínico, perspicaz y despojado de convencionalismos lograba con un talante afable unos resultados de salud excepcionales. Obviamente era el geriatra. A través de términos irreverentes y provocadores se sucedían historias hilarantes con final feliz. Sus pacientes iban mejor, acicalados y largados. No había lecciones magistrales. Su manejo biopsicosocial contrastaba con la meticulosa búsqueda de la enfermedad de “Jo“, su compañera internista. Ésta garantizaba un billete para una travesía por la iatrogenia con resultados nefastos para los gomers. Tengo el diagnóstico, puesto el tratamiento, pero ¿y ahora qué? Ya no camina y vive en un cuarto sin ascensor. ¿Por qué no camina? Radiografía, biopsia muscular…

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En nuestro entorno, La Casa de Dios se considera un texto gamberro, proscrito por sectores de una medicina rancia y paternalista, poco ávida de autocrítica, y con la geriatría como especialidad marginal dentro de un sistema sanitario que atiende fundamentalmente ancianos. Kafkiano. Real.

Reparé en Roy Basch al releer El Monte Miseria cuando empezaba en esto de la psiquiatría. ¿Primero geriatría y luego psiquiatría? Aún sin mitomanía puede entenderse mi debilidad por el autor de la saga, Samuel Shem (seudónimo que utiliza el psiquiatra Stephen J. Bergman). Lo cierto es que cuando leí por primera vez Monte Miseria me resultó esperpéntico y alejado de mi realidad. En ese momento no existía nada más allá de la valoración geriátrica integral. Años más tarde y con muchos más encima, mientras el fonendo y los seguriles se escurrían poco a poco de la bata, Roy Basch centró mi atención.

Todo un periplo compartido, inimaginable cuando conocí a Roy la primera vez. Los primeros años fueron de formación y dedicación exclusiva al anciano, cuya atención casi nunca era especializada ni considerada. Niveles asistenciales, funcionalidad, fragilidad, trabajo multidisciplinar. Expertos en enfermos. Luego se sucedieron experiencias y enseñanzas variopintas sin fonendo ni exclusividad de grupo etario. Sin nada. Y con todo. Maestros asombrosos y expertos decepcionantes. Pude descubrir vericuetos de la salud mental caricaturizados magistralmente por Roy para finalmente compartir el elemento terapéutico que presenta como transgresor: la conexión; el valor terapéutico de lo interpersonal (relación paciente-bata blanca).

Este recorrido me lleva inevitablemente a reflexionar sobre nuestra realidad asistencial, absolutamente determinada por políticas sanitarias caleidoscópicas que ni entiendo ni comparto. Continúan sin centrarse en el más prevalente de sus usuarios, el anciano. O lo hacen a través de programas de cronicidad abanderados por oráculos de la enfermedad, de la pluripatología o de la polimedicación. No es país para viejos, pero es lo que hay. Y quienes les atienden avalan cada acto clínico con el poderoso respaldo empírico experiencial acumulativo de “he visto a muchos ancianos” (ley VIII de Monte Miseria). Expertos en enfermedades con una particular sensibilidad para su diagnóstico que específicamente son los que más se alejan del enfermo. Medicina Basada en la Evidencia en la que es sencillo encontrar datos relacionados con enfermedades, pero resulta costoso encontrarlos de ancianos o para ellos. Tomar conciencia de la sinciencia. Esa es mi realidad. Y Samuel Shem lo dejó por escrito. Y con excelsa incorrección política. No dejéis de conocerle.

Eduardo Delgado

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Leyes de la psiquiatría de Monte Miseria

¿Qué le pasa a mi madre?. Que tiene un síndrome confusional

“¿Qué le pasa a mi madre/padre?”. Esta es la frase que más me hacen ahora. Y es que como médico que trabaja mano a mano con los traumas, la aparición de un síndrome confusional es una cosa que vivo casi todos los días.

Hace un tiempo os hablé de una película que me marcó por cómo se vivía el síndrome confusional, o en términos anglosajones delirium (a partir de ahora lo llamaré así porque es más corto), como es la película “mi padre

 

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Una película de #GeriatriaCultural

 

Y es que la aparición de un delirium asociado a la enfermedad aguda es algo que se produce a menudo, se dice que casi en un 50% de los ingresos hospitalarios.

Lo que más me preocupa como sanitario, aparte de lo mal que se vive tanto por parte de la persona, como por la familia que no sabe qué está pasando, es que existe una relación bidireccional entre el síndrome confusional y la demencia. Uno como precipitador del otro. Pero es que además su aparición produce un aumento del uso de medicación hipnótica o de neurolépticos, de deterioro funcional, de tener que ingresar en una residencia, e incluso de morir.

 

 

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Este es el primer artículo médico que habla sobre delirium. Y es de ayer mismo (1796)

 

 

Así que aprovechando que este próximo 13 de Marzo es el día para recordar el delirium, hoy os quiero recordar su importancia.

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