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No todo es medicina #diadellibro #SantJordi

Ya es nuestra cuarta edición especial de la #preguntamaliciosa sobre el día del libro y St Jordi, y esperemos no la última. Este año cambiamos de fecha para acercarla al día del libro o Sant Jordi, que es la razón de ser de esta entrada.

En años pasados os preguntábamos cuál es vuestra palabra preferida para decir mayor y que libro os hacia recordar a vuestros abuelos.

Pero este año no os queremos hacer ninguna #preguntamaliciosa, sino que os quiero contar un homenaje que hacemos a un gran compañero y amigo como es Canta, que nos dejó hace casi un año.

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Nuestro servicio es un poco, por no decir bastante, friki. Y aparte de estar continuamente con revisiones clínicas, ver cuál es la última actualización del BMJ o del NEJM, investigar hasta poder salir en wikipedia… de vez en cuando nos ponemos “culturales”. Y este día del libro o Sant Jordi año es una de esas veces.

¿En Navidad quién no hace el amigo invisible?. Pues nosotros hacemos el libro invisible. Antes lo hacíamos por verano, así nos ahorrábamos el comprar un libro para las vacaciones. Pero este año lo retomamos por Sant Jordi, en recuerdo de Canta.

Cada uno de nosotros desde hace un par de semanas, de forma “secreta”, deja un libro que le encanta en el equipo de PADES, que es donde trabajaba Canta. Las únicas condiciones son que lo hayas leído, que te encante, y que sea algo “ligerito”. Es que si alguien deja “Guerra y paz”, o similar, pues igual se tira todo un año, y tampoco es eso.

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Algunos de los libros que nos están esperando en un par de días

Y en Sant Jordi pues pasaremos por allí para coger un libro, eso sí, con los ojos bien tapaditos, sin mirar.

La verdad es que tengo que decir que aunque no sabes que te va a tocar, nunca te defrauda. Siempre te llevas temporalmente a casa un libro que no olvidas, y sobretodo un poco de la persona que lo ha dejado. Y digo temporalmente, porque después de leído hay que devolverlo, con una notita de si te ha gustado o no, por qué, y quién crees que lo ha dejado.

Es una experiencia que desde #geriCSG os recomendamos hacer. Si al final alguno lo hace, seguro que Canta se alegrará mucho de ello.

Y cuál es el libro que he dejado, pues tendréis que esperar al 23.04, ya digo que es una sorpresa “secreta”.

Para terminar os dejamos también una de “sus canciones”, que además forma parte de la banda sonora de la película preferida de #geriCSG

“Por la senda de Roy Basch” por Eduardo Delgado

Hoy en el apartado #geriatriacultural está invitado uno de los pocos superespecialistas en psicogeriatría. Sí que somos muchos los que nos llamamos psicogeriatras, pero creo que son pocos los verdaderos. Y por qué digo superespecialista, porque es de los pocos médicos en España que han hecho la especialidad de geriatría y psiquiatría, una detrás de otra. Eso quiere decir que se han formado como mínimo durante ocho, sí lo digo bien, ocho años (dos periodos MIR) para poder valorar, diagnosticar y tratar a una persona. Así que tener aquí a Eduardo Delgado @edudelgadod para contarnos la historia del, quizás, psiquiatra más famoso, y de, quizás, la historia médica escrita más famosa es todo un honor. En espera, claro, de que escriba él su historia de psicogeriatria.

La casa de Dios

Cuando conocí a Roy Basch me sedujo “el Gordo”. La Casa de Dios, libro de cabecera de los estudiantes de medicina en Norteamérica, cayó en mis manos para que pudiese trazar una línea diferencial entre la geriatría y la medicina interna. Todo encajaba. El Gordo, un personaje lacónico, cínico, perspicaz y despojado de convencionalismos lograba con un talante afable unos resultados de salud excepcionales. Obviamente era el geriatra. A través de términos irreverentes y provocadores se sucedían historias hilarantes con final feliz. Sus pacientes iban mejor, acicalados y largados. No había lecciones magistrales. Su manejo biopsicosocial contrastaba con la meticulosa búsqueda de la enfermedad de “Jo“, su compañera internista. Ésta garantizaba un billete para una travesía por la iatrogenia con resultados nefastos para los gomers. Tengo el diagnóstico, puesto el tratamiento, pero ¿y ahora qué? Ya no camina y vive en un cuarto sin ascensor. ¿Por qué no camina? Radiografía, biopsia muscular…

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En nuestro entorno, La Casa de Dios se considera un texto gamberro, proscrito por sectores de una medicina rancia y paternalista, poco ávida de autocrítica, y con la geriatría como especialidad marginal dentro de un sistema sanitario que atiende fundamentalmente ancianos. Kafkiano. Real.

Reparé en Roy Basch al releer El Monte Miseria cuando empezaba en esto de la psiquiatría. ¿Primero geriatría y luego psiquiatría? Aún sin mitomanía puede entenderse mi debilidad por el autor de la saga, Samuel Shem (seudónimo que utiliza el psiquiatra Stephen J. Bergman). Lo cierto es que cuando leí por primera vez Monte Miseria me resultó esperpéntico y alejado de mi realidad. En ese momento no existía nada más allá de la valoración geriátrica integral. Años más tarde y con muchos más encima, mientras el fonendo y los seguriles se escurrían poco a poco de la bata, Roy Basch centró mi atención.

Todo un periplo compartido, inimaginable cuando conocí a Roy la primera vez. Los primeros años fueron de formación y dedicación exclusiva al anciano, cuya atención casi nunca era especializada ni considerada. Niveles asistenciales, funcionalidad, fragilidad, trabajo multidisciplinar. Expertos en enfermos. Luego se sucedieron experiencias y enseñanzas variopintas sin fonendo ni exclusividad de grupo etario. Sin nada. Y con todo. Maestros asombrosos y expertos decepcionantes. Pude descubrir vericuetos de la salud mental caricaturizados magistralmente por Roy para finalmente compartir el elemento terapéutico que presenta como transgresor: la conexión; el valor terapéutico de lo interpersonal (relación paciente-bata blanca).

Este recorrido me lleva inevitablemente a reflexionar sobre nuestra realidad asistencial, absolutamente determinada por políticas sanitarias caleidoscópicas que ni entiendo ni comparto. Continúan sin centrarse en el más prevalente de sus usuarios, el anciano. O lo hacen a través de programas de cronicidad abanderados por oráculos de la enfermedad, de la pluripatología o de la polimedicación. No es país para viejos, pero es lo que hay. Y quienes les atienden avalan cada acto clínico con el poderoso respaldo empírico experiencial acumulativo de “he visto a muchos ancianos” (ley VIII de Monte Miseria). Expertos en enfermedades con una particular sensibilidad para su diagnóstico que específicamente son los que más se alejan del enfermo. Medicina Basada en la Evidencia en la que es sencillo encontrar datos relacionados con enfermedades, pero resulta costoso encontrarlos de ancianos o para ellos. Tomar conciencia de la sinciencia. Esa es mi realidad. Y Samuel Shem lo dejó por escrito. Y con excelsa incorrección política. No dejéis de conocerle.

Eduardo Delgado

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Leyes de la psiquiatría de Monte Miseria

El médico por Ignacio Vallejo Maroto

Este año comenzamos la sección #GeriatriaCultural con un invitado especial, como es Nacho Vallejo Maroto @ivmaroto_nacho , del hospital San Juan de Dios del Aljarafe en Sevilla. Es coordinador del grupo de trabajo de la SEMI del paciente pluripatológico y edad avanzada @GT_Pluri_SEMI y forma parte del equipo editor del interesante blog https://medicinainternaaltovalor.fesemi.org/

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¡Feliz Navidad 2018!

Queda ya poco para Navidad, así que otro año os queremos felicitar, pero sobretodo daros las gracias por seguir ahí.

Ha sido un año especial al descubrir que tanto trabajo, al final sí que tiene resultado. Y es que emociona cuando vas a algún curso o jornada y te dicen que te leen.

Así que para seguir la tradición, antes de las minivacas navideñas, hoy presento yo la recomendación #GeriatriaCultural.

Y la de este año es de canciones, porque todos tenemos una canción navideña que no te la puedes quitar de la cabeza.

Mi canción navideña, más que de niño, es de algo más mayor, cuando uno empieza a salir con amigos, y a celebrarlo. Y es raro, pero sí, cantábamos “Adeste Fideles”, no me digáis por qué, y aún menos que lo explique, porque no tengo ni idea. Pero quién no hace alguna cosa sin saber por qué. Pues yo también.

Así que

“Adeste, fideles, laeti, triumphantes,
Venite, venite in Bethlehem:
Natum videte Regem Angelorum:

Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum…”

 

 

 

Feliz Navidad a todos los amigos de la geriatría.

Nos vemos de nuevo el próximo año con nuevos post

 

“Me gustaría sentir nostalgia por algo” por Fernando Marín

Hoy es un placer traer a este rincón a un colaborador muy especial. Y es que el dr Fernando Marín @docfmarin, como él mismo se describe, es un activista a favor de la muerte digna y de la eutanasia. Es también presidente del grupo madrileño de la asociación derecho a morir dignamente (DMD), pero sobretodo es autor de un blog muy interesante de seguir sobre la muerte como es morirencasa.

Así que quien mejor que una personalidad de este nivel para que nos haga una recomendación cultural este mes, en el que tanto hemos estado hablando sobre la muerte.

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Me gustaría sentir nostalgia por algo

En su libro Diarios 1984-1989 (Salamandra, Barcelona: 2008), el escritor de origen húngaro Sándor Márai nos cuenta sus sentimientos como cuidador de su mujer, enferma de demencia.

(…) “Creo que se ha producido un cambio: he pasado de la preocupación, la inquietud y el sufrimiento confuso a cierta paz incomprensible; como si hubiera comprendido el horrible e inclemente caos de la vida. No acuso a Dios, ni a los hombres, a nadie. No espero nada. He aceptado lo que ha pasado… He aceptado la crueldad. En estas ocasiones unos rezan, otros maldicen, y también hay gente que se calla, se lo guarda todo para sus entrañas. No lo he decidido, me ha pasado. Es la mayor tragedia personal que me ha ocurrido en la vida y debo aceptarla simplemente, no de manera fatalista, sin juzgar, ni protestar. Ese final, peor que cualquier destrucción repentina”.

Nadie quiere vivir con una demencia. Pero además, algunas personas como yo preferiríamos morir a vivir así. ¿Cuántas? No lo sabemos, porque esa opción en España todavía no existe. Para mí, existir sin saber quién soy o quiénes son mis seres queridos, es una situación absurda, es un vivir sin sentido, que considero injusto para los míos y para la comunidad de personas del planeta. Un despilfarro, un despropósito. Espero que se me entienda bien, yo no digo ninguna barbaridad como “que se mueran los viejos con demencia”, ni propongo que se limiten los cuidados a las personas dependientes que desean recibirlos. Creo que cada cual debe conducir su vida y tomar sus decisiones con responsabilidad, de acuerdo a sus propios valores, respetando su libertad, siempre que no perjudique a otras personas. Algo así como “ama y haz lo que quieras”. Esa es mi voluntad, cuando no recuerde que me llamo Fernando, cuando no sea capaz de mantener una conversación coherente, yo deseo morir.

La paradoja de la demencia es que para entonces ya no seré capaz de recordar nada de esto, no querré morir, ni vivir, porque no querré nada. No sabré qué es el Alzheimer, ni la muerte. Y lo más probable es que no padezca una situación de sufrimiento intenso, típica del proceso terminal. Pero la eutanasia no se fundamenta en la experiencia de sufrimiento, sino en la libertad y en el significado que para cada persona tiene su dignidad. Por eso, en circunstancias similares de deterioro de la calidad de vida, unas personas (la mayoría) no dicen nada respecto a su muerte, mientras que otras deciden adelantarla. Coherencia biográfica.

(1985). “En unos pasillos del hospital y por las puertas abiertas de las habitaciones se hace patente la existencia del orco. Lo que Esquilo le contó a Ulises sobre el orco. Ancianos en sillas de ruedas, atados con una correa por la cintura, caídos hacia delante, con la lengua fuera. La gran prueba de la vida no es la muerte, sino el morir. Sin embargo, hay algo obsceno en la enfermedad y la muerte. El reverso de lo corporal es lascivo y abominable”.

¿Por qué cuidamos a las personas –que ya no lo son- con demencia? ¿Por qué mantenemos con vida a seres hasta el punto ser incapaces de dar amor y de reconocer el que reciben? Por dignidad, porque son “de los nuestros”. Les queremos, sobre todo, por lo que han significado para los suyos y para la sociedad, por lo que fueron en el pasado. Respeto a las que por sus creencias encuentren sentido a las vidas de las personas afectadas por una demencia, tanto la enferma, como las cuidadoras. Pero, repito, para mí, esa no es una vida que merezca la pena. Yo elijo morir, y espero que los que me quieren respeten mi dignidad y hagan todo lo que esté en su mano por adelantar mi muerte.

Excepto en Benelux, donde la mayoría de eutanasias de personas con demencia se producen en las fases iniciales de su enfermedad, la única opción de adelantar la muerte es rechazar toda medida de soporte vital en el documento de voluntades anticipadas. En el mío he expresado que “si a consecuencia de una demencia dejo de comer y/o beber por mí mismo, es mi voluntad despedirme de la vida ayunando”. Con la esperanza de adelantar mi muerte, cuando deje de manifestar placer al comer o beber, rechazo la ayuda de otra persona para comer y beber con cuchara,

Dicho esto, ya sea con ley de eutanasia o sin ella, me gustaría recalcar la responsabilidad en la difusión del testamento vital de las personas que atienden a personas mayores: médicas y enfermeras de cabecera, geriatras, psiquiatras, neurólogas, psicólogas, trabajadoras sociales, etc. etc. Todas ellas deberían provocar conversaciones sobre el proceso de morir que les hagan reflexionar a los mayores, que deben compartir con su entorno y posteriormente concretarse en un testamento vital. Algunos expertólogos sostienen que es mucho mejor hacer una planificación anticipada de cuidados. Ya, pero lo mejor puede ser enemigo de lo bueno, así que empecemos por lo más sencillo, vayamos paso a paso. Cada persona con deterioro cognitivo leve, cada persona cuyo fallecimiento no sería sorprendente en los próximos meses, cada persona mayor de 75 años, debería saber que puede dejar su voluntad anticipada por escrito.

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Me gustaría sentir nostalgia por algo”, decía Marai… “Por un paisaje, por un viaje, por una ciudad, por alguien. Pero ya no puedo permitirme el lujo de ser nostálgico. ¡Me basta con ser!” Al final del libro, Sandor Marai cuenta con ironía cómo fue a comprar la pistola con la que en 1989 se suicidaría. La libertad no soluciona los grandes problemas de la vida, ni le resta complejidad; pero sin ella, sería insoportable.

“Esconderse en un rincón del mundo” por Esperanza Martín

Para finalizar este curso vamos a hacer una excepción. Habitualmente a este foro vienen invitados blogueros a los que sigo, por lo que es todo un honor que acepten su participación en este blog. Como alguna vez he dicho, este es el apartado del que no paro de repetir estoy más orgulloso. Así que conseguir la colaboración de todos ellos me alegra profundamente.

Pero como decía este mes no viene un bloguero, sino una tuitera a la que tuve el placer de conocer antes personalmente en una comida en el zoo que “virtualmente”. Pero es que además, y en este curso en el que varias veces hemos hablado sobre la importancia del ejercicio, es codirectora del vídeo que obtuvo el 2º premio del IV festival internacional de cortos sobre salud comunitaria de  a finales del 2017, y que si no habéis visto no os lo podéis perder.

Pero no vamos a hablar de videos, sino de un libro totalemente recomendable:

“Esconderse en un rincón del mundo”

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Quiero más abuelos en series de la tele

Para aquellos niños de 40 años, como decía Miliki, quién no recuerda a los abuelos de las series. Y es que quién de estos niños no recuerda la cancioncita esta.

Pues en un blog que está dedicado a la geriatría, y con un apartado específicamente cultural, cómo es que aún no hemos hablado de los abuelos de las series infantiles. Pues hoy lo subsanamos.

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Qué libro regalarías a tus abuelos

Ya es nuestra tercera edición especial de la #preguntamaliciosa sobre el día del libro y St Jordi. En años pasados os preguntábamos cuál es vuestra palabra preferida para decir mayor y que libro os hacia recordar a vuestros abuelos. Así que este año os preguntamos qué libro regalaréis o regalaríais a vuestros mayores.

La verdad es que yo nunca llegué a regalar un libro a mis abuelos, así que ahora me tengo que imaginar cuál regalaría. Y el primero que se me viene a la cabeza sin dudar es “La sonrisa etrusca”, que fue una de las primeras recomendaciones de #GeriatriaCultural.

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Pero como esta recomendación ya está, pues me he puesto a pensar otra opción más real.

Así que he cogido a miniMatilda y le he pedido que escoja qué regalaría. Miniterremoto solo sabe decir Peppa Pig, asi que no vale para este juego.

Y la sorpresa ha sido cuando ha escogido el libreto de una opera para Baba, a quien le encanta la ópera.

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A la yaya un libro de National Geographic con muchas fotos bien grandes, porque le encanta ver los documentales de la tarde

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Tato un libro de cómo hacer un huerto en casa, para cuando deje de currar en el huerto.

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Y a tieta un libro de coser jerséis de punto, para que así me pueda enseñar.

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Así que estos son los libros, como véis, ninguno es un bestseller o una obra literaria maestra, pero seguro que les encantara.

Y vosotros, qué libro haréis a vuestros abuelos.

 

 

 

“Sin edad para la donación y el trasplante” por Rafael Matesanz

Esta semana tocaría #GeriatriaCultural, pero en su lugar es todo un orgullo y de agradecer esta colaboración del dr. Rafael Matesanz.

Muchos sanitarios le conocemos, ya que ha sido el creador de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) en 1989. Él es el artífice y responsable del llamado modelo español de trasplante, que ha conseguido que España esté a la cabeza en trasplantes a nivel mundial. Pero sobretodo es un orgullo personal contar con esta colaboración, porque gracias al sistema de trasplantes que disponemos en España pudimos disfrutar de más tiempo con “buela Loli”.

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Sin edad para la donación y el trasplante

Un tópico que a veces sale a la luz cuando se habla de la posibilidad de donar órganos es que se trata de algo relacionado con las personas jóvenes y que a partir de determinada edad esta posibilidad desaparece por el presumible estado de los órganos que los harían inviables para el trasplante. Nada mas lejos de la realidad.

El donante medio español es una persona de edad avanzada que fallece como consecuencia de una hemorragia cerebral. Desde hace años, más de la mitad de nuestros donantes tuvieron más de 60 años y en 2017, el 30% más de 70 y el 10% más de 80.

Incluso no es excepcional la donación de personas de más de 90 años, estando el récord en 94 años con un trasplante hepático de un donante de esta edad.

No todos los órganos aguantan igual el paso del tiempo. El hígado es el mas resistente, seguido del riñón, pulmón y corazón, ocupando el otro extremo de órganos más delicados el páncreas y el intestino.

La conclusión es muy clara: el médico debe evaluar en cada donante fallecido, qué órganos son los que están en condiciones de ser trasplantados, sin hacer ninguna exclusión a priori por la fecha del carnet de identidad. La inversa también es cierta. Si hace 30-40 años la edad era un factor limitante para recibir un trasplante, hoy los límites se han difuminado y pacientes de mas de 80 años están recibiendo un riñón, evitando así la diálisis y ganando vida y calidad de vida.

España es un país muy envejecido y la donación y el trasplante no son más que un reflejo de ello. En resumen, no hay edades límite para la donación y el trasplante. En cada caso hay que evaluar las circunstancias y decidir si es posible o no.

Rafael Matesanz

“Miradas que curan” la recomendación de @maitefotografia

Este mes en la recomendación #GeriatriaCultural es todo un placer tener como colaboradora a Maite Castillo, a quien conoceréis mejor como @maitefotografia. Pero además volviendo a salir de la costumbre, hoy os recomendamos dos cosas.

La primera recomendación es estrictamente cultural, que es lo que toca, y es la fotografía de Yasmina Segarra.

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Esta fotografía es la ganadora del primer premio de fotografía de la universidad de enfermería y fisioterapia de Lleida en 2017, y no es necesario explicarla para que os enamore.

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