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La chispa que me inspira en mi profesión #DiaInternacionalDeLaEnfermeria

Será una foto, un día es el ejemplo de un buen compañero, o unos premios en investigación e innovación a la Enfermería. También una película (Campeones, El diario de Noa) o el cómic que te pasa un colega (Arrugas)

Lo que últimamente me inspira es una de mis chaquetas del uniforme, salpicada de pintura con la que habíamos decorado esta navidad estrellas para la planta de psicogeriatría. La cara de satisfacción de aquellos pacientes al mirarlas no tiene precio.

La Enfermería es “vocacional”.  Se nos veía el pelo antes de habernos dedicado profesionalmente. Somos de los que le pedíamos repetidas veces a nuestra tía comadrona que nos dejara pasar esa noche con ella la guardia para ver qué pasaba esa vez.

Las vacaciones y fiestas eran la oportunidad para sacar un dinerillo supliendo a las auxiliares, un congreso internacional me abría las puertas como voluntaria en el consultorio donde ver pasar gente de todas las razas.

¿Cómo se gesta una vocación?

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Algunas imágenes de mi infancia son de una sala llena de cunas metálicas en el Hospital Infantil de San Juan de Dios en Tenerife,  acompañando a visitar enfermos con mi padre.

Y ¿cómo explicar que con seis años acudiera cantando a que me extirparan las amígdalas, con tal de ver un quirófano por dentro? Ese olor a hospital, alcohol… No era raro sentirse guay a los siete años con un yeso en el brazo, pero es que yo no olvido el apellido pirata del médico que me lo colocó: Dr. Bocanegra.

Días señalados son cuando te casas, cuando regresas a casa con tus hijos recién nacidos,  cuando subes por fin en un globo, y también  al subir las escaleras del Hospital Evangélico de Barcelona donde nací, ahora para trabajar con 23 años como enfermera. De mirar el nido de la maternidad desde afuera, a estar dentro acunando a los pequeños; de entrar sola en una triste habitación antes de extirparme el  apéndice, a conversar años después con una abuelita en esa misma cama. Qué intensa emoción sacar a un prematuro de su incubadora, durante las prácticas del último curso en el otro Hospital de San Juan de Dios, el de Barcelona.

Cada cual tendrá sus propias experiencias. Lo que para otro hubiese sido un castigo, para mí ser declarada “correturnos” en la Clínica Delfos resultó ser un premio, aunque no lo entendiera  al principio. Pasé por la aburrida sala de accidentados de tráfico, el trajín interminable de cambiar bolsas de lavado vesical en urología (hoy día una enfermera ya ha patentado una máquina que lo facilita), la angustia de las quimioterapias, aprendiendo mil técnicas de enfermería y patear kilómetros de pasillos en jornadas de doce interminables horas. Saboreé también sesiones clínicas exprés muy instructivas. Hasta que ¡por fin llegaron los ordenadores al control del enfermería! Se acababan los 80 a buen ritmo…

Y entre tanto ya me casé, vino la familia numerosa, decidí hacer un parón de unos años para dedicarme a ellos, luego regresé aunque fuera a medio tiempo, que no a medio gas. La vida me llevó entonces a la especialidad en Geriatría, porque esta profesión tiene la virtud de ser un amplio abanico en el que puedes desempeñar (si nos dejan, como dice la canción) diferentes especialidades, en diferentes ubicaciones, cada una a su ritmo, en un país lejano, por una buena causa, en el ejército o en un campo de refugiados, o en una ciudad mediana como Vilanova i La Geltrú donde me desplazo en bici a trabajar.

Va pasando la vida y ella nos acaba enseñando aquella asignatura que no aprendes en la carrera: ser tú el enfermo o el familiar cercano de uno. Entiendes lo más importante: la atención centrada en el paciente (Ana Urrutia lo refiere en el tema de eliminar sujeciones: Cuidar, una revolución en el cuidado de las personas, p.21-24).

Ahora sigo en la Geriatría, aunque al iniciar los estudios yo no pensaba seguir el consejo de los profesores a dedicarnos al futuro de la profesión, dado el envejecimiento progresivo de la población. Pero resulta que vivimos en uno de esos afortunados países considerados “Zona Azul” en el mundo: los de mayor longevidad, semejante a Costa Rica o Japón (campeón con más centenarios).

Se me ocurren muchas cosas que aún nos quedan por reivindicar, dentro de un sector de sanidad que sigue tan feminizado y a la vez denostado y agredido. Seguimos siendo muy necesarios a todos los estamentos.

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Hay quien ha propuesto hace décadas dar clases de futuro  en la asignatura de Historia (Virginia Mendoza), y esto nos iría muy bien si vamos a vivir más tiempo. El futuro nos habla de eternidad y ya Ramón Valle-Inclán (Mar Abad, “Viaja a la eternidad…” op.cit. p.64) lo relacionaba con la inspiración (G. Toca,op. cit.52), de la que hablaba al principio: “El inspirado ha de sentir las convicciones del mundo invisible…en las cosas late el recuerdo de lo que fueron y el embrión de lo que van a ser”. La inspiración (Jesús Alcoba) no depende de la voluntad: es “la llama que enciende el alma”, “no exige ni esfuerzo ni constancia”. Yo diría que casi nace con uno y que no se debe perder, sino reavivarse con alguna clase de chispa.

Ahora que hemos entrado en la Era de la Inteligencia Artificial (A. Corazón, op.cit.rev.p.56) cuando un robot puede sustituir a un cuidador, un cirujano,  un enfermero o ser un juguete geriátrico interactivo, que “no se exagere su presencia por útil que parezca, porque nada puede sustituir a las emociones y resultar un fraude”.

Para concluir, yo me digo a mí misma: no debo perder esa chispa que de vez en cuando me reactiva ese amor a la profesión, pero sobre todo, no dejemos de ser de alguna manera la motivación de la próxima generación de enfermeras, pues será nuestra mayor satisfacción profesional.

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Silvia Sánchez, abril 2018

El día que una bandeja voló por los aires

¿Forzamos la ingesta en ancianos con demencia?

Pasando por los pasillos del hospital oía rogar a mi compañera Eva: “María, abre la boca, cariño, por favor…” Más gracia nos hacía otra paciente, que respondía como una niña rebelde: “¡No quiero!”. Un día vimos volar una bandeja de comida por los aires en el comedor, volcándose también la mesa. ¡Lo terrible que debió parecerle aquella comida al paciente! Hay poca literatura especializada al respecto, y para nosotros se trata de ¡un dilema diario!: ¿le obligamos a comer?.

Un día me acerco a una anciana paralizada ante su comida y mirando con recelo alrededor. “¿Por qué no comes, querida?” y me responde bajito: “Es que me quieren envenenar…” Su delirio de perjuicio fue remitiendo en días (el haloperidol, el hambre acumulada). Ancianos de personalidad dominante se niegan “porque no necesitan  ayuda”, pero pasando los días ya no es preciso que les camuflemos las pastillas trituradas.

Han sido momentos estresantes, de escupirte en el uniforme, agresividad verbal, física, para nosotros y sobre todo para el familiar/cuidador que se marcha impotente llorando. Se requiere mucho apoyo para el afrontamiento al estrés de la nueva situación. En ocasiones, de forma temporal, recomendamos que ellos no les den de comer (el paciente les toma el pelo) y que dejen que “la bata blanca” les releve unos días.  En esos momentos la patología psíquica añadida y de base debe ser tratada intensivamente y los suplementos nutricionales son un cable para salir de una conducta regresiva de negativismo. Puede arrastrarlos a una arriesgada situación de complicaciones somáticas en cascada.

Existe una asociación conocida de mayor mortalidad en estas conductas, un rechazo presente en más del 9% de pacientes geriátricos ingresados. Ello podría arrastrar al “síndrome de deslizamiento” o un triste dejarse ir por un sentimiento de aislamiento social que nos deja impotentes a todos: muchas horas solos, muchas comidas solos…mueren solos…

Pero hemos visto alguna situación difícil resuelta: una señora con demencia precoz cuya dieta consistía en  bocadillos y naranjada. La cuidadora la perseguía a todas horas. Comenzamos a sentarla a comer su bocata en una bandeja, luego añadimos un nuevo plato, hasta que la vímos comer a su hora su bandeja completa (y que no ofrecieran alimentos fuera de horario).

Las razones al negativismo a veces resultan ser fisiológicas como son el deterioro de la deglución, expresado en un pánico a atragantarse (gran valor nuestra Logopeda Mireia, que recomienda el uso de espesante o no). También produce molestia una prótesis dental inadecuada, que llaga la boca. Un cambio de la misma o en la textura mejora la situación (gran labor realiza nuestra dietista, Helena, con dietas personalizadas).

A un par de señoras su demencia les está impidiendo saber cómo se coge un tenedor, cómo llevar la cuchara a la boca. Les produce verdadera vergüenza y rabia que les demos de comer, se llegan a ofender. Realizamos una guía secuenciada, ofreciendo plato por plato, tratando de evitar el temido síndrome de discapacidad iatrogénica, una dependencia exagerada dando de comer en boca (por proteccionismo, pena, prisas).

Comer debería ser solamente “por placer” según el informe Confort Feeding Only. Forma parte del cuidado basado en el confort, evitando situaciones estresantes, de forma menos invasiva. Algunos familiares manifiestan conductas inapropiadas (tapar la nariz, bajar la cabeza, apretar la boca).

El objetivo de las intervenciones de enfermería (D.Orem) es identificar en qué fase se sitúa el deterioro cognitivo, funcional y de la deglución del paciente, cuando aparece un déficit de autocuidado en la alimentación. El momento de comer debe asociarse a una situación placentera.

Recuerdo decir a mi abuela cómo disfrutaba en su lecho de muerte el abuelo Isidro cuando le daba natillas: “qué bueno está esto”. No lamento tampoco los dos vasos de gazpacho que se bebió mi padre horas antes de morir (era su bebida favorita). Pensemos en otra manera de tratar y cuidar, más respetuosa con la voluntad y autonomía del paciente, equilibrada con sus necesidades nutricionales reales para su edad y estado.

 

Fdo: Silvia Sánchez

Y el ganador del #calamar16 va de abuelos cuidadores

Esta semana damos colofón a los premios #Calamar16. Y no vamos a mentir si decimos que no ha habido muchos candidatos. Pero este artículo que ha salido hasta en prensa ha ganado en buena lid.

El propósito del concurso era contar un artículo que hiciera al menos sonreir, y éste que habla sobre abuelos cuidadores creemos que lo consigue.

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Cuidadores: los profesionales que curan dedicando su tiempo

¿Habéis hecho un vaso de agua con espesante alguna vez?
Hola, me llamo Gema, soy licenciada en medicina y cirugía, especialista en geriatría, máster en cuidados paliativos… Y hasta hace unos años nunca había tenido que utilizar espesante para que lo tomara mi abuela.
Curar: del latín curare, cuidar…

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Rock, M&M y geriatría. Una rara relación

Esta semana toca comentar un artículo reciente. Y como aficionado al rock no dudé un segundo en que tenía que ser este artículo con un título sobre Van Halen, y sobre todo en este mes “tan cultural”. ¿Porque alguien duda que el rock sea cultura?.

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Pero esto que, se supone, es un blog sanitario, cómo puede relacionar geriatría con rock. Pues aún peor, porque  el dr Andrea Wershof Schwartz, autor del artículo que pasaré a comentaros, habla sobre todo de los “M&M marrones”.

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Veo que os lo pongo peor para que sigáis, pero merece la pena, os lo prometo.

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Cómo hacer los cuidados

Hoy retomando el tema nuestros videos favoritos, recomendamos no un vídeo, sino un canal de YouTube donde están recogidos desde el servicio de neurología del sector I de Zaragoza videos de como realizar determinados cuidados como la higiene o la movilización en cama, el uso de ayudas técnicas…, de forma muy  instructiva.

Aquí os mostramos dos ejemplos.

 

 

Y este es el canal

https://www.youtube.com/channel/UCqao3eecKwkowghJJ9gQmRA

 

Esperamos que os sirva para poder compartirlo

 

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Mi padre

No estaba previsto que escribiera yo este mes, pero las circunstancias obligan. Así que me veo hoy lunes a falta de dos días para “publicar” y sin padrino de #GeriatriaCultural este mes. Y lo primero que se me viene a la cabeza es una película de la que tengo ganas hablar hace tiempo: Mi padre y que este mes viene que ni al pelo.

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Y tú, ¿por qué te dedicas a esto?

Este mes de Halloween, recién acabado el día de todos los difuntos, y coincidiendo con el día del cuidador, voy a contestar a una pregunta que a muchos seguramente os han hecho alguna vez. Y es: “por qué me dedico a esto”. Esta pregunta creo que no sólo vale para el mundo sanitario, sino también para el resto de profesiones, incluida la de ama de casa que es de las más duras que hay (y digo esto porque lo creo, no por ser políticamente correcto).

Por lo que aquí va mi pequeño homenaje a la que hago última responsable de porque escribo esto, y os lanzo la #preguntamaliciosa del mes: a quién quereis agradecer lo que sois.

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