Archivo de la categoría: cultura

“Morir viviendo, vivir muriendo” de Marcos A. Hourmann

Este mes “hemos retrasado” la recomendación de #GeriatriaCultural, en contra de lo habitual. Así que si ya he roto una de las “normas no escritas”, voy a romper la otra de buscar un invitado, y la recomendación de este mes me la he reservado para hablaros de un libro.

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Y es que este libro cuenta la experiencia personal del primer médico condenado en España por eutanasia.

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33 desnudos en bata de María (José Álvarez) Pasquín

Este mes en el que hemos estado hablando de vacunas es un honor tener la colaboración de todo una experta, como es la dra María José Álvarez Pasquín, directora de vacunas.org , página oficial de la sociedad española de vacunología, y que os recomendamos seguir.

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Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que Oscar, muy amablemente me ha invitado a colaborar con un post para los apuntes culturales del blog, pues “he venido para hablar de mi libro”.

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“André y Dorine”, de Kulunka teatro

Retomamos quizás el apartado que más ilusión me hace, que es #GeriatriaCultural. Y en este mes en que se acaba de celebrar el dia mundial del Alzheimer es un placer tener como colaborador a un amigo como es Eloy Rodríguez, compañero de muchas charlas de cafetería universitarias, y también unas cuantas fiestas, porque negarlo, y actual neurólogo de la unidad de deterioro cognitivo del hospital Marqués de Valdecilla y colaborador de la siempre interesante página de Facebook sobre deterioro cognitivo del hospital santanderino.

 

Hace unos meses, un viejo amigo y compañero de fatigas en la carrera, me honró con la petición de elaborar una reseña cultural para su blog de Geriatría, coincidiendo con el día Mundial del Alzheimer. No es que uno sea el mejor candidato para hacer reseñas de cultura,  pero bueno lo intentaré.

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Alzheimer: no caigamos en el olvido #SigoSiendoYo #DiaMundialAlzheimer

– Buenas tardes.
– Hola, buenas tardes. ¿Usted quién es?
– No nos han presentado. Soy su demencia tipo Alzheimer. Encantado.
– Perdone, ¿cómo dice?

Se quedó absorto… no sabía muy bien qué decir.

– ¿Recuerda aquel día que sus hijos le llevaron al médico? Sí, porque parecía que perdía la memoria. Ha sido usted elegido para tener un diagnóstico de demencia. Tiene usted un Alzheimer.
– Si, si… claro que me acuerdo. Me hicieron muchas preguntas. Ya al final estaba tan harto que contestaba al tun tun. Tuve que dibujar una casita, un reloj, me enseñaron cartas, y luego me hicieron varias pruebas. Me sacaron sangre, me hicieron un escáner y una cosa muy rara que llamaban SPECT o algo así.
– Eso es.
– Oiga… y eso de la demencia ¿es ya seguro? Porque mi hija pierde las llaves habitualmente, o se las deja dentro de casa y lía una parda llamando al cerrajero y nadie ha pensado que esté enferma por eso. Hay veces que se les olvida incluso que es el aniversario de la muerte de su madre.
– Bueno, seguro, seguro… A ver, el diagnóstico de demencia es probable. Usted tiene una probable demencia tipo Alzheimer.
– Ah!! Bueno, ¡entonces si es probable me quedo mucho más tranquilo! Osea, que de usted no me muero, ¿no?

El Alzheimer se quedó algo sorprendido con la pregunta. Nunca nadie le había planteado esa duda. Estaba acostumbrado a otras reacciones.

– Pues no señor. Efectivamente por el único hecho de perder la memoria no se muere nadie. Otra cosa son las complicaciones derivadas de esos olvidos.
– Cuente, cuente…
– Ahora al principio son cosas pequeñas. Usted está en mi fase inicial, ahora soy leve. Puede olvidar o cambiar cosas de sitio. Dejará de manejar el dinero o se olvidará como conducir un coche, o ir a determinados sitios. Se le puede olvidar el día en el que estamos o incluso no saber en qué calle vive.
– Cuando era niño tampoco sabía en qué día vivía y no me creaba mucho conflicto, la verdad… Y desde que me jubilé tampoco le presto mucha atención.

El Alzheimer se estaba empezando a poner nervioso.

– Si, tiene usted razón. Eso es lo de menos. Cuando avance mi camino, si usted ingresa en un hospital porque le pase algo- se rompa la cadera o algo así- se puede desorientar por completo, tener alucinaciones terribles, puede insultar a sus hijos… Y todo esto puede pasarle también en su casa sin que haya un claro desencadenante. Estos son mis amigos los trastornos de conducta.
– Oiga, y una pregunta… ¿para esos trastornos de conducta hay algún tratamiento? Porque yo me acuerdo de un amigo que le daba a la “bebetoria” que un día le ingresaron y tuvo un delirium tremens o algo así. Le pusieron una inyección y dejó de ver arañas por la pared.
– Si, efectivamente. Hay tratamiento para eso.
– Bien, correcto. Y para usted en sí mismo… ¿hay algún tratamiento? Quiero decir, para que no se me olvide qué día es, o como vestirme y esas cosas.
– Puf… Sí, hay unos tratamientos que se supone que retrasan mi avance. Es como si no me dejasen caminar hacia mi objetivo. Pero la verdad es que esas pastillas o parches hacen poco…
– ¡Uy! Son parches. Con lo que yo sudo, se me despegan fijo…
– Déjeme que continúe: llegará un momento que no sabrá qué ropa ponerse, se hará incontinente y tendrá que llevar pañales y no conocerá a sus hijos. Se le olvidará tragar y tendrá que comer purés para que no se atragante y no haga una neumonía por aspiración.
– Un momento, ¿purés? Oiga, por ahí no paso… ¡odio los purés!

El Alzheimer hizo un gesto de complacencia, como si ya fuera a salirse con la suya.

– Bueno, también creo que si voy a perder la memoria, lo mismo se me olvida también que no me gustan los purés.
– Eso no se lo puedo asegurar.
– Hombre, digo yo que si se me van a olvidar quienes son mis hijos, creo que se me olvidará antes que no puedo ni ver la comida triturada.
– Dejará de caminar y le llevarán en silla de ruedas. Si nadie lo remedia, como no podrá comer casi, le pondrán una sonda de la nariz al estómago para alimentarle. Y le saldrán heridas, úlceras por presión que llaman, al estar inmóvil todo el día. Y no podrá hablar porque también se le olvidará.
– Bueno, yo tampoco he sido de hablar mucho. Vaya panorama, ¿no?

Reflexionó un momento.

– ¿Y las canciones se olvidan?
– Las canciones son de lo último que se olvida.
– Perfecto. Eso me gusta. Me gusta la música.
Bien señor Alzheimer. Únicamente me gustaría preguntarle una cosa: ¿usted está seguro que ese es mi diagnóstico?

– Seguro al 100%, no se lo puedo firmar.
– Bien, porque antes de adjudicarme su diagnóstico, antes de “estigmatizarme” y hacerme perder mi capacidad de decisión o incluso que puedan incapacitarme, me gustaría que alguien se plantee si no estoy un poco más despistado porque no presto atención a las cosas. Porque estoy bajo de ánimo porque falleció mi esposa. También un poco sordo, y no me entero muchas veces de lo que me dicen. Porque no se me da bien leer ni escribir, y siempre me he liado un poco con las cuentas. Piénselo señor Alzheimer. Asegúrese bien.

 

 

 

El Alzheimer, a pesar de todo estaba ahí. Pero de repente, impotente se escondió durante unos años.

– Le espero en poco tiempo. Nos veremos…

Para pensar……

Para terminar este “curso” es un honor tener como invitada especial de #GeriatriaCultural, y sobretodo en este mes que hemos estado hablando de cuidadores,  a Almudena del Avellanal Calzadilla o @ALMUAVE, miembro de https://www.alzheimeruniversal.eu

Sólo pediros que por favor continuéis leyendo y reflexionad antes de volver a tener noticias nuestras en Septiembre.

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Up. Persigue tus sueños

Esta semana toca hablar de #GeriatriaCultural y como colaborador es un honor tener a Carlos Fernández Oropesa, aunque quizás también le conocéis como @rincondesisifo. Es un honor porque es uno de los primeros blogueros y tuiteros que empecé a seguir al iniciarme en este mundo de la salud en redes, y que seguramente vosotros también seguís. Y si no lo seguís, por favor clicad en este enlace https://elrincondesisifo.org/ y empezad a hacerlo.

Pero en lugar de seguir con la cháchara os invito a leer su propuesta cultural, que realmente merece la pena.

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Ante todo, no hagas daño.

O lo que es lo mismo, e incluso me gusta más: Primum non nocere“. Es el título del libro autobiográfico escrito por Henry Marsh y que ha publicado la editorial Salamandra.

Encantada estoy de que el blog Hablando de Geriatría me haya invitado a colaborar. ¡Muchísimas gracias! Espero que os guste la obra elegida, para mí con muchos tintes geriátricos.

¿POR QUÉ LO RELACIONO CON LA GERIATRÍA? POR TRES RAZONES:

La primera es que es un escrito autobiográfico de un médico -neurocirujano para más señas-, así que, obviamente, “va de Medicina”. Y la Geriatría es una de las  especialidades en las que uno puede ejercer de médico al 100%, en el sentido más amplio de la palabra. Geriatría = Medicina.

La segunda es que realmente habla de situaciones frecuentes en Geriatría, como cuento más adelante.

Y la tercera es que el autor escribe al final de su carrera profesional, no es ningún jovenzuelo;  y deja vislumbrar en algún pasaje que es consciente de que, no dentro de mucho tiempo, podrá padecer cualquiera de las situaciones que le lleven a ser un paciente geriátrico [Inciso: porque un paciente geriátrico no es tal por su edad, sino por reunir una serie de características].

El autor demuestra su humildad cuando, en uno de los primeros capítulos, habla de descubrir los límites de la generosidad humana al explicar el trabajo de auxiliar de geriatría con ancianos dependientes; trabajo que había desempeñado durante sus años de estudiante. Se refiere con especial admiración al enfermero jefe de la unidad, “de paciencia y amabilidad increíbles con los internos“. Hablamos del Londres de los años 70, y del libro se deduce que la Geriatría ya estaba bastante bien desarrollada: tanto como para contemplar la terapia ocupacional, con balones al aire libre,  en los escasos días de sol londinense (“las caras de muchos pacientes estaban rojas, puesto que la mayoría tomaba el antipsicótico Largactil, que es fotosensibilizante”). Hay muchas anécdotas referidas a esa época como auxiliar de geriatría, y es especialmente curiosa la crítica ironía con que cuenta que, el día que venían los inspectores, quitaban el pijama a los ancianos (que siempre llevaban, para hacer más fácil el cambio de pañal y los lavados) y les vestían de traje (“algunos de raya diplomática“).

El conocimiento que tiene Henry Marsh del paciente anciano y su idiosincrasia queda también patente en un capítulo en el que habla del diagnóstico de un glioblastoma multiforme en un anciano. Como jefe que ya era el autor, pregunta a los residentes cuál es el factor más determinante extraido de la anamnesis y exploración física… ante los titubeos de sus pupilos, destaca que “lo más significativo era que no tuviese parientes. Jamás volvería a casa, porque no sería capaz de cuidar de sí mismo“.

En el libro, el autor reflexiona mucho sobre la muerte. Lo que sobrecoge, a lo largo del escrito, es cómo es lo suficientemente honesto para poner sobre la mesa los errores cometidos a lo largo de su carrera, errores que en ocasiones condujeron a muertes evitables. No sé si muchos médicos seríamos capaces de plasmar nuestros fallos de esa manera: ¡valiente, sin duda!

En definitiva, esta obra tiene un gran “poso” geriátrico y humanista. Y, como quien cata un vino, diré que también tiene “entrada en boca” de humor inglés, “notas de madera vieja” de medicina de hace unas cuantas décadas, el “retrogusto amargo” en tantas ocasiones inherente a esta profesión, y todo ello con la “frescura frutal” de una prosa sencilla y entretenida para cualquier lector.

Y concluyo con una de las afirmaciones del autor que me ha hecho reflexionar: “Es imprescindible que los médicos rindan cuentas; porque el poder corrompe“. ¿Estáis de acuerdo?

Sara Murias Loza – Un Fonendo en Villamocos

Qué libro te hace recordar a tus abuelos

El año pasado como especial día del libro y St Jordi os planteábamos la #preguntamaliciosa de cuál era vuestra palabra preferida para llamar a los ancianos, siendo varias las escogidas.

Pues este año os planteamos también una #preguntamaliciosa especial, y es qué libro os hace recordar a alguno de vuestros abuelos.

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Buscando la belleza en nuestro interior

Es un honor para nosotros el publicar este post realizado por el Dr David Pérez Martínez (@daperezm), editor de neurowikia y jefe de servicio de neurología del 12 de Octubre. También quiero darle las gracias por su colaboración, y sobre todo lo que me enseñó como residente en las guardias compartidas.

Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla” Confucio.

¿Dónde reside la belleza? ¿Es la estética una cualidad intrínseca de los objetos o está en los ojos del ser humano que lo percibe? Hoy nos parece obvia esta respuesta, pero hace un par de siglos existía un debate profundo sobre en qué consistía la belleza y cuáles eran las propiedades de los objetos y obras que consideramos bellos. La estética, el arte y la belleza están sutilmente entrelazados en el observador, lo que a un sujeto le puede parecer decadente y repulsivo, el mismo estímulo puede resultar atrayente y elegante para otro.

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Corazón silencioso (Bille August, 2014) por Isabel Alonso Dávila

Hoy es un placer compartir con vosotros esta entrada escrita por Isabel Alonso Dávila presidenta de DMD Cataluña. En ella nos habla de una película que nos hace reflexionar sobre algo que no podemos evitar, la muerte.

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