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Reflexiones de alguien que comienza y otra que termina la formación especializada en geriatría.

Hace justo un año afronté el comienzo como médico residente con muchas ganas y alegría, temerosa ante el reto que sabía que iba a suponer este cambio de vida, pero igualmente convencida de que había elegido la especialidad médica más bonita, aquella que es capaz de integrar la medicina en su hábitat natural, la sociedad. Un arte que busca la singularidad de  cada caso con el objetivo de hacerlo suyo y así, en una labor un tanto detectivesca, ofrecer a cada persona la solución a su problema. Para mí, la más humana de las ciencias médicas, la que recuerda a los olvidados y los cuida, esa que continuamente crece y madura.

¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Dónde?… ¡¿Geriatría?!… En multitud de ocasiones preguntas como éstas venían como una avalancha. Familiares, amigos y compañeros del gremio, asombrados a la vez que preocupados, cuestionaban mis deseos. Incluso yo misma, en esa amalgama de inseguridades post-examen, me fundía con las impresiones en contra – o simplemente no a favor –  sobre mi especialidad: una disciplina médica que, como cualquier otra, guiada en mayor o menor medida por tu instinto, escoges de entre esa lista que los recién llamados a ser MIR solemos titular “Especialidad y lugar por orden de preferencia”, y que te acompaña al Ministerio de Sanidad en el tan esperado y monstruoso día de la elección de plaza. Aunque, como pueden apreciar, finalmente hice lo que mi voz interior me repetía y obvié lo que mi cerebro, influido por el “factor ambiente”, se preguntaba sin parar: “¿Cómo que Geriatría?”. Era el inicio de una nueva etapa, mi nueva vida.

Mis años de residencia ya están llegando a su fin, es más hoy es mi último día oficialmente como MIR. Desde aquel día en el Ministerio de Sanidad cuando se hizo realidad la elección de mi primera opción, hasta el día en que escribo este texto, han pasado ya cuatro años. Murciana, pero de la escuela de Albacete (como las escuelas de los grandes filósofos); quién habría imaginado que estudiar Medicina en esa ciudad me permitiría conocer la que está siendo mi vocación en la vida, la Geriatría.

Hemos elegido una especialidad completa, pero también compleja; de las que, cuanto más sabes, más te das cuenta de lo que te queda por aprender. Debido a esto y a la negativa a que se quede algo en el tintero o a la necesidad de llevarnos lo mejor de esta experiencia, ser residente se convierte en algo duro y sacrificado, pero especial y gratificante.

Y es que en la vida de todo médico, este período marca mucho. Marca porque te descubres como trabajador, como especialista, como urgenciólogo y como persona. Aprendes “a base de palos” además de libros, sesiones, geriatras, y mentores que nos inspiran a ser buenos profesionales y a dar lo máximo en las mejores y peores situaciones. Pues no todo está en los libros, ni en el último artículo publicado, sino en el paciente, en la escucha activa… en el deseo diario de mejorar por y para ellos.

Así que, cierro una etapa y abro otra, habiendo aprendido que la calidad de ésta dependerá de cómo equilibre mi vida personal y laboral. Encajar proyectos profesionales y personales puede llegar a ser tan difícil como implicación tengas en ambas cosas, pues aunque sabemos que el paciente debe de ser el centro, a veces, por nuestra situación vital, no puede ser así. Y creo que, en este equilibrio desequilibrado, tenemos derecho a no estar siempre de buen humor ni en la cúspide de nuestra carrera profesional.

A dos meses de finalizar mi primer año de residencia en el Hospital Universitario de Getafe, puedo decir que creo no haberme equivocado. Aunque no todo es bello, continúa patente la indiferencia y apatía de compañeros y de la sociedad española hacia la Geriatría y más todavía, hacia la tercera edad en su conjunto, algo que tendría que sorprender teniendo en cuenta que España es el segundo país más envejecido a nivel mundial. Me planteo entonces el importante y laborioso trabajo que tenemos los que creemos en esta disciplina para ampliar el ángulo a esos “glaucomatosos”, demostrándoles que podemos y debemos ser un complemento, el que demanda esta sociedad tan anciana.

No dejemos de disfrutar junto a nuestros pacientes porque todo lo que empieza, acaba, y no hay mejor residencia que lo que te pueden enseñar aquellos que ya le deben años a la vida.

 

María Isabel Tornero López, MIR1 de Geriatría. Hospital Universitario de Getafe. @MissTorneLo

Carmen Alcaraz López, MIR4 de Geriatría. Hospital Central de la Cruz Roja de Madrid. @Mencitas

Por qué tienes que escoger geriatría #yoelijogeriatria

 

Volvemos a estar a un mes para la fecha más importante a nivel sanitario en España. Y es que vuelve la elección de plazas EIR, PIR, FIR, QIR, RFIR, BIR y MIR, este año, creo que no me olvido de nadie.

Pero me voy a centrar en MIR y EIR que son las que pueden escoger geriatría.

Así que este mes como #preguntamaliciosa, lanzo una repetida, pero sencilla, cómo es que no vas a escoger geriatría con lo maravillosa que es.

No tengas dudas, aquí te dejo cientos de razones para que escojáis la, para mi, especialidad sanitaria más bonita y reconfortante, como es geriatría. Así que vuelvo a recomendaros unos cuantos vídeos sobre qué es la geriatría, tanto para médicas, como para enfermeras, lo que hacemos y porque escogerla.

Así que no lo olvides #yoelijogeriatria  ayer, hoy, mañana y siempre.

 

 

 

También podéis ver las razones de

@Wally_Gator_MD

o de @FatimaBranas para volver a escoger geriatría

Y no olvidéis echar un vistazo a porque una buena amiga te dice que escojas geriatría

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Estas son las razones de nuestra colaboradora Gema para hacer geriatría

este post de @marcoinzi, y acabaréis de convenceros.

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Así que esperamos que dentro de poco nos veamos como colegas.

Cuál es tu premio #hablandodegeriatria18

Si algo tiene escribir un blog, es que uno es perseverante, pesado, o como me llaman por aquí corcó.

Pero como os dijimos en septiembre habría novedades. Ya habéis podido comprobar alguna. Pues esta semana os contamos una nueva novedad. Y es que aunque nos pese, tenemos que abandonar los premios #Calamar por el escaso éxito de las anteriores convocatorias.

Pero no por ello queremos dejar que intentéis participar. Así que este año hemos creado los premios #hablandodegeriatria.

Seguirá siendo un premio honorífico, sin dotación económica. Pero a partir de ahora, en lugar de un artículo que creáis que os hace reír, nos gustaría que fuera un artículo en relación a los cuidadores y su importancia.

El documento ganador tendrá el honor de ser el protagonista de la sección el artículo del mes de junio 2019, con el que cerraremos “este curso”.

Es más si el que presentara el artículo quisiera, sería él mismo quien contara porque cree que tenemos todos que leerlo.

Cualquiera puede presentar sus candidatos antes del 15 de marzo al correo del blog gericsg@outlook.com. Se mantendrá el anonimato del que lo presente, a no ser que quiera presentarlo, que repito estaríamos encantados.

Los candidatos, si hay varios, y no ocurre como en los años del premio #Calamar, los daremos a conocer el 01 de abril, tras lo cual se iniciará una votación popular durante una semana. Si no, ya intentaremos escoger uno que merezca la pena, que los hay, y muchos. Pero seguro que el tuyo es mejor, así que participa en los premios #hablandodegeriatria18.

Nuevo curso, nuevo #hablandodegeriatria

Hoy iniciamos un curso muy especial.

Y es que no voy a mentir si digo que hacer una entrada semanal, aún contando con unos excelentes colaboradores,  es un trabajo titánico (no sé como lo puede hacer @Manyez para llegar a su nivel). Sobre todo si uno intenta compaginarlo con otros proyectos, como son #GeribloC #PildorasGBE o el nuevo igeriatria. Y todo ello sin dejar de lado la vida personal, que al final somos personas y no sólo máquinas de escribir.

Así que este año vamos a bajar la periodicidad de publicación a partir del próximo mes. Además intentaremos añadir nuevas secciones. Sin olvidar que intentaremos seguir contando con grandes colaboradores para #GeriatriaCultural.

Pero como empezamos, vamos a empezar  como es tradicional con una #preguntamaliciosa de si sirve de algo todo este trabajo. Yo directamente creo que sí, sino para que sigo con él.

Y es que hay tanta información en internet totalmente inadecuada e incorrecta como podéis ver aquí

que se necesita que haya gente que esté en la “resistencia”.

Así que como dice @joancmarch entre otros muchos, es importantísimo #recetalink.

De todas formas más que escribir, que también, hay que enseñar a saber leer. Y por eso en la página hermana igeriatria siempre tendréis algunas recomendaciones para saber si os podéis fiar de lo que leéis.

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Porque como dice un proverbio chino

“Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enseñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida”

Sí que antes de terminar me gustaría  pedir ayuda a los sanitarios (terapeutas ocupacionales, enfermeras, médicas, trabajadoras sociales, fisios…) sobre vuestra opinión sobre este tema. Por lo que os agradecería si pudierais contestar un pequeño cuestionario que podéis encontrar en el enlace siguiente

https://goo.gl/forms/FIcC6t2aCH7qhuwi1

Muchas gracias por vuestra ayuda y no olvides #recetalink

igeriatria tu nueva pagina web

Hoy toca hablar de un artículo reciente que tenga que ver con la geriatria, así que os quiero presentar un nuevo proyecto en el que alguno de nosotros estamos embarcado: igeriatria

Esta página nace desde una reunión de servicio ante la sencilla pregunta de los nuevos resis de: ¿no hay una página web que resuma todas las recomendaciones que decís?. Así que en ello estamos.

Doy las gracias a un montón de gente que está aportando información 2.0 para tener esta página al día, y tú puedes ser uno más.

Si conoces alguna información que suelas recomendar de las redes, escribe un correo a gericsg.com y no tardaremos en valorarla para colgarla.

Esperamos que la aprovechéis, nosotros estamos empezando a hacerlo.

La vocación del médico. El don del GERIATRA.

Quiero ser médico, le dijo un día a su madre.

Lo curioso de esta frase es que la interesada tenía 3 años. Su madre pensó que podía haber elegido esta como cualquier otra profesión, ya que no había ningún antecedente de este tipo en la familia. Lo más cercano era su abuela, que ejercía de matrona desde los 15 años.

A los 6 ya jugaba a poner inyecciones a una patata. Era tan tímida que en el colegio la llamaban “la rarita”. Le costaba mucho relacionarse con los demás.

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Después de varios años continuaba diciendo que quería ser médico. Esto preocupaba a su madre porque supongo que pensaría que esa niña tan frágil, tan vergonzosa, tan introvertida no podría soportar ver las cosas que un médico pasa a lo largo de su profesión.

Según pasó el tiempo terminaron sus años de introversión. Tenía muchos amigos y se caracterizaba por intentar ayudar a todo el que podía, o que quería dejarse ayudar.

Con 12 años le pidió a su abuela ver un parto. Quizá pudiera ser ginecólogo de mayor, pensaba para sus adentros. A su madre le pareció muy buena idea, ya que al ver tanta sangre quizá se le quitaran las ganas de estudiar medicina, pero nada más lejos de la realidad. Estaba muy emocionada, pero cuando vio nacer a aquel niño, que de momento no lloraba, de repente se le pasó por la cabeza que quizá podría morir. Le recorrió un gélido escalofrío. No podía llegar a comprender que a un niño le pudiera pasar algo, que estuviera enfermo. Pero efectivamente se dio cuenta en ese mismo momento que era posible. Así decidió que no le gustaban los niños. Y lo siguió manteniendo a lo largo de todos los años de su vida. No como algo despectivo, sino como imposibilidad de ver sufrir o enfermar a un ser indefenso y puro. Tuvo claro que jamás sería pediatra.

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Pasó el tiempo y finalmente llegó a la Facultad de Medicina. Se sintió afortunada, y todo aquel esfuerzo de tantos años de estudio dio su fruto. Pudo estudiar lo que siempre había ansiado. Hubo de todo. Paseos en tren, nuevos amigos, partidas de mus, amores, desamores… Estudio y esfuerzo. La vida del médico es esfuerzo puro y duro. No sé si les pasará a muchos, pero en 3º de carrera le surgió la duda de si serviría para esto. Pensó dejarlo, pero su madre veló por sus deseos más profundos y así continuó.

En ese momento comenzó el contacto con el paciente. A ella le gustaba la cirugía. Le encantaba mirar por dentro. Como a los nigromantes de antaño. Se lavó en alguna ocasión. Disfrazada de cirujano disfrutaba viendo a aquellos magos de las manos. De las manos y del control. Templanza, sabiduría, orientación, rapidez… e intuyó que, a veces soledad. El paciente delante y el cirujano solo, tomado esta frase como el sentimiento de uno de ellos. Ella que se conocía perfectamente y sabía sus deficiencias pensó que no era la persona indicada.

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Y entonces ocurrió. Descubrió la medicina pura y dura. Descubrió el médico que llevaba dentro. Se dio cuenta que le gustaba ver y mirar a las personas, hablar con ellas, descubrir cosas. Diagnosticar, le decían desde que empezó la carrera, el arte de diagnosticar. A ella le seguía pareciendo un arte la cirugía, pero usaba sus ojos, sus manos y sus oídos, fonendo en mano, e intuía cosas. Cosas que luego a veces pasaban. La mayoría de las veces. Y todavía le sigue dando miedo.

Le daba mucha rabia cuando hablaban a los niños como si fueran tontos. Se dio cuenta que en las plantas, en la urgencia y en general también lo hacían con los mayores. Con los abuelos, viejos, ancianos, yayos, carcamales, vejestorios… oía de todo. Todo esto le daba mucha rabia. Le daba mucha pena que a aquellas personas indefensas, pero con tanta sabiduría detrás les trataran como a simples bebés. Daba igual que tuvieran demencia, o que estuvieran sordos, o que estuvieran perfectamente. Daba igual. Si tenían más de 70 ya no era lo mismo. Ya no se les daba las mismas oportunidades. Lo siento, quizá no guste, pero a veces es así.

Se veía continuamente en la urgencia hablando con ellos. Pedía ver a los más mayores, cuanto más mayores mejor. Los de noventa, sus favoritos. Eran un pozo de autoridad, poder, prestigio, crédito. Los pseudosinónimos de viejo. Le encandilaban. Y ella les caía bien. Veía cosas en ellos que los demás no veían, incluso aborrecían. Entonces se enteró que había una especialidad que, en principio, sólo trataba a estos pacientes. Así que decidió hacer geriatría. Curiosamente descubrió el don de tratar con los mayores en un internista. Fue el Ángel que le enseñó el respeto, la habilidad, la justicia de tratar con estos pacientes. También hay médicos de otras especialidades con este don, doy fe porque ahora trabaja con una de ellas. No hay nada mejor que el equipo. En su caso, este equipo tan raro y a veces despreciado como es el internista-geriatra.

Al principio sus compañeros de facultad le decían que si estaba loca. Que se le iban a morir todos los pacientes. Que qué especialidad era esa. Pero tan cabezota y segura como siempre, empezó Geriatría. Pensó que no iba a saber hacer otra cosa en su vida. Así fue.

Entonces fue cuando comenzó todo. En la carrera nunca había sido brillante. Pero con los pacientes era otra cosa. Disfrutaba. Encontró nuevos amigos y predecesores (también como pseudosinónimo de anciano) que la enseñaron todo lo que sabe ahora. Les siguió, y aprendió. Y le decían que tenía ese don del Geriatra. Porque esa especialidad repudiada por muchos es la que ella quería y tuvo la suerte de poder hacer.

El geriatra. El que ve cosas que están “escondidas”. El que pone de pie a sus pacientes y consigue que vuelvan a andar. El que quita pastillas además de ponerlas cuando está indicado. Diagnostica infecciones de orina viendo a un paciente agitado. Desestima el término demencia senil y busca un diagnóstico y un tratamiento adecuado. El que trata a cada paciente individualmente, teniendo en cuenta su situación basal funcional, mental y social. Busca síndromes geriátricos, que influyen mucho en la evolución de los ancianos. El que toma decisiones a diario tan relevantes como hacer o no hacer, seguir o no seguir, tratar o no tratar, trasladar o no trasladar, reanimar o no reanimar….

La geriatría es probablemente la especialidad con mayor dificultad en la toma de decisiones. Con los jóvenes no hay duda. Se hace y punto. Pero estamos en un momento de la medicina donde no todos los pacientes mayores de 65 años son geriátricos, y hay pacientes muy jóvenes con patologías y secuelas de enfermedades tan brutales que se comportan como tal. ¿Estaremos ante el nuevo paciente geriátrico del siglo XXI? ¿Estaremos ante el nuevo paciente no geriátrico del siglo XXI? ¿Aquellos que viajan, esquían, manejan internet y a Siri como algo integrado en sus vidas de 80 años? ¿Acaso tienen ellos menos oportunidades que yo, por ejemplo? Lo hablamos muy a menudo. Los geriatras saben mucho de daño adquirido. Y de la promoción de la salud en pacientes de 90 años. Saben mucho del término medio. Saben no pasarse pero sin miedo a llegar cuando hace falta.

Pasión, amor, miedo, entrega, errores, estudio, aprendizaje, sexto sentido, tiempo… y toma de decisiones. Con los tiempos que corren ahora, la he oído decir alguna vez que no repetiría, pero estoy seguro que si volviera a nacer, volvería a ser médico. Y volvería a ser Geriatra.

#yoelijogeriatria otra vez

Sólo estamos a un mes para, quizás, la fecha más importante a nivel sanitario en España. Otro año más vuelve la elección de plazas EIR, PIR, FIR y MIR, espero no olvidarme ninguna que sino luego me llueven cántaros.

Así que este año, perdonadme la repetición, pero vuelvo a reclamar vuestra atención para que escojáis la, para mi, especialidad sanitaria más bonita y reconfortante, que es geriatría. Así que vuelvo a recomendaros unos cuantos vídeos sobre qué es la geriatría, tanto para médic@s, como para enfermer@s, lo que hacemos y porque escogerla.

Así que no lo olvides #yoelijogeriatria  una, dos o cientos de veces.

Y no olvidéis echar un vistazo a este post de @marcoinzi, y acabaréis de convenceros.

Así que esperamos que dentro de poco nos veamos como colegas.

Cuál es tu premio #calamar17

Este primer mes de año volvemos a intentarlo con el premio #Calamar17.

Como ya sabréis, si sois habituales de por aquí, se trata de un premio honorífico, sin dotación económica, para aquel artículo, estudio o proyecto relacionado con la geriatría que se haya dado a conocer en las redes o en las revistas científicas durante el año 2017. Pero consideráis que es tan vergonzoso que llega a ser trochante (sí, es como el premio Ignobel de geriatría).

El documento ganador tendrá el honor de ser el protagonista de la sección el artículo del mes de junio 2018, con el que cerraremos este curso.

Cualquiera puede presentar sus candidatos en el correo del blog gericsg@outlook.com (se mantendrá el anonimato del que lo presente).

Los candidatos, si hay varios, y no ocurre como el año pasado en el que sólo hubo un candidato, los daremos a conocer en abril, tras lo cual se iniciará una votación popular. Si no, ya intentaremos escoger uno que merezca la pena.

#yoelijogeriatria

Perdón el autobombo sanitario, pero es uno de los días más importantes del año en el mundo sanitario. El inicio de elección de las plazas EIR, PIR, FIR y MIR.

Así que hoy, quizás un poco justos en el tiempo, pero os colgamos una serie de videos de porque escoger la especialidad de geriatría que estos meses han estado surcando “la nube” con el hastag #yoelijogeriatria

https://www.facebook.com/plugins/video.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2Fhistoriasdevocacion%2Fvideos%2F571186189718003%2F&show_text=1&width=560” target=”_blank”>Historias de vocación dr Juan Ignacio González

Y si no tenéis bastante con todo lo anterior para escoger geriatría en estos días, hechad un vistazo a este post de @marcoinzi, y acabaréis de convenceros.

Así que esperamos que dentro de poco nos veamos como colegas en https://gericsg.com

¿Cuál es la frecuencia respiratoria normal?

Perdón la autocita, pero para el artículo de este mes hemos escogido un estudio realizado en nuestro servicio #geriCSG, como ya hicimos al principio de curso. Pero es que esta carta científica del JAGS del 2013 es muy interesante, ya que sale hasta en la WIKIPEDIA, y eso no se consigue todos los días.

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