Archivo de la categoría: cultura

El médico por Ignacio Vallejo Maroto

Este año comenzamos la sección #GeriatriaCultural con un invitado especial, como es Nacho Vallejo Maroto @ivmaroto_nacho , del hospital San Juan de Dios del Aljarafe en Sevilla. Es coordinador del grupo de trabajo de la SEMI del paciente pluripatológico y edad avanzada @GT_Pluri_SEMI y forma parte del equipo editor del interesante blog https://medicinainternaaltovalor.fesemi.org/

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¡Feliz Navidad 2018!

Queda ya poco para Navidad, así que otro año os queremos felicitar, pero sobretodo daros las gracias por seguir ahí.

Ha sido un año especial al descubrir que tanto trabajo, al final sí que tiene resultado. Y es que emociona cuando vas a algún curso o jornada y te dicen que te leen.

Así que para seguir la tradición, antes de las minivacas navideñas, hoy presento yo la recomendación #GeriatriaCultural.

Y la de este año es de canciones, porque todos tenemos una canción navideña que no te la puedes quitar de la cabeza.

Mi canción navideña, más que de niño, es de algo más mayor, cuando uno empieza a salir con amigos, y a celebrarlo. Y es raro, pero sí, cantábamos “Adeste Fideles”, no me digáis por qué, y aún menos que lo explique, porque no tengo ni idea. Pero quién no hace alguna cosa sin saber por qué. Pues yo también.

Así que

“Adeste, fideles, laeti, triumphantes,
Venite, venite in Bethlehem:
Natum videte Regem Angelorum:

Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum…”

 

 

 

Feliz Navidad a todos los amigos de la geriatría.

Nos vemos de nuevo el próximo año con nuevos post

 

“Me gustaría sentir nostalgia por algo” por Fernando Marín

Hoy es un placer traer a este rincón a un colaborador muy especial. Y es que el dr Fernando Marín @docfmarin, como él mismo se describe, es un activista a favor de la muerte digna y de la eutanasia. Es también presidente del grupo madrileño de la asociación derecho a morir dignamente (DMD), pero sobretodo es autor de un blog muy interesante de seguir sobre la muerte como es morirencasa.

Así que quien mejor que una personalidad de este nivel para que nos haga una recomendación cultural este mes, en el que tanto hemos estado hablando sobre la muerte.

Captura

Me gustaría sentir nostalgia por algo

En su libro Diarios 1984-1989 (Salamandra, Barcelona: 2008), el escritor de origen húngaro Sándor Márai nos cuenta sus sentimientos como cuidador de su mujer, enferma de demencia.

(…) “Creo que se ha producido un cambio: he pasado de la preocupación, la inquietud y el sufrimiento confuso a cierta paz incomprensible; como si hubiera comprendido el horrible e inclemente caos de la vida. No acuso a Dios, ni a los hombres, a nadie. No espero nada. He aceptado lo que ha pasado… He aceptado la crueldad. En estas ocasiones unos rezan, otros maldicen, y también hay gente que se calla, se lo guarda todo para sus entrañas. No lo he decidido, me ha pasado. Es la mayor tragedia personal que me ha ocurrido en la vida y debo aceptarla simplemente, no de manera fatalista, sin juzgar, ni protestar. Ese final, peor que cualquier destrucción repentina”.

Nadie quiere vivir con una demencia. Pero además, algunas personas como yo preferiríamos morir a vivir así. ¿Cuántas? No lo sabemos, porque esa opción en España todavía no existe. Para mí, existir sin saber quién soy o quiénes son mis seres queridos, es una situación absurda, es un vivir sin sentido, que considero injusto para los míos y para la comunidad de personas del planeta. Un despilfarro, un despropósito. Espero que se me entienda bien, yo no digo ninguna barbaridad como “que se mueran los viejos con demencia”, ni propongo que se limiten los cuidados a las personas dependientes que desean recibirlos. Creo que cada cual debe conducir su vida y tomar sus decisiones con responsabilidad, de acuerdo a sus propios valores, respetando su libertad, siempre que no perjudique a otras personas. Algo así como “ama y haz lo que quieras”. Esa es mi voluntad, cuando no recuerde que me llamo Fernando, cuando no sea capaz de mantener una conversación coherente, yo deseo morir.

La paradoja de la demencia es que para entonces ya no seré capaz de recordar nada de esto, no querré morir, ni vivir, porque no querré nada. No sabré qué es el Alzheimer, ni la muerte. Y lo más probable es que no padezca una situación de sufrimiento intenso, típica del proceso terminal. Pero la eutanasia no se fundamenta en la experiencia de sufrimiento, sino en la libertad y en el significado que para cada persona tiene su dignidad. Por eso, en circunstancias similares de deterioro de la calidad de vida, unas personas (la mayoría) no dicen nada respecto a su muerte, mientras que otras deciden adelantarla. Coherencia biográfica.

(1985). “En unos pasillos del hospital y por las puertas abiertas de las habitaciones se hace patente la existencia del orco. Lo que Esquilo le contó a Ulises sobre el orco. Ancianos en sillas de ruedas, atados con una correa por la cintura, caídos hacia delante, con la lengua fuera. La gran prueba de la vida no es la muerte, sino el morir. Sin embargo, hay algo obsceno en la enfermedad y la muerte. El reverso de lo corporal es lascivo y abominable”.

¿Por qué cuidamos a las personas –que ya no lo son- con demencia? ¿Por qué mantenemos con vida a seres hasta el punto ser incapaces de dar amor y de reconocer el que reciben? Por dignidad, porque son “de los nuestros”. Les queremos, sobre todo, por lo que han significado para los suyos y para la sociedad, por lo que fueron en el pasado. Respeto a las que por sus creencias encuentren sentido a las vidas de las personas afectadas por una demencia, tanto la enferma, como las cuidadoras. Pero, repito, para mí, esa no es una vida que merezca la pena. Yo elijo morir, y espero que los que me quieren respeten mi dignidad y hagan todo lo que esté en su mano por adelantar mi muerte.

Excepto en Benelux, donde la mayoría de eutanasias de personas con demencia se producen en las fases iniciales de su enfermedad, la única opción de adelantar la muerte es rechazar toda medida de soporte vital en el documento de voluntades anticipadas. En el mío he expresado que “si a consecuencia de una demencia dejo de comer y/o beber por mí mismo, es mi voluntad despedirme de la vida ayunando”. Con la esperanza de adelantar mi muerte, cuando deje de manifestar placer al comer o beber, rechazo la ayuda de otra persona para comer y beber con cuchara,

Dicho esto, ya sea con ley de eutanasia o sin ella, me gustaría recalcar la responsabilidad en la difusión del testamento vital de las personas que atienden a personas mayores: médicas y enfermeras de cabecera, geriatras, psiquiatras, neurólogas, psicólogas, trabajadoras sociales, etc. etc. Todas ellas deberían provocar conversaciones sobre el proceso de morir que les hagan reflexionar a los mayores, que deben compartir con su entorno y posteriormente concretarse en un testamento vital. Algunos expertólogos sostienen que es mucho mejor hacer una planificación anticipada de cuidados. Ya, pero lo mejor puede ser enemigo de lo bueno, así que empecemos por lo más sencillo, vayamos paso a paso. Cada persona con deterioro cognitivo leve, cada persona cuyo fallecimiento no sería sorprendente en los próximos meses, cada persona mayor de 75 años, debería saber que puede dejar su voluntad anticipada por escrito.

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Me gustaría sentir nostalgia por algo”, decía Marai… “Por un paisaje, por un viaje, por una ciudad, por alguien. Pero ya no puedo permitirme el lujo de ser nostálgico. ¡Me basta con ser!” Al final del libro, Sandor Marai cuenta con ironía cómo fue a comprar la pistola con la que en 1989 se suicidaría. La libertad no soluciona los grandes problemas de la vida, ni le resta complejidad; pero sin ella, sería insoportable.

Reflexiones geriátricas de un anestesista por Miguel A. Díaz Fuentes

Este curso reiniciamos la sección #GeriatriaCultural con un invitado de excepción como es el dr Miguel A. Díaz Fuentes, o @diazolam

Es un honor tener una colaboración de alguien a quien sigo diariamente por twitter y que siempre consigue hacer algo muy difícil, como es arrancarnos una sonrisa, cuando no directamente una carcajada.

Pero no sólo es alguien que escribe “cosas graciosas”. Si pasáis por su antiguo blog piensaenalgoagradable veréis otro lado que nos muestra alguna vez en sus hilos, pero que aquí nos enseña en profundidad, como es el amor. Y es que como recoge en una de sus entradas:

“La vida es corta: rompe reglas, perdona rápido, besa despacio, ama de verdad, ríe fuerte y nunca te arrepientas de algo que te hizo sonreír”

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Reflexiones geriátricas de un anestesista mientras nada

Resulta curioso que tu mente tenga tiempo para pensar y reflexionar en mitad de un ejercicio físico. Esto es lo que me sucede cuando clavo mi mirada en la interminable línea azul del fondo de la piscina, cada vez que me atrevo a perpetrar un par de kilómetros de natación. Alrededor de una hora en la que, imbuido en un medio nada hostil (pues al fin y al cabo nos pasamos nuestros “primeros nueve meses de vida” flotando en líquido amniótico) te sumerges en tus propios pensamientos, contando largos y brazadas con la ayuda de unos tapones que protegen del agua a los oídos pero también te proporcionan un silencio en el que salen a flote ideas, temas y recuerdos.

De repente, preocupado por acompasar tu respiración y optimizar tus movimientos de crol, te asalta la duda de un futuro lejano pero cada vez más preocupante: ¿me espera en la vejez un escenario en el que el olvido y la demencia sean los dueños de mi pensamiento? Reconozco que es una osadía afirmar, en los tiempos que corren, que uno va a llegar a viejo… Pero imagino que será el deseo común de todo aquel que tenga cierto aprecio por su existencia y anhele disfrutar de su limitada estancia en esta porción del Universo en la que nos ha tocado vivir. De cualquier manera, una vez dado por hecho que podremos alcanzar la senilidad, la cuestión previamente mencionada surge de manera repetitiva cada cierto tiempo en mi cerebro, todavía capacitado para plantearse ésta y otras muchas dudas que nos asaltan a diario.

Un escenario vital dominado por las dudas, la frustración y la pérdida progresiva de memoria, sobre todo para hechos recientes, así como de la capacidad de orientación y de reconocimiento de fotos, rostros… El entorno se volverá hostil, rodeado por potenciales desconocidos y laberintos insalvables para llegar a algún lugar al que antes hubieras accedido casi con los ojos cerrados. El déficit del lenguaje complicará todavía más la manera de comunicarse con la familia, los amigos… Una familia que un buen día será la primera en darse cuenta, por razones de proximidad, de que ya no tiene delante al que fue toda su vida, sino que ahora contempla a un sucedáneo del original: un nuevo personaje, bastante diferente al anterior, que ahora también verá casi como extraños a esposo/a, hijos y demás “figurantes”, los cuales ahora interactúan con su existencia.

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Y siempre me asaltan dos preguntas cuando reflexiono sobre este tema flotando en esa bañera de 25 metros de largo: ¿a dónde se irá todo el conocimiento, la capacidad intelectual y la sabiduría que has ido atesorando a lo largo de tu vida? ¿Y el amor que sientes y has sentido por tus seres queridos, a los que ahora apenas reconoces salvo en fotografías datadas décadas atrás? Me resulta decepcionante caer en la cuenta de que todo lo que has sido capaz de aprender, tus habilidades, tu bagaje intelectual, se escurran por el sumidero de la demencia antes de que la muerte lo haga inevitable. Pero me niego a asimilar que, una vez instaurada esa patología que engulle recuerdos y tritura la memoria, todo el amor que un día sentiste por tu familia desaparezca como por arte de magia. Prefiero pensar que se oculta en un recoveco de nuestras circunvoluciones cerebrales, asustado por la confusión con la que ahora tiene que lidiar a diario.

Todo esto no hace sino justificar de alguna manera mi afición por escribir las tonterías que a veces asaltan mis pensamientos, acompañando al insomnio habitual. Al menos sabré que hubo un día en el que plasmaba en un papel las cuatro palabras que tenía preparadas para dar mi opinión acerca de distintos temas. Y que uno de mis preferidos era el amor y todo lo que rodea a una relación sentimental… por si algún día perdiese esa capacidad para reconocer y seguir amando a las personas que más quiero.

Miguel A. Díaz Fuentes

“Esconderse en un rincón del mundo” por Esperanza Martín

Para finalizar este curso vamos a hacer una excepción. Habitualmente a este foro vienen invitados blogueros a los que sigo, por lo que es todo un honor que acepten su participación en este blog. Como alguna vez he dicho, este es el apartado del que no paro de repetir estoy más orgulloso. Así que conseguir la colaboración de todos ellos me alegra profundamente.

Pero como decía este mes no viene un bloguero, sino una tuitera a la que tuve el placer de conocer antes personalmente en una comida en el zoo que “virtualmente”. Pero es que además, y en este curso en el que varias veces hemos hablado sobre la importancia del ejercicio, es codirectora del vídeo que obtuvo el 2º premio del IV festival internacional de cortos sobre salud comunitaria de  a finales del 2017, y que si no habéis visto no os lo podéis perder.

Pero no vamos a hablar de videos, sino de un libro totalemente recomendable:

“Esconderse en un rincón del mundo”

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Quiero más abuelos en series de la tele

Para aquellos niños de 40 años, como decía Miliki, quién no recuerda a los abuelos de las series. Y es que quién de estos niños no recuerda la cancioncita esta.

Pues en un blog que está dedicado a la geriatría, y con un apartado específicamente cultural, cómo es que aún no hemos hablado de los abuelos de las series infantiles. Pues hoy lo subsanamos.

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“Vivir para envejecer” por Angel López Hernanz

Hoy en #GeriatriaCultural es un orgullo tener la oportunidad de publicar en primicia una entrada del dr Angel López Hernanz, al que muchos conocéis por su gran blog MédicoRural . Y si no lo seguís, pues seguro que hoy empezaréis a seguir su maravilloso blog, donde nos habla de forma muy personal de su día a día. Como muestra nos deja una entrada donde nos habla de la vida.

Y es que quien dice que si uno tiene más de 90 no puede estar vivo.

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Tomada de http://medicosdeosuna.blogspot.com.es/

Vivir para envejecer

Nació antes de la guerra, tiempos duros en la campiña andaluza, fue un joven de los “tiempos de la hambre”; como me cuenta, el espíritu de supervivencia le hacía competir con sus propios hermanos en la mesa por un corrusco de pan.
Las enfermedades no lo trataron mal, no tuvo que consultar mucho al médico, aunque en el pueblo en aquellos entonces no había, sólo tuvo que visitarlo en una ocasión en el pueblo de al lado por una herida producida en la pierna, cuando una rama de árbol se la atravesó, mientras cuidaba del rebaño de animales, de la que se recuperó totalmente.

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“De senectute” por  José Manuel Ribera Casado

Hoy es uno de los días que más espero en el año. Y es que para un devorador de libros desde niño, la fiesta del día del libro y de Sant Jordi, es algo que no se puede obviar.

Hoy como día especial,  me gustaría compartir una entrada especial, de un invitado especial.

Los que seguís habitualmente este blog, os habréis dado cuenta que esta sección últimamente está realizada por un invitado sanitario, que no forma directamente del ramo de la geriatría. Así que hoy, excepcionalmente, traemos a esta sección como invitado a un geriatra. Pero no uno cualquiera, sino a uno de los maestros de la geriatría en España, como es el dr Ribera Casado.

 

“DE  SENECTUTE”

Marco Tulio Cicerón

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A la hora de recomendar lecturas de vez en cuando conviene volver a los clásicos. En esta sección, dedicada especialmente a temas relacionados con el envejecimiento, una sugerencia inexcusable la constituye la obra de Cicerón que da título a estas líneas. Desgraciadamente se trata de un libro poco leído a día de hoy, por más de que algunas de sus reflexiones aparezcan citadas con regularidad en prólogos y conferencias, casi siempre por personas que sólo conocen la obra de referencias sin haberlo leído nunca.

 

Es cierto que, aunque presente en buena parte de bibliotecas públicas, en colegios, ateneos y universidades, hoy puede resultar difícil hacerse con un ejemplar. No abundan las ediciones recientes ni en latín, ni en castellano, ni mucho menos bilingües  La dificultad para la difusión de este libro, fue una de las consecuencias negativas de la supresión de la enseñanza del latín en el bachillerato. En todo caso no hace demasiado tiempo (año 2001) la editorial Triacastela llevó a cabo una cuidadosa edición bilingüe con varios breves estudios complementarios que enriquecían el libro.

 

En definitiva, el texto, breve y conciso, recoge el diálogo del anciano senador Catón (alter ego de un Ciceron ya de vuelta a sus 62 años, apenas uno antes de ser asesinado) con dos jóvenes inquietos que le reconocen como maestro y le preguntan sobre aspectos relativos a la última fase de la vida. Sus respuestas nos muestran una obra de reflexión y de madurez. Se trata del único texto romano dedicado íntegramente a la vejez.

 

Evidentemente, no es un libro de geriatría. Ni siquiera de medicina. Cicerón no era médico y sus pretensiones tampoco iban por ese camino. Sin embargo, junto a cuestiones relacionadas con la política, la vida familiar y social, o con la educación, sí se abordan algunos temas vinculados a la salud. Luchar por una vejez más saludable y difundir entre sus coetáneos la mejor manera de conseguirlo –hacer educación sanitaria diríamos hoy- son dos ideas que entran y salen repetidamente en ese diálogo. Se trata de una os temas que mantienen su vigencia en el siglo XXI sin que aún existan respuestas definitivas, y que han servido de referencia a algunos lemas de Naciones Unidas como el que habla del “envejecimiento activo” o de “una sociedad para todas las edades”.

 

Entre las pretensiones explícitas desarrolladas por Cicerón se encuentran las de mejorar la calidad de vida del anciano, evitar sufrimientos y permitirle llevar a cabo una vida lo más plena posible en todos los sentidos. El coloquio entra en el terreno de las ventajas que supone la actividad física o en aspectos relativos a la alimentación. Incluso ofrece también algún consejo que valdría para cualquier consulta al respecto a día de hoy. Así cuando uno de los jóvenes pregunta sobre los medios para evitar o retrasar las perdidas de memoria tan frecuentes entonces y ahora en la ancianidad, Cicerón admite que no hay remedios definitivos, pero se atreve a sugerir como medida preventiva que a lo largo de la vida la persona la ejercite, por ejemplo, que al acostarse se acostumbre a intentar recordar todo lo que ha hecho y dicho durante el día, así como lo que le han dicho a él otras personas.

 

En definitiva “De Senectute” nos muestra lo eterno de muchos de los problemas de los que adolece la humanidad y nos brinda unas reflexiones, frescas, actuales en muchos aspectos, y siempre llenas de sentido común. Estas características permiten comprender mejor que, lo que podríamos calificar como su “apología de la vejez”. Se haya mantenido vigente durante casi 22 siglos y haya sido objeto de toda suerte de comentarios por muchas de las mentes más lúcidas que se han ocupado del tema durante todo este tiempo.

 

José Manuel Ribera Casado

Catedrático Emérito de Geriatría (UCM)

Qué libro regalarías a tus abuelos

Ya es nuestra tercera edición especial de la #preguntamaliciosa sobre el día del libro y St Jordi. En años pasados os preguntábamos cuál es vuestra palabra preferida para decir mayor y que libro os hacia recordar a vuestros abuelos. Así que este año os preguntamos qué libro regalaréis o regalaríais a vuestros mayores.

La verdad es que yo nunca llegué a regalar un libro a mis abuelos, así que ahora me tengo que imaginar cuál regalaría. Y el primero que se me viene a la cabeza sin dudar es “La sonrisa etrusca”, que fue una de las primeras recomendaciones de #GeriatriaCultural.

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Pero como esta recomendación ya está, pues me he puesto a pensar otra opción más real.

Así que he cogido a miniMatilda y le he pedido que escoja qué regalaría. Miniterremoto solo sabe decir Peppa Pig, asi que no vale para este juego.

Y la sorpresa ha sido cuando ha escogido el libreto de una opera para Baba, a quien le encanta la ópera.

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A la yaya un libro de National Geographic con muchas fotos bien grandes, porque le encanta ver los documentales de la tarde

national geographic

Tato un libro de cómo hacer un huerto en casa, para cuando deje de currar en el huerto.

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Y a tieta un libro de coser jerséis de punto, para que así me pueda enseñar.

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Así que estos son los libros, como véis, ninguno es un bestseller o una obra literaria maestra, pero seguro que les encantara.

Y vosotros, qué libro haréis a vuestros abuelos.

 

 

 

“Sin edad para la donación y el trasplante” por Rafael Matesanz

Esta semana tocaría #GeriatriaCultural, pero en su lugar es todo un orgullo y de agradecer esta colaboración del dr. Rafael Matesanz.

Muchos sanitarios le conocemos, ya que ha sido el creador de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) en 1989. Él es el artífice y responsable del llamado modelo español de trasplante, que ha conseguido que España esté a la cabeza en trasplantes a nivel mundial. Pero sobretodo es un orgullo personal contar con esta colaboración, porque gracias al sistema de trasplantes que disponemos en España pudimos disfrutar de más tiempo con “buela Loli”.

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Sin edad para la donación y el trasplante

Un tópico que a veces sale a la luz cuando se habla de la posibilidad de donar órganos es que se trata de algo relacionado con las personas jóvenes y que a partir de determinada edad esta posibilidad desaparece por el presumible estado de los órganos que los harían inviables para el trasplante. Nada mas lejos de la realidad.

El donante medio español es una persona de edad avanzada que fallece como consecuencia de una hemorragia cerebral. Desde hace años, más de la mitad de nuestros donantes tuvieron más de 60 años y en 2017, el 30% más de 70 y el 10% más de 80.

Incluso no es excepcional la donación de personas de más de 90 años, estando el récord en 94 años con un trasplante hepático de un donante de esta edad.

No todos los órganos aguantan igual el paso del tiempo. El hígado es el mas resistente, seguido del riñón, pulmón y corazón, ocupando el otro extremo de órganos más delicados el páncreas y el intestino.

La conclusión es muy clara: el médico debe evaluar en cada donante fallecido, qué órganos son los que están en condiciones de ser trasplantados, sin hacer ninguna exclusión a priori por la fecha del carnet de identidad. La inversa también es cierta. Si hace 30-40 años la edad era un factor limitante para recibir un trasplante, hoy los límites se han difuminado y pacientes de mas de 80 años están recibiendo un riñón, evitando así la diálisis y ganando vida y calidad de vida.

España es un país muy envejecido y la donación y el trasplante no son más que un reflejo de ello. En resumen, no hay edades límite para la donación y el trasplante. En cada caso hay que evaluar las circunstancias y decidir si es posible o no.

Rafael Matesanz