Caídas

Es habitual la realización de guías clínicas o manuales para evitar caídas. Pues hace poco ha salido un manual en español coordinada por una “coR”. Para los que no lo sepáis, “coR” es un compañero del mismo año del periodo médico de formación MIR. Es decir, una compañera de hospital.

Y que pasa con mis 4 coR, que todos son estupendos. Así que si me entero de algo realizado por ellos, me gusta comentarlo. Y si es sobre una cosa tan importante como un manual de manejo  de caídas, pues con más razón. Y si este libro se iba a presentar dentro de un congreso nacional de geriatría en Abril pasado, que no hay que explicar porque no se hizo. Pues entonces no hay más que hablar. Aquí lo tenéis

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Por qué sé que trabajo en #geriatria

Vuelvo a una de mis secciones favoritas, la #preguntamaliciosa. Esta vez dedicada a las nuevas E0/R0, y en especial a aquellas que habéis empezado vuestro camino por este maravilloso mundo de la geriatría. Lo siento por los PIR, FIR, QIR, pero creo que no tendréis la suerte de poder disfrutarlo tan a menudo como nosotros.

Y una pregunta habitual que una se hace cuando empieza la residencia, es cuándo se empieza a sentir de la especialidad que ha escogido. Así que he escogido algunas de las frases que te harán considerarte todo un E1/R1 de geriatría.

miradas que curan
No puedo aguantar sin volver a poner esta foto de Yasmina Segarra

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Como evitar la demencia

Hoy es el día internacional del Alzheimer, y qué mejor forma de celebrarlo que comentar el recién artículo del lancet donde se recogen las medidas para intentar prevenir la demencia, ya que no está tan claro la eficiencia de su tratamiento farmacológico.

Y es que hay que recordar, que aunque el número de mayores crece, la aparición de la demencia ha disminuido proporcionalmente en algunos países. Por lo tanto sí que existen cosas que podemos hacer para intentar evitar su aparición.

Porque uno de los objetivos de la geriatría es intentar prevenir, en especial prevenir la discapacidad,  y cuanto antes se empiece a hacer esto mejor. Y que mejor que intentar prevenir la discapacidad que intentar prevenir la aparición de una demencia. Y no hay que empezar cuando uno ya tiene 80 años. Hay llegamos no tarde, tardísimo. Sino que hay que empezar desde la niñez. Porque muchas de estas medidas cuanto antes comienzan a hacerse más eficaces son.

  • Intenta mantener la tensión arterial sistólica de 130 mm Hg o menos a partir de los 40 años. Es más, el tratamiento para la hipertensión es el único tratamiento farmacológico preventivo eficaz para la demencia.
  • Intenta reducir la pérdida de audición, y si es necesario fomenta el uso de audífonos. Aunque no lo creas este es uno de los factores con mayor potencial para evitar desarrollar demencia.
Cuidando tu oído cuidas tu cerebro
  • Evita el tabaco, o intenta dejarlo lo antes posible. Dejar el tabaco de mayor es de lo poco que reduce el riesgo de demencia incluso en la edad adulta.
  • Reduce la obesidad, es uno de los factores cardiovasculares más importantes, y por tanto uno de las medidas para evitar la demencia.
  • Evita la inactividad física, no cuando ya eres muy mayor, sino lo antes posible.
  • Cuidado con la depresión. Está asociada con la demencia, es más a veces se confunde con ella sobretodo en sus inicios.
  • Evita la soledad. El contacto social es un factor protector de la demencia bien conocido, que favorece muchos comportamientos beneficiosos,  como es la actividad física, y lo que esta conlleva.
  • Evite los traumatismos en la cabeza.
  • Haz lo necesario para controlar tu diabetes lo mejor posible
  • Reduce la exposición a la contaminación atmosférica, sin olvidarte también del humo de tabaco.
  • Limite el consumo de alcohol, evitando el consumo de más de 21 unidades a la semana. Para hacerte una idea una copa de vino o una cerveza es una unidad.

También se ha visto que hay otras medidas que protegen de desarrollar demencia, como favorecer el sueño, que también mejora la salud en general.

Pero algunas medidas no sólo tienen que ser individuales, sino que tienen un importante componente político, social, o de políticas sanitarias.

  • Favorecer la formación lo máximo posible, intentando llegar al menos a la educación secundaria.
  • Implementar políticas de salud pública, no sólo para evitar la hipertensión, sino también la obesidad, el tabaquismo y el alcoholismo.
  • Implementación de medidas de fomentarla actividad social y las relaciones sociales.
  • Reducir la exposición al ruido excesivo (por ejemplo usando cascos para los oídos), especialmente a partir de la edad media.
  • Valoración no sólo de la diabetes, sino también de sus probables complicaciones.
  • Reducir el riesgo de traumatismos craneales en los trabajos (cascos de obreros) y en el trasporte (cinturón de seguridad…)
  • Desarrollo de políticas a nivel no sólo nacional, sino internacional, para reducir la contaminación aérea.

Es decir trabajar en los nueve puntos protectores ya bien conocidos desde hace tiempo como son la hipertensión, la obesidad, la diabetes, el tabaco, la inactividad física, la pérdida de audición, la soledad, la depresión y la baja educación; a los que en esta revisión se han añadido los tres siguientes: evitar el alcohol, los traumatismos craneales y la polución; son las medidas más importantes  “a trabajar” para evitar llegar a tener una demencia.

Pero a veces uno no llega a prevenirla, por lo que este artículo también da algunas recomendaciones para la atención tras el diagnóstico.

  • La atención debe incluir la salud física. La mayoría de las personas con demencia padecen otras enfermedades y podría tener dificultades para cuidar su salud y esto podría resultar en hospitalizaciones potencialmente prevenibles.
  • También la salud mental. Trata de manejar los síntomas neuropsiquiátricos que tanto afectan no sólo a las personas, sino también a los cuidadores.
  • Sin olvidar la parte social. Cuida al cuidador. Las intervenciones específicas para los cuidadores/familiares tienen efectos sobre los síntomas de depresión y ansiedad. No sólo aumentan la calidad de vida sino que también son rentables y pueden ahorrar dinero.

Pero como decía al principio es mejor prevenir este síndrome que las consecuencias de él. Así que lo “tienes fácil” aquí te recuerdo los puntos que “tienes que trabajar” de forma más sencilla.

Livingston G, Huntley J, Sommerlad A, et al. Dementia prevention, intervention, and care: 2020 report of the Lancet Commission. Lancet. 2020;396(10248):413-446. doi:10.1016/S0140-6736(20)30367-6

Las alteraciones de conducta en demencia pueden tratarse

Lo bueno de trabajar en un hospital con residentes es tener la suerte de tener que repasar a menudo los mismos temas. Esto ayuda a convertirse en un experto en “su tema”. Pero más a menudo de lo que uno se puede creer, viene alguien que “te abre los ojos”. Te hace ver las cosas que estás acostumbrado a ver de una manera distinta. Y no es necesario ir a una megacharla de un megaexperto traído de allende los mares. A veces “una simple residente de familia”, como la gran dra de Oca, lo consigue con algo tan sencillo como una pizarra y un rotulador.

No hay nada mejor para estudiar un tema que una pizarra vacía, o casi

Y es que por más como geriatra con consultas de demencia, uno está acostumbrado a tratar las alteraciones de conducta. Y esto es porque más del 90% de las personas que sufren demencia van a presentar alguna de las alteraciones de conducta que se asocian a la demencia. Algunas de estas conductas como el insomnio, la agitación, la agresividad cuando son graves obligan a tratar con fármacos o incluso favorecen no sólo la institucionalización, sino una muerte precoz. Tratar con fármacos es algo que se intenta evitar, ya que se sabe que los tratamientos que se usan pueden aumentar la mortalidad, da igual el tipo de fármaco que se use.

Pero antes de todo lo primero que hay que hacer para poder tratar la conducta “patológica” es comprender lo que es la demencia1, y de ahí la importancia de la educación, tanto al cuidador en casa, como al cuidador profesional. Es muy importante enseñar que el comportamiento y los síntomas psicológicos no son “malos comportamientos” por parte de la persona. Estos comportamientos forman parte de la enfermedad. Se deben a cambios que se producen a nivel cerebral, incluso a nivel bioquímico. Pero algunos de ellos también se pueden producir por factores sociales o ambientales desencadenantes, como es el cambio de casa o la aparición de un nuevo cuidador.

También es muy importante enseñar a “tratar” estas conductas. Y para ello como siempre, empezamos con los tratamientos no farmacológicos. Estos tratamientos suelen ser muy genéricos, siendo alguno de ellos 2,3 los siguientes:

  • Ocupa el tiempo. Si la persona hace cosas no sólo el tiempo pasa más rápido, sino que se mantiene activa, con todo lo que conlleva.
  • Crea rutinas, y si una es la de hacer ejercicio, aún mejor. El ejercicio es una de los mejores actividades que una persona puede realizar.
  • Las conductas pueden ser modificadas por “técnicas” o medidas conductuales, que por muy simples que parezcan son muy útiles. Algunas de estas técnicas como la distracción, el redirigir la atención hacia otra cosa, el tranquilizar a la persona o la reorientación son de las medidas conductuales que pueden ser usadas en cualquier sitio, ya sea en la casa, en una residencia o en un hospital, y requieren poco más que el tiempo del cuidador o personal para poderlas hacer. Qué técnica usar depende de la conducta existente.
  • Un punto importante es observar cuál es el desencadenante de cada conducta. Si la conducta problemática solo ocurre en momentos del baño, de la comida, o en algún otro momento puntual y vemos por qué se produce sabremos más fácil como evitar que reaparezca.
  • Separa a la persona de aquello que parezca que le produzca molestias o inquietud. Incluso si eres tú mismo el que lo produce, sal de la habitación por algo de tiempo.
  • Mantén el contacto ocular y habla lentamente y con calma. Los chillidos sacan de quicio a todo el mundo.
  • Usar sujeciones como cinturones en la cama o en la silla se deben evitar, ya que pueden producir caídas, lesiones en la piel o favorecer la incontinencia.
  • Otro mecanismo que se suele usar es cerrar las puertas con llave. Esto es algo que aprendí de bien pequeño en casa. Era obligado hacerlo, no por miedo a que alguien entrara, sino para que mi abuela no se fuera. El riesgo es hacerlo cuando están solos, es un riesgo que es mejor no probar.

Algunos de estos tratamientos los podéis ver en unas magnificas infografías4 que la Fundación Matia ha realizado a propósito del confinamiento de la covid.

Sencillas, pero muy útiles estas infografias de @MatiaFundazioa

Pero a veces la alteración de conducta es tan grave que es imposible no usar medicamentos. Quién puede no tener que tratar con fármacos cuando tu pareja está agresiva y ves peligrar incluso tu propia persona. Algunas recomendaciones muy claras, pero sobretodo útiles al usar los fármacos2 son:

• Antes de iniciar un fármaco busca si hay un desencadenante de la conducta. A veces el dolor, una infección, una sobreestimulación o un cambio en el ambiente/cuidador (incluso un corte de pelo que cambie mucho la forma de la cara) pueden producirlo.

• Escoge el fármaco según el síntoma que esté presente. Es probable que las alucinaciones y los delirios respondan a los antipsicóticos. Para la agitación y la ansiedad, el uso de un ansiolítico es más apropiado, y el insomnio persistente podría indicar un papel a corto plazo para un hipnótico.

• El gran axioma de los fármacos en geriatría: “Start low, go slow”. Es decir empieza con un fármaco a baja dosis y haz los cambios de dosis muy despacio.

• Usa un medicamento sólo, a la dosis efectiva más baja. Si usas varios y aparece algún síntoma no deseado, ¿cuál es el fármaco responsable?.

• Revisa cada poco, y con frecuencia, la aparición de efectos adversos. Quizás es mejor hacer 5 llamadas en un mes de 5 minutos, que no una visita presencial de 30 minutos al mes, aunque la recomendación establecida es valorar el efecto cada 6 semanas1,5. El tiempo total es casi el mismo, pero la seguridad es mucho mayor. Y es que hay efectos no deseados que aparecen tempranamente, y otros como los efectos extrapiramidales, que a menudo surgen más tarde.

Otro gran punto, que por ser el último a tratar no es menos importante, es el apoyo social. No sólo el aceptar las ayudas sociales, que a veces tanto cuesta a la persona mayor, no sólo a aquella que sufre demencia, sino el conseguirlas. Este es uno de los grandes déficits de la gran ley de la dependencia. Y como se ha visto durante el confinamiento por la COVID el mantenerlas. Aún a día de hoy las personas con demencia y sus cuidadores sufren las consecuencias de esta pandemia. No sólo al verse disminuido los recursos sociales, con el aumento de alteraciones de conducta que hemos visto todos los que nos dedicamos total o parcialmente a este serio problema. Sino sobretodo en aquellas personas que viven en residencia, al sufrir un importante aislamiento social. Pero este es un tema que da para toda una entrada.

Muy interesante este comunicado de la SEGG sobre el aislamiento en las residencias

Pero no olvidemos que lo más importante de todo como siempre es una buena base, y no hay mejor base que una buena “formación “. Y para ello todo es válido, incluso usar una novela como “arrugas”.

Bibliografía

1.          Alzheimer, Society. Optimising Treatment and Care for Behavioural and Psychological Symptoms of Dementia: A Best Practice Guide. Full Colour Version. https://www.alzheimers.org.uk/sites/default/files/2018-08/Optimising treatment and care – best practice guide.pdf?downloadID=609. Accessed August 29, 2020.

2.          Macfarlane S, O’Connor D. Managing behavioural and psychological symptoms in dementia. Aust Prescr. 2016;39(4):123-125. doi:10.18773/austprescr.2016.052

3.          Alzheimer, Society. Alzheimer’s Association Position Statement on Treatment of BPSD. https://www.alz.org/media/Documents/dementia-related-behaviors-statement.pdf. Published 2015. Accessed August 29, 2020.

4.          Documentación COVID-19 | Matia Fundazioa. https://www.matiafundazioa.eus/es/covid-19. Accessed August 29, 2020.

5.          Decision Aid for Dementia: Assessment, Management and Support for People Living with Dementia and Their Carers Decision Aid Antipsychotic Medicines for Treating Agitation, Aggression and Distress in People Living with Dementia.; 2018.

Hablando de la COVID

Hola a todos.

Hoy escribo a cuatro manos, y es que nos gustaría poder compartir con vosotros unas líneas a modo de reflexión tras el primer golpe por la crisis del coronavirus. Como podéis haber visto estos meses más que hablar de geriatría, el blog ha estado hablando de covid. Al principio de apoyo de lo que íbamos aprendiendo, y luego, no voy a mentir, de herramienta de desahogo personal de mis compañeros y amigos que así me lo pedían.

Antes del verano, me gustaría desahogarme también y contaros la vivencia que hemos tenido como médicos. Y digo hemos, porque por fortuna en esta epidemia no he estado sólo. Por fortuna he contado, no sólo con grandes compañeros, sino con grandes amigos. Mis grandísimos César “Flash” Gálvez y David Aivar. Sin olvidarme de una gran futura adjunta, superAna, o de Hector, Marta, Arturo, Cris…

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Parte del superequipo geriCSAPG celebrando un día especial

Así que para escribir esto he contado con el multifácetico David Aivar, que como yo, es médico especialista en geriatría. Pero él ha dado el do de pecho de verdad, ya que ha vivido esta crisis desde unos cuantos frentes. No sólo desde nuestra planta de agudos de geriatría en la que ha estado toda la crisis, a diferencia de los otros dos que hemos ido “entrando y saliendo”. Sino que también lo ha vivido desde el servicio de urgencias, y también como “médico responsable” de una residencia.

Antes que nada, quisiéramos mostrar públicamente la mayor admiración hacia varios colectivos de personas que hemos sido llevados a límites inimaginables, situaciones quizás más propias de la ciencia ficción pero tan reales como la vida misma.

En primer lugar, los compañeros: transporte sanitario, técnicos, administrativos, celadores, gerocultoras, equipos de limpieza, auxiliares de enfermería, enfermeras, médicas…

En segundo lugar, todos aquellos pacientes y usuarios que, más vulnerables o no, han superado la infección por la COVID19.

Y en tercer lugar a todas esas familias que hay detrás de cada uno de los afectados. Fueron semanas muy duras en las que no fue nada fácil permanecer en casa sin poder ver y acompañar a vuestros seres queridos.

Como bien sabéis la pandemia por la COVID19 ha bloqueado el mundo y ha dejado al descubierto, entre otras cosas, las carencias que por desgracia presentamos el sistema nacional de salud, no sólo las residencias como se está criticando. La situación ha sido tan rara que tanto yo como otros compañeros facultativos, nos vimos obligados a no poder continuar con nuestro trabajo al frente de las residencias. No por solicitud propia, sino porque esta labor iba a ser asumida por otros. No miento que esta decisión no viniera bien al hospital sobre todo cuando se han estado triplicando no sólo las UCIS y los equipos de guardia, sino que hasta se han convertido en día laboral los fines de semana y festivos.

La novedad, el miedo, la inexperiencia, el no tener los medios adecuados para enfrentarte a algo desconocido son elementos que sin duda han marcado nuestra práctica clínica diaria.

No quiero ni deseo entrar en un debate de falta de medios, abandono, ni nada por el estilo porque no es mi intención; pero tampoco quiero que seamos veletas vulnerables por las opiniones que vemos y oímos a través de los medios de comunicación.

Los que hemos estado en primera línea con vuestros seres queridos somos los primeros que lo hemos pasado mal. No os podéis imaginar la impotencia que se siente cuando ves medio servicio de urgencias además de la UCI, con gente de 40, 50, 60 años con un tubo en la garganta debatiéndose entre la vida y la muerte mientras tú lo único que puedes hacer es esperar que los tratamientos instaurados (todos con uso fuera de ficha técnica) funcionen y puedan mejorar y salvarse. O viendo como muchos de nuestros mayores en apenas unos minutos empeoraban y pasaban de estar bien a presentar un ahogo extremo y falleciendo. Por lo que lo único que podíamos hacer por su bien, era tratar el ahogo como lo llevamos haciendo hace años, con morfina, que ha sido en muchas ocasiones nuestra herramienta más efectiva. O cuando estando en las residencia ni siquiera podíamos contactar con los servicios de emergencia tras más de una hora al teléfono para plantear derivaciones hospitalarias porque estaban colapsadas las líneas telefónicas. Fueron momentos muy duros, excepcionales, a la altura de la realidad que estábamos viviendo.

Que no os engañen. A todos los niveles, ya sea hospitalario o residencial, nos vimos en una guerra muy desigual en la que sin saber nada de nuestro enemigo, fuimos llamados a filas con palos y tirachinas de madera en un contexto de desprotección total e inadmisible.

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Alguna de nuestras mejores armas en esta guerra que en muchas ocasiones ha escaseado: la protección, pero también la esperanza

Lo que también parece que está claro a día de hoy, entre la experiencia profesional conjuntamente adquirida y con la evidencia científica disponible, es que el concepto de reinfección por SARS-COV2 no existe. O al menos es la tendencia que nos están mostrando/marcando los últimos estudios realizados en estos meses. Se considera que los pacientes/residentes que han sido COVID positivos y que posteriormente se han negativizado, han superado la enfermedad y si empeoran, a día de hoy, no es por una reinfección por la COVID19.

Y es que en el mundo de la geriatría, las broncoaspiraciones, las alteraciones de conducta de las demencias, las infecciones respiratorias, las diarreas, las caídas, ITUs, e incluso los cánceres, siguen existiendo por si solas, sin que tengan relación con la COVID.

Además estamos viendo que hay muchas personas al que el confinamiento le ha sentado verdaderamente mal, incluso en aquellos que no han pasado la COVID. Así que tenemos que cuidarnos muy mucho de sobrepasarnos con los aislamientos pensando que todo lo que vemos en una persona que ha tenido la mala suerte de pasar la COVID es una reinfección.

Esto no quiere decir que nos tengamos que despreocupar y olvidarnos de todo. Porque aún tenemos una gran misión, como es evitar los famosos “rebrotes”, que pueden hacer que comunidades que se ha librado en esta primera oleada, se vean golpeadas ahora por la COVID. Para ello no olvidemos de guardar las medidas de higiene que tanto hemos oído, y que con el desconfinamiento da la sensación que ya nos estamos olvidando.

Así que aunque la COVID19 a nivel personal se pueda haber superado por lo que nos podríamos relajar, lamentablemente creemos que se abre un nuevo paradigma en el que no sabemos las consecuencias/secuelas a las que nos podemos enfrentar y en el que es posible que durante las próximas semanas podamos lamentar pérdidas secundarias directamente o indirectamente debidas a la COVID19.

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Por fortuna todas ellas aún están aquí, muchas otras no han tenido la misma suerte

Eso no significa que no hayamos, y estemos intentando hacerlo lo mejor posible, sino que lo sucedido no sólo nos ha superado y ha sido devastador a nivel estructural, sino que también lo ha sido a nivel personal, tanto para los sanitarios, como de los familiares, pero sobretodo de las personas mayores.

Un saludo.

David Aivar, Oscar Macho

Ahora os dejamos con nuestra canción del confinamiento que espero os alegre tanto como lo ha hecho con nosotros

La concordia

Y después de todo esto me pregunto… ¿quién irá a recoger el premio Princesa de Asturias a la concordia? ¿Aquellos que han luchado en las UCIS?

El equipo del SUMMA que traslada coronavirus apañando la ambulancia con plásticos e intubando con un riesgo quizá inasumible? ¿Las auxiliares de cualquier planta o cualquier hospital? Las gerocultoras que han visto morir a tantos mayores a los que se les ha negado su derecho a ser atendidos en un hospital sólo por vivir en una residencia. Los oftalmologos, pediatras, psiquiatras, otorrinos o cualquier especialista ajeno a los conocimientos de una pandemia de estas características? ¿Los geriatras? ¿Mis enfermeras? ¿Los internistas? ¿Los que hemos vestido bolsas de basura? El personal de limpieza, cocina, farmacia, informática expuestos como el resto para que esto funcionara, aún no siendo sanitarios como tal? Los que han perdido la vida dándola por los demás?Espero no ver a ninguno de los que se considera sanitario que no haya visto o tenido contacto con un paciente, que no se haya puesto y quitado un EPI, mejor o peor. Como hemos podido, como hemos sabido….Si sois tan justos, buscad un representante de cada colectivo que haya estado ahí, con los pacientes o con nosotros los apestados, que hayan llorado, que se hayan infectado. Que se les vea, y que lo disfruten los que de verdad se lo merecen. Yo por mi parte, prefiero recuperar mis derechos laborales que ya hace años se me han negado, mi libranza de guardias de sábados para disfrutar de mi familia, cobrar la carrera profesional, que se me dé oportunidad de formarme y no sólo en mi tiempo libre, que se adecuen los ratios de pacientes para una atención como la que se merecen… tantas cosas perdidas… y sobre todo el RESPETO.

Esa concordia que hemos conseguido transmitir todos los sanitarios e incluso no sanitarios unidos ha sido espectacular, merecedora de un premio. Ese sería el mejor reconocimiento para, creo, muchos de nosotros. Vuestros sanitarios tan aplaudidos. Ojalá no se os olvide que, con o sin coronavirus, lo damos todo cada día. Pase lo que pase. Gracias por el premio. Pero no olvidéis que nuestro premio siempre son y serán nuestros pacientes.


Gema Domínguez de Pablos
Médico Especialista en Geriatría
Hospital Guadarrama

Recuerdos

Recuerdo aquel día de mediados de marzo ,  en que por la mañana decía:

Es serio, es triste, es monotema, es real,  es lo que hay.

Yo me voy a trabajar, vosotros  quedaos  en casa   y vividlo como una oportunidad.  La oportunidad de organizarse, de leer, de estudiar, de hablar mirándose a los ojos, de ver pelis, de ordenar, de explicar cuentos , de pensar,  de jugar , del teletrabajo, de aprender , de reinventarse   y   ……. DE FRENAR  !!

Que esto…también pasará !

 

Recuerdo los  primeros días de nerviosismo,  de incertidumbre, de incredulidad, de trabajo desenfrenado, de agotamiento, de tristeza, de esperanza….

 

Recuerdo la soledad de las calles,  el vacío en la carretera,  ese  sentirse pequeño  ante la inmensidad  de todo,   ese ir y venir……

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Recuerdo el amanecer  precioso,  en soledad,  y el atardecer  precioso, sin nadie.,  y la noche preciosa ,  oscura, serena ,  en silencio.

 

Recuerdo ese querer  aprovechar y saborear esos  preciosos momentos, maravillosos de inmensidad  y soledad, que duraran  siempre,   disfrutarlos  como nunca,  quedármelos para mí.

Recuerdo  ese  querer  que esos momentos  pasasen  ya , desaparecieran para siempre,  se acabara esa realidad tan irreal, llegara  ya  el final   y volviera  el bullicio   y la gente.

 

Y recuerdo la envidia  de no estar  ahí , donde sabía que el trabajo era intenso  y excesivo,   luchando para aliviar la carga de los demás.

Y recuerdo el agradecimiento por no estar ahí,  por luchar en otro frente, por no estar expuesta ni yo ni los míos,  por todo  el sufrimiento y el estrés   ahorrado.

 

Recuerdo  con emoción los aplausos,  deseando  que no tuvieran  que existir.

 

Recuerdo la ambivalencia en mí.

 

Recuerdos  que ahora son eso, recuerdos.

 

Recuerdos  que   muchos  no querrán  recordar  jamás.

       Dra xxx

 

 

Desfase cero

En un mundo en el que todo fluye, que no para ni tiene interrupciones. Los habitantes somos como robots, seguimos una rutina de forma diaria sin pensar en que queremos o no queremos hacer, que nos gustaría o no nos gustaría hacer.

Pero, ¿qué pasa en la realidad?

Que tiene que pararse el mundo ya que si no; nosotros no paramos.

Quizás esto es lo que la Tierra nos ha querido decir. Nos quiere dar una lección de vida, nos ha obligado a interrumpir toda actividad de forma mundial ya que, si no, sabe que nosotros no lo haríamos.

Ha tenido que crear ‘un bicho’, ¡y qué maldito bicho!, que se expande rápido. Y así ha sido; continente a continente, país a país y ciudad a ciudad gracias (o no) a la globalización.

Mirábamos incrédulos a lo que ocurría a miles de kilómetros nuestros, pero no, esto sólo estaba comenzando y era nuestro presente también. Viéndolo venir, seguíamos ciegos porque no pensábamos que esa situación era nuestro presente.

Veis, ha sido así. ¡Qué ilusos!

Pero, de repente llegó.

Comenzó la cuenta de 300, 1000, 10000, 100000…. casos. Las noticias eran películas de acción; y, además, de las largas. No daban tranquilidad, era tensión constante.

Iban pasando los días y, la gente empezaba a hacer caso.

Pararon, paramos.

Algo inaudito, ¿verdad?

Interrumpir nuestro día a día.

Parar nuestros quehaceres, crear nuestra oficina en casa, cerveza conjunta en compañía de videollamadas, transformar el salón en gimnasio, una rutina en casa como nunca antes habíamos imaginado. Contactar con nuestras familias a diario porque en la distancia todo se magnifica. Tirar la basura era el mejor momento del día junto con aplaudir y saludar a los vecinos a las 20h.

De todas formas, para los que sí salíamos a la calle día tras día, a trabajar y dar todo en los hospitales, las calles y carreteras se habían transformado en lugares inhóspitos, ya no eran lo que conocíamos. Hasta te sentías que no pintabas nada en ellas, las querías llenas de señores con cachava, niños jugando con pelota, grupos de adolescentes. Básicamente, necesitabas bullicio.

Sin embargo, los semáforos cambiaban de color sin esperar peatón que cruce; los patios de colegio se quedaban en soledad sin gritos ni juegos; las paradas de autobús se quedaban sin gente en la marquesina; los ascensores sin conversaciones del tiempo que iba a hacer; los coches llenándose de hojas porque no pensaban en sus salidas de fin de semana; las salas de cine sin estrenos empezaron a perder el olor a palomitas; los restaurantes vacíos sin terrazas al sol; los partidos de fútbol se veían desde casa repetidos; y las salas de teatro o los conciertos con el telón sin abrir y sin público en los asientos.

¿Cuánto hemos cambiado y en qué poquito tiempo? Todo esto ha ocurrido en los últimos 60 días. Hemos ido adaptándonos, no nos ha quedado otra opción.

Así sí

Ahora, al menos, ya sabemos que lo podríamos tener que volver a hacer si ahora lo volvemos a hacer mal. Pero sé que no lo haremos, hemos aprendido, o eso espero. Siempre hay que pensar en positivo.

Hemos sido responsables, hemos realizado un esfuerzo, hemos respetado y ayudado a los más vulnerables, a nuestros ancianos.

Nos hemos quedado en casa por ellos, por salvarnos, por salvarlos.

Ellos que han trabajado desde los 10 años, ellos que no pudieron ir a la escuela, no tuvieron esas oportunidades, que vivieron una posguerra y pasaron hambre, pero salieron adelante, trabajaban días enteros sin quejarse, conformándose, hicieron que los alimentos no faltarán en la mesa día tras día para sus hijos y que luego, se hicieron cargo de sus nietos.

Entonces, llega la desescalada. Acaba de empezar y creemos que todo ya terminó.

Que la pesadilla finalizó, que todo lo vivido ya no volverá.

Es otra fase, sí, pero igual o más importante que la primera.

Hay que ser igual de responsables que lo que hemos hecho hasta ahora. No lo estropeemos ahora.

Hay que seguir manteniendo la distancia, aunque te apetezca abrazar a tu amigo del alma que no has visto estos meses, o a tu abuelu-baba-tato-yaya…

Hay que seguir lavándose las manos después de salir a jugar con tus críos, aunque no hayan tocado a ese perro que tanto les gusta.

Hay que seguir dejando el bolso y las llaves en esa caja al lado de la entrada, aunque cada vez que la mires se te pongan los pelos de punta.

Hay que seguir limpiando el móvil y tus manos después de usarlo, aunque te parezca una locura.

Hay que seguir tosiendo al codo o llevar la mascarilla cuando tienes ese moquillo que se te cae por la nariz.

Hay que seguir igual de civilizados.

Así no

Con las mismas ganas que antes, pensando que esto lo pasamos juntos.

Cuando acabe esta etapa,

cuando los hospitales vacíen sus camas,

cuando las urgencias se vuelvan a llenar,

cuando los restaurantes tengan lista de espera,

y, en las salas de cine se peleen por la fila 1.

Solo espero poder acordarme de lo vivido,

de que una vez paramos

y todos hicimos lo que debíamos:

disfrutamos del día a día,

nos preocupamos de nuestra salud y la de los nuestros.

Lo miraremos con perspectiva,

y suspiraremos con alivio.

Marta Arroyo Huidobro

Médico residente CSAPG

#yoelijogeriatria

Este año no sabemos cuándo será, parece que el 26 de junio, cuando empieza la elección MIR. Así que aunque no sé cuando será, pero creo que ya toca, os vengo a dar la tabarra sobre, para mi opinión, una de las cosas más importantes que sucede a nivel sanitario en España. Y es que vuelve la elección de plazas EIR, PIR, FIR, QIR, RFIR, BIR y MIR, este año, creo que no me olvido de nadie.

Como años previos me voy a centrar en MIR y EIR que son las que pueden escoger geriatría.

Así que este mes he retrasado la #preguntamaliciosa para contar con los nuevos videos de difusión sobre por qué es tan bueno escoger geriatría. Además este año muchos #MIR habrán oído, esta palabra a cuenta del examen MIR, ya que ha sido una de los temas con más preguntas.

No tengas dudas, aquí te dejo cientos de razones para que escojáis la, para mí, la especialidad sanitaria más bonita y reconfortante, como es la geriatría. Así que vuelvo a recomendaros que las veáis con calma. Ved un poquitín lo que puedes llegar a ser capaz de hacer si escoges geriatría, y porque si eres enfermera o médica porque deberías escogerla.

Así que no lo olvides #yoelijogeriatria ayer, hoy, mañana y siempre.

También podéis ver las razones de

@Wally_Gator_MD

o de @FatimaBranas para volver a escoger geriatría

Y no olvidéis echar un vistazo a porque una buena amiga te dice que escojas geriatría

Captura

Estas son las razones de nuestra colaboradora Gema para hacer geriatría

o este post de @marcoinzi, y acabaréis de convenceros.

Captura.JPG

Así que esperamos que dentro de poco nos veamos como colegas.

La pérdida

Todos hemos perdido algo en estos meses de guerra incesante, una guerra invisible y tan devastadora que en un espacio tan corto de tiempo, parece que va a diezmar a más personas que la Segunda Guerra Mundial.
Hemos perdido el tiempo. Eso que es tan valioso y que nunca recuperaremos. Tiempo para ganar al virus, para proteger a la población, para tratar a todo el mundo en lugar de esperar en casa a que entrarán en las UCIs que no daban abasto. Para proteger a los sanitarios…
Hemos perdido trabajos, sueldos, dinero, abrazos, besos, reuniones…. Hemos perdido los juegos de los niños, el cole, la bici. Son los que mejor se han portado, los que lo entienden todo a la primera y son más responsables de lo que se les debería pedir. “Aunque no lo veas, no lo pierdas de vista”. Esta es la despedida nocturna diaria de mis hijas. Ellas han perdido la confianza de que un día exista la posibilidad de no volverme a ver.
Muchos habrán perdido la fe. Así, cada uno con su historia, con su problema, con su desgracia.
Muchos han perdido lo más importante: han perdido la vida. Personas jóvenes, mayores, muy mayores. Y sus familias han perdido la oportunidad de despedirse, no les han vuelto a ver después de dejarles en la puerta del hospital. Hemos perdido una oportunidad preciosa de evitar muchísimas de estas pérdidas. Chicos jóvenes con toda la vida por delante, madres y padres que dejan a sus hijos,  abuelos que no volverán a cuidar de sus nietos.  Famosos, pobres, ricos… no hay distinción. Pero la pérdida es la pérdida.
¿Y qué hemos perdido los sanitarios? Yo he perdido el sueño, no poder abrazar a mi familia, no acercarme por miedo a contagiarles… algunos me decían que me fuera de casa, que sacara a mis hijas de ahí, pero no. Me he negado a perder a mi marido y a mis hijas. Aunque todos los días me siento culpable por si les pasará algo por mi culpa.
He perdido las charlas con mi hermana y con mi mejor amigo, que ahora son a distancia o por teléfono. Pero no es lo mismo… Me estoy perdiendo a mi sobrino.
He perdido muchos compañeros, conocidos o no, duele como si fueran tuyos. El ver la sonrisa de mis enfermeras y auxiliares, y la mía propia. Porque no me sale.
He perdido seguridad, porque entro a ver a mis pacientes envuelta muchas veces en bolsas de basura y sin saber si soy yo la responsable de su contagio. Que me contagien a mi ni lo sé ni me importa. No me han dejado hacerlo mejor.
He perdido la confianza en todos los que no están al pie del cañón. Ocultando información, creando esa incertidumbre que tanto les gusta, enfrentándonos unos a otros, como si de una batalla se tratara. Divide y vencerás.
Y sobre todo, he perdido pacientes. Aunque firmemente creo y espero que todo el mundo piense igual, no por nuestra “culpa”. Cómo les gusta algunos esa palabra… “habrá sido por tu culpa, habrá que compartir responsabilidades “. No, lo siento, no las comparto. Hemos trabajado como nos han dejado, como hemos podido, sin descanso, sin pedir nada a cambio. Porque es lo único que sabemos hacer. Ni héroes ni nada. Terminaremos siendo los villanos que siempre nos quieren hacer. Porque somos los únicos que no eludimos nuestra responsabilidad. No os olvidéis de esto. Y cuando quieran depurar esas responsabilidades y todas recaigan sobre los médicos, espero que os acordéis de todos esos aplausos, de todas esas fotos, de todos esos sanitarios que han muerto dando la vida por vosotros, por vuestras familias. La memoria es lo que tiene, que también se pierde fácilmente.
Yo he perdido el miedo a todos los que no nos dejan trabajar como debiéramos, como se merece el paciente, como nos merecemos nosotros. Como nos gusta trabajar. La consideración y reconocimiento por parte de las autoridades es nula. He perdido la fe en la justicia ( la verdad es que esa hace ya mucho tiempo ) Todo está escudado en una guerra en la que “se hace lo que se puede”. Mentira. Se ha podido hacer mucho más, mucho mejor. Me diréis que divago, que soy una demagoga… os aseguro que no. Una mascarilla a la semana y un EPI lavado y relavado cuando acaban de recetar una mascarilla FPP2 a toda la población de la comunidad de Madrid…. Estamos perdiendo el norte.
Eso sí, he ganado en cariño, en valorar los te quiero, los abrazos que no existen, los besos robados con miedo. Y he ganado en paz. En la Paz de haber intentado hacer todo lo posible, lo imposible para hacer mi trabajo como debe ser. Aunque a otros no les importe. Igual que todos mis compañeros.
La pérdida nunca la recuperaremos. Espero que los que os encargáis de esto (desde el primero hasta el último mandamás, del color o del hospital que sea) no sigáis perdiendo la cabeza y os ganéis el respeto que muchos ya os hemos perdido.
A las palabras de “no creemos que los sanitarios aguanten otra crisis como esta” o algo así…. que equivocados estáis. Nosotros seguimos aquí. Somos de otra pasta. Quizá las que no aguanten sean vuestras conciencias…
Mi aplauso hoy es para mis grandes pérdidas, mis pacientes de 80 a 100 años, de mi hospital, de cualquier hospital, de las residencias… y para sus familias. Ese tiempo perdido ya nunca volverá.

 

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No sabemos de quien es la foto, pero mi aplauso va por ellas

 

Gema Domínguez de Pablos
Médico especialista en geriatría
Hospital Guadarrama