“Esconderse en un rincón del mundo” por Esperanza Martín

Para finalizar este curso vamos a hacer una excepción. Habitualmente a este foro vienen invitados blogueros a los que sigo, por lo que es todo un honor que acepten su participación en este blog. Como alguna vez he dicho, este es el apartado del que no paro de repetir estoy más orgulloso. Así que conseguir la colaboración de todos ellos me alegra profundamente.

Pero como decía este mes no viene un bloguero, sino una tuitera a la que tuve el placer de conocer antes personalmente en una comida en el zoo que “virtualmente”. Pero es que además, y en este curso en el que varias veces hemos hablado sobre la importancia del ejercicio, es codirectora del vídeo que obtuvo el 2º premio del IV festival internacional de cortos sobre salud comunitaria de  a finales del 2017, y que si no habéis visto no os lo podéis perder.

Pero no vamos a hablar de videos, sino de un libro totalemente recomendable:

“Esconderse en un rincón del mundo”

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¿Con quién viviremos cuando seamos mayores?

Para finalizar el curso, se suponía que os traeríamos al ganador del premio #Calamar17. Pero este año no ha habido ninguna propuesta. Pero no os preocupeis, os traemos un tema que no producirá ninguna sonrisilla, pero si que espero os sirva para reflexionar.

Y es que es el tema de mi futuro, y sobre del vuestro, y el de todos los que seremos mayores. Y es que trata de algo tan sencillo y original como si nuestros hijos cuidarán de nosotros cuando seamos mayores.

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igeriatria tu nueva pagina web

Hoy toca hablar de un artículo reciente que tenga que ver con la geriatria, así que os quiero presentar un nuevo proyecto en el que alguno de nosotros estamos embarcado: igeriatria

Esta página nace desde una reunión de servicio ante la sencilla pregunta de los nuevos resis de: ¿no hay una página web que resuma todas las recomendaciones que decís?. Así que en ello estamos.

Doy las gracias a un montón de gente que está aportando información 2.0 para tener esta página al día, y tú puedes ser uno más.

Si conoces alguna información que suelas recomendar de las redes, escribe un correo a gericsg.com y no tardaremos en valorarla para colgarla.

Esperamos que la aprovechéis, nosotros estamos empezando a hacerlo.

Que #preguntamaliciosa queréis

Ya son dos años seguidos escribiendo semanalmente, excepto en vacaciones, como las que ahora empezamos. Y como ya hicimos el año pasado la #preguntamaliciosa de este mes es más de agradecimiento que de interpelaros.

Y es que, sólo quiero agradeceros el estar ahí.

Algunos ocasionalmente, otros todas las semanas. Algunos retuiteando mis tuits, otros comentándolos o dando a me gusta en Facebook….

Agradeceros que me dais ideas para nuevas #preguntasmaliciosa, u os atrevéis a escribir entradas que son una maravilla como la de @Cal_Moures. O aparte de ser unas amigas cojonudas, sois unas colaboradores que ya los quisiera cualquiera, como Silvia o Gema. O aceptáis a participar en #GeriatriaCultural como han hecho @angellopezh @PauMatalap @maitefotografia, un amigo de siempre como Eloy, o unos maestros como son los el dr Ribera Casado y el dr Rafael Matesanz entre otros, en lo que repito quizás es el apartado que a nivel personal más me ilusiona.

Quiero, en fin, agradeceros vuestra lectura, porque sin vosotros, esto no tiene sentido.

gracias

Sigue alucinándome la potencia de las redes al ver que el blog llega a países como Catar, Emiratos Arabes, Corea del Sur, Indonesia o Malta, por citar sólo algunos, en los que nunca pensaría que algo como esto fuera a ser leído. Sin olvidar a los compis del otro lado del charco, que tanto están haciendo, como se ha visto hace nada con el XIII congreso colombiano e iberoamericano de gerontología y geriatría.

Pero como decía sin vosotros, lectores fijos y ocasionales, esto no sirve de nada. Y aunque ya hay alguna idea de las que hablar el próximo curso, nos gustaría contar con vuestra opinión sobre las futuras #preguntamaliciosa.

Así que la #preguntamaliciosa de este mes vuelve a ser que #preguntamaliciosa proponéis o haríais vosotros para los próximos post.

Muchas gracias y felices próximas vacaciones.

No os preocupéis que este mes aún os daremos la lata, pero en Julio y Agosto… a descansar, aunque en twitter seguiré con los #rememberpost.

 

MUCHAS GRACIAS

Quiero más abuelos en series de la tele

Para aquellos niños de 40 años, como decía Miliki, quién no recuerda a los abuelos de las series. Y es que quién de estos niños no recuerda la cancioncita esta.

Pues en un blog que está dedicado a la geriatría, y con un apartado específicamente cultural, cómo es que aún no hemos hablado de los abuelos de las series infantiles. Pues hoy lo subsanamos.

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Ley de dependencia: una prioridad

Este mes se celebran los 11 años y medio de, quizás, la ley que más ha impactado en el mundo de la geriatría, y que en su momento se considero pionera y prioritaria.

Sí, estamos hablando de la ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia o LAPAD, ley 39/2006, del 14 de diciembre de 2006, o que todos conocemos como “LEY DE LA DEPENDENCIA”.

Con esta ley se reconoció por primera vez como derecho el recibir una atención por parte del estado de aquellas personas más vulnerables, independientemente de su edad.

Sí que con esta ley, al menos en Cataluña, se ha conseguido favorecer altas de centros sociosanitarios, es decir hospitales de primer nivel, con camas de larga estancia o de recuperación funcional (llámalo UME o convalecencia). Pero no podemos perder de vista que los tiempos que conlleva el proceso son muy lentos.

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La chispa que me inspira en mi profesión #DiaInternacionalDeLaEnfermeria

Será una foto, un día es el ejemplo de un buen compañero, o unos premios en investigación e innovación a la Enfermería. También una película (Campeones, El diario de Noa) o el cómic que te pasa un colega (Arrugas)

Lo que últimamente me inspira es una de mis chaquetas del uniforme, salpicada de pintura con la que habíamos decorado esta navidad estrellas para la planta de psicogeriatría. La cara de satisfacción de aquellos pacientes al mirarlas no tiene precio.

La Enfermería es “vocacional”.  Se nos veía el pelo antes de habernos dedicado profesionalmente. Somos de los que le pedíamos repetidas veces a nuestra tía comadrona que nos dejara pasar esa noche con ella la guardia para ver qué pasaba esa vez.

Las vacaciones y fiestas eran la oportunidad para sacar un dinerillo supliendo a las auxiliares, un congreso internacional me abría las puertas como voluntaria en el consultorio donde ver pasar gente de todas las razas.

¿Cómo se gesta una vocación?

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Algunas imágenes de mi infancia son de una sala llena de cunas metálicas en el Hospital Infantil de San Juan de Dios en Tenerife,  acompañando a visitar enfermos con mi padre.

Y ¿cómo explicar que con seis años acudiera cantando a que me extirparan las amígdalas, con tal de ver un quirófano por dentro? Ese olor a hospital, alcohol… No era raro sentirse guay a los siete años con un yeso en el brazo, pero es que yo no olvido el apellido pirata del médico que me lo colocó: Dr. Bocanegra.

Días señalados son cuando te casas, cuando regresas a casa con tus hijos recién nacidos,  cuando subes por fin en un globo, y también  al subir las escaleras del Hospital Evangélico de Barcelona donde nací, ahora para trabajar con 23 años como enfermera. De mirar el nido de la maternidad desde afuera, a estar dentro acunando a los pequeños; de entrar sola en una triste habitación antes de extirparme el  apéndice, a conversar años después con una abuelita en esa misma cama. Qué intensa emoción sacar a un prematuro de su incubadora, durante las prácticas del último curso en el otro Hospital de San Juan de Dios, el de Barcelona.

Cada cual tendrá sus propias experiencias. Lo que para otro hubiese sido un castigo, para mí ser declarada “correturnos” en la Clínica Delfos resultó ser un premio, aunque no lo entendiera  al principio. Pasé por la aburrida sala de accidentados de tráfico, el trajín interminable de cambiar bolsas de lavado vesical en urología (hoy día una enfermera ya ha patentado una máquina que lo facilita), la angustia de las quimioterapias, aprendiendo mil técnicas de enfermería y patear kilómetros de pasillos en jornadas de doce interminables horas. Saboreé también sesiones clínicas exprés muy instructivas. Hasta que ¡por fin llegaron los ordenadores al control del enfermería! Se acababan los 80 a buen ritmo…

Y entre tanto ya me casé, vino la familia numerosa, decidí hacer un parón de unos años para dedicarme a ellos, luego regresé aunque fuera a medio tiempo, que no a medio gas. La vida me llevó entonces a la especialidad en Geriatría, porque esta profesión tiene la virtud de ser un amplio abanico en el que puedes desempeñar (si nos dejan, como dice la canción) diferentes especialidades, en diferentes ubicaciones, cada una a su ritmo, en un país lejano, por una buena causa, en el ejército o en un campo de refugiados, o en una ciudad mediana como Vilanova i La Geltrú donde me desplazo en bici a trabajar.

Va pasando la vida y ella nos acaba enseñando aquella asignatura que no aprendes en la carrera: ser tú el enfermo o el familiar cercano de uno. Entiendes lo más importante: la atención centrada en el paciente (Ana Urrutia lo refiere en el tema de eliminar sujeciones: Cuidar, una revolución en el cuidado de las personas, p.21-24).

Ahora sigo en la Geriatría, aunque al iniciar los estudios yo no pensaba seguir el consejo de los profesores a dedicarnos al futuro de la profesión, dado el envejecimiento progresivo de la población. Pero resulta que vivimos en uno de esos afortunados países considerados “Zona Azul” en el mundo: los de mayor longevidad, semejante a Costa Rica o Japón (campeón con más centenarios).

Se me ocurren muchas cosas que aún nos quedan por reivindicar, dentro de un sector de sanidad que sigue tan feminizado y a la vez denostado y agredido. Seguimos siendo muy necesarios a todos los estamentos.

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Hay quien ha propuesto hace décadas dar clases de futuro  en la asignatura de Historia (Virginia Mendoza), y esto nos iría muy bien si vamos a vivir más tiempo. El futuro nos habla de eternidad y ya Ramón Valle-Inclán (Mar Abad, “Viaja a la eternidad…” op.cit. p.64) lo relacionaba con la inspiración (G. Toca,op. cit.52), de la que hablaba al principio: “El inspirado ha de sentir las convicciones del mundo invisible…en las cosas late el recuerdo de lo que fueron y el embrión de lo que van a ser”. La inspiración (Jesús Alcoba) no depende de la voluntad: es “la llama que enciende el alma”, “no exige ni esfuerzo ni constancia”. Yo diría que casi nace con uno y que no se debe perder, sino reavivarse con alguna clase de chispa.

Ahora que hemos entrado en la Era de la Inteligencia Artificial (A. Corazón, op.cit.rev.p.56) cuando un robot puede sustituir a un cuidador, un cirujano,  un enfermero o ser un juguete geriátrico interactivo, que “no se exagere su presencia por útil que parezca, porque nada puede sustituir a las emociones y resultar un fraude”.

Para concluir, yo me digo a mí misma: no debo perder esa chispa que de vez en cuando me reactiva ese amor a la profesión, pero sobre todo, no dejemos de ser de alguna manera la motivación de la próxima generación de enfermeras, pues será nuestra mayor satisfacción profesional.

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Silvia Sánchez, abril 2018

Cuál es tu burrocracia preferida

Yo participo en otro blog totalmente recomendable para los profesionales interesados en la geriatría. Es el blog de la SCGiG o #geribloc. Pues en una de mis últimas entradas hablé sobre el tiempo que pasamos delante del ordenador y lancé un par de preguntas:

¿Se ha ganado tiempo para el paciente al usar el ordenador en vez del papel?, y si no ¿por qué?. Dónde se ha ido ese tiempo, que el ordenador se supone nos hace ganar.

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“Vivir para envejecer” por Angel López Hernanz

Hoy en #GeriatriaCultural es un orgullo tener la oportunidad de publicar en primicia una entrada del dr Angel López Hernanz, al que muchos conocéis por su gran blog MédicoRural . Y si no lo seguís, pues seguro que hoy empezaréis a seguir su maravilloso blog, donde nos habla de forma muy personal de su día a día. Como muestra nos deja una entrada donde nos habla de la vida.

Y es que quien dice que si uno tiene más de 90 no puede estar vivo.

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Tomada de http://medicosdeosuna.blogspot.com.es/

Vivir para envejecer

Nació antes de la guerra, tiempos duros en la campiña andaluza, fue un joven de los “tiempos de la hambre”; como me cuenta, el espíritu de supervivencia le hacía competir con sus propios hermanos en la mesa por un corrusco de pan.
Las enfermedades no lo trataron mal, no tuvo que consultar mucho al médico, aunque en el pueblo en aquellos entonces no había, sólo tuvo que visitarlo en una ocasión en el pueblo de al lado por una herida producida en la pierna, cuando una rama de árbol se la atravesó, mientras cuidaba del rebaño de animales, de la que se recuperó totalmente.

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“De senectute” por  José Manuel Ribera Casado

Hoy es uno de los días que más espero en el año. Y es que para un devorador de libros desde niño, la fiesta del día del libro y de Sant Jordi, es algo que no se puede obviar.

Hoy como día especial,  me gustaría compartir una entrada especial, de un invitado especial.

Los que seguís habitualmente este blog, os habréis dado cuenta que esta sección últimamente está realizada por un invitado sanitario, que no forma directamente del ramo de la geriatría. Así que hoy, excepcionalmente, traemos a esta sección como invitado a un geriatra. Pero no uno cualquiera, sino a uno de los maestros de la geriatría en España, como es el dr Ribera Casado.

 

“DE  SENECTUTE”

Marco Tulio Cicerón

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A la hora de recomendar lecturas de vez en cuando conviene volver a los clásicos. En esta sección, dedicada especialmente a temas relacionados con el envejecimiento, una sugerencia inexcusable la constituye la obra de Cicerón que da título a estas líneas. Desgraciadamente se trata de un libro poco leído a día de hoy, por más de que algunas de sus reflexiones aparezcan citadas con regularidad en prólogos y conferencias, casi siempre por personas que sólo conocen la obra de referencias sin haberlo leído nunca.

 

Es cierto que, aunque presente en buena parte de bibliotecas públicas, en colegios, ateneos y universidades, hoy puede resultar difícil hacerse con un ejemplar. No abundan las ediciones recientes ni en latín, ni en castellano, ni mucho menos bilingües  La dificultad para la difusión de este libro, fue una de las consecuencias negativas de la supresión de la enseñanza del latín en el bachillerato. En todo caso no hace demasiado tiempo (año 2001) la editorial Triacastela llevó a cabo una cuidadosa edición bilingüe con varios breves estudios complementarios que enriquecían el libro.

 

En definitiva, el texto, breve y conciso, recoge el diálogo del anciano senador Catón (alter ego de un Ciceron ya de vuelta a sus 62 años, apenas uno antes de ser asesinado) con dos jóvenes inquietos que le reconocen como maestro y le preguntan sobre aspectos relativos a la última fase de la vida. Sus respuestas nos muestran una obra de reflexión y de madurez. Se trata del único texto romano dedicado íntegramente a la vejez.

 

Evidentemente, no es un libro de geriatría. Ni siquiera de medicina. Cicerón no era médico y sus pretensiones tampoco iban por ese camino. Sin embargo, junto a cuestiones relacionadas con la política, la vida familiar y social, o con la educación, sí se abordan algunos temas vinculados a la salud. Luchar por una vejez más saludable y difundir entre sus coetáneos la mejor manera de conseguirlo –hacer educación sanitaria diríamos hoy- son dos ideas que entran y salen repetidamente en ese diálogo. Se trata de una os temas que mantienen su vigencia en el siglo XXI sin que aún existan respuestas definitivas, y que han servido de referencia a algunos lemas de Naciones Unidas como el que habla del “envejecimiento activo” o de “una sociedad para todas las edades”.

 

Entre las pretensiones explícitas desarrolladas por Cicerón se encuentran las de mejorar la calidad de vida del anciano, evitar sufrimientos y permitirle llevar a cabo una vida lo más plena posible en todos los sentidos. El coloquio entra en el terreno de las ventajas que supone la actividad física o en aspectos relativos a la alimentación. Incluso ofrece también algún consejo que valdría para cualquier consulta al respecto a día de hoy. Así cuando uno de los jóvenes pregunta sobre los medios para evitar o retrasar las perdidas de memoria tan frecuentes entonces y ahora en la ancianidad, Cicerón admite que no hay remedios definitivos, pero se atreve a sugerir como medida preventiva que a lo largo de la vida la persona la ejercite, por ejemplo, que al acostarse se acostumbre a intentar recordar todo lo que ha hecho y dicho durante el día, así como lo que le han dicho a él otras personas.

 

En definitiva “De Senectute” nos muestra lo eterno de muchos de los problemas de los que adolece la humanidad y nos brinda unas reflexiones, frescas, actuales en muchos aspectos, y siempre llenas de sentido común. Estas características permiten comprender mejor que, lo que podríamos calificar como su “apología de la vejez”. Se haya mantenido vigente durante casi 22 siglos y haya sido objeto de toda suerte de comentarios por muchas de las mentes más lúcidas que se han ocupado del tema durante todo este tiempo.

 

José Manuel Ribera Casado

Catedrático Emérito de Geriatría (UCM)