La locura en la literatura 2 de 2

Hoy finalizamos este magnífico post de Silvia Sánchez repasando la visión de la locura en los dos últimos siglos.

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En la Edad Moderna se halla el antídoto contra la locura en el autocontrol (Londres: Hospital psiquiátrico de Bedlam). Flaubert, Rimbaud consideraban que el verdadero arte (en oposición al buen gusto) era el mórbido y patológico. La enfermedad u el sufrimiento encendían y liberaban el espíritu,  o ayudados por drogas.

En el siglo XIX, las mujeres víctimas del movimiento retrógrado, son estereotipadas culturalmente de los trastornos mentales y reciben la mayoría de los tratamientos en instituciones o fuera. Mary Wollstonecraft fomenta la imagen gótica de loca/heroína/víctima.  Berta Mason la imagen maníaca.

Moreu perteneció a la Escuela de psicólogos profesores que enlazan la psicosis y la actividad artística. Proust decía también que “todo lo grande en el mundo proviene de neuróticos”.

Freud  afirma que el arte es hijo de la neurosis. Wirgina Wolf defiende a la locura para el arte.

Nicomedes Pastor Díaz (+1863) busca la inspiración alocadamente: “¿Do acudir?… ¡Ay!…Demente / visitaba las rocas y las olas/ por gozarme en su horror, llorar a solas/ y gemir libremente”.[i]

Ramón de Campoamor (+1893) bromea sobre las locuras cometidas de enamorado en “Humoradas”: ”Con locura te amé, pero hoy, bien mío, si te hallo sobre un puente te echo al río”.

Gaspar Núñez de Arce (+1903) reflexiona sobre la locura del orgullo, al extasiarse en la belleza del paisaje descrito en “el Monasterio de Piedra”: “nunca del hombre la soberbia ciega, que a enloquecerlo llega, podrá alcanzar, en su insaciable anhelo/ ese poder augusto y soberano…”

José Martí (+1895) se escandaliza de la locura de las falsas apariencias y la ignorancia de una tal Eva: “El alfiler de Eva loca/ es hecho del oro oscuro…/ Eva se prendió el diamante embustero/ y echó en el alfiletero/ el alfiler de oro puro”.

Y se llega al siglo XX caricaturizando la imagen del “científico loco”. Hay grandes obras maestras, como “Los renglones torcidos de Dios” de T. Luca de Tena  donde se entrelaza psiquiatría, periodismo, investigación, literatura.

Otro grande, Miguel de Unamumo (+1936) mezcla razón con sentimiento en su Credo Poético: “Piensa el sentimiento, siente el pensamiento”.

Mauricio Bacarisse (+1931) hace juegos de palabras e imágenes en “Pensamientos dobles”:”…en la maceta…/ la mata en flor de dobles pensamientos./ Dentro del tiesto –firme y duro cráneo-/ la tierra dio más savias que un cerebro/ para las flores de un morado oscuro…/ mis pensamientos, eran los prelados/ que a la razón bendicen y al ingenio./ Dobles nacieron, aptos, convenientes/ tanto a la exactitud como al anhelo/…y las ideas-flores se animaron; / se hicieron alas los ansiosos pétalos, /trocáronse…en mariposas/ que fueron mis pensares en su vuelo/ viajaron…siguió a la luz de los conocimientos, /…su ruta fue la ruta del deseo/ …mas los hombres tacaños y científicos/ nunca dejan volar los pensamientos/…fueron clavados en vitrinas/…miran mis muertos pensamientos dobles/ los dulces niños y los tristes viejos”

Cada vez que contemplo un ciprés me acuerdo de este verso de Gerardo Diego[ii] que califica de loco el intento imposible: “Enhiesto surtidor…devanado a sí mismo en loco empeño… Y en “Te diré el secreto”: “… de la vida,… es intercalar… a la derecha el viento y a la izquierda del loco, … una corona real”.

Federico García Lorca (+1936) recoge el eco popular del deambular errático del loco[iii]: “¡qué pena tan grande! Corro mi casa como una loca/ mis dos trenzas por el suelo/ de la cocina a la alcoba…”

Dámaso Alonso (+1990) iguala la locura al vano intento de conocer a alguien del todo: “A un río le llamaban Carlos”: “Ah, loco yo, loco, quería saber qué eras, quién eras…”

Manuel Altolaguirre (+1959) iguala luto, dolor  y locura al ímpetu de los toros bravos en “Era mi dolor tan alto”: “…si derribaran mi frente/ los toros bravos saldrían, / luto en desorden, dementes, / contra los cuerpos humanos.

Ángel González (+2008) aúna fuerza con locura y desánimo en “Áspero mundo”: “Para que yo me llame…la enloquecida fuerza del desaliento”.

Antonio Martínez Sarrión (1967) recoge la idea de las malas decisiones como calificación popular de locura: “Paso en falso” (1986): “le disuadieron de cualquier locura”.

Aníbal Núñez (+1987) empareja la locura con el ímpetu de una erupción volcánica y los sentimientos: “Mejor a la palabra hubiera sido/ arder con el volcán/ volverse loca/ …en los torbellinos del infierno”.

Antonio Colina (1946) toma el concepto popular indefinido de “un poco loco” como tolerancia a ciertos comportamientos fuera de la norma social aceptada (“Encuentro con Ezra Pound”, 1975).

José Luis Jover (1946) aúna el razonamiento ilógico con locura en “Figura”: “no puede su bravura/ sin embargo, volverse de repente/ a un espacio de nadie –inocente e imposible argumento-: la locura”.

Leopoldo María Panero (1946) nos dejó sus “Poemas del manicomio de Mondragón” (1987) y en “La Maldad”: “Cantas por las noches parecida a la locura”, asemejando el canto sin sentido de un demente a una forma concreta, incorrecta(¿?) de cantar.[iv]

En la literatura africana se ha hallado en el senegalés Cheiikh Hamidow Kane (1961) que el loco da a conocer y combatir las lacras de la sociedad, protege los valores ancestrales de su poblado.

Europa presenta un tipo de locura creativa patologizada y despatologizada, relacionando el genio con ella (canción de Mecano a Salvador Dalí, p. e.), años 80.

Rogelio Reyes  estudia la locura basándose en cuentos populares. Los relaciona con la sátira grecolatina y la inversión de valores en la época renacentista.

Alain R. Sappi[v] determina signos identificadores en el personaje loco de la literatura: Hace un estudio onomástico (los nombres, los apodos) por su contenido latente y comportamiento, denotando connotaciones profundas, personalidad intrínseca. El apodo confiere rasgos de un ser inferior, deshumanizado, barriendo sus orígenes y honor. P. e. En la obra “La verdad sobre el caso Savolta” de Eduardo Mendoza (1975) el loco es anónimo, como deseo del autor de que se cree su propio universo. El demente es explotado y menospreciado, su aspecto es desnutrido, desaseado, desaliñado. En ocasiones usurpa oficios para lavar su imagen y reputación. Pero son descritos en retratos esperpénticos y grotescos, a veces con disfraces de personajes conocidos. Con falta de dominio de sí mismo y sus emociones.

Baltasar Gracián en “El criticón” (1985), muestra a un loco sanado demandando al médico que le sana (igual que el cantautor Sabina en su canción: “Oiga doctor, devuélvame mi depresión”). Se imaginaba en un maravilloso mundo como juez, Papa, rico, etc., “pero cuando estaba loco, no sentía los agravios ni advertía los desprecios…”

Para este siglo XXI dejamos hablar a Jorge Riechmannn (1962) en “La estación vacía” (2000): “¿Perdimos la cabeza? Conservamos la voz/ De un solo grano se yergue la voz toda. / Y una voz vale la ausencia de cabeza / si en alta mar peligran las columnas del mundo. / El vértigo o mareo de ver que se tambalean los valores cimentados de la sociedad, pero se conserva la libertad de alzar la voz, publicar los pensamientos aunque se los califique de locos.

Alain concluye que el modelo de locura literaria suele ser un espíritu atormentado, con melancolía, amargura, en una atmosfera de duelo (depresión por pérdida de algo). Son los seres que más lamentan la pérdida de libertad en un mundo en ruinas, con falta de un ideal o de un asidero. Cada personaje se singulariza en un caso específico de locura. Son víctimas de perturbaciones psicológicas (manías) que los llevan a actos antisociales, transitar por sanatorios e instituciones psiquiátricas.

La locura la ve como un potencial vector para el pensamiento filosófico o fuente de creatividad.  Otras veces es un monólogo narrativo y más adelante son los demás los que definen al loco. La enfermedad mental es inherente a la naturaleza humana y hay una negatividad / positividad que la hacen de trampolín para solucionar los problemas de una sociedad a su vez enloquecida.

Y como recomendara el célebre Cervantes, “sé breve en tus razonamientos, que ninguno hay gustoso si es largo”[vi], aquí de momento dejamos nuestro análisis. Muchas gracias por la paciencia, aunque sea madre de la ciencia.

Fdo: Silvia Sánchez

[i] N. Pastor,  “Mi inspiración”.

[ii] G. Diego, “El ciprés de Silos”.

[iii] F.G.Lorca, “Romancero gitano: Romance de la pena negra”.

[iv] Este y anteriores poemas analizados en “Antología Cátedra de Poesía de las Letras Hispánicas” 2014, por José Fco. Ruiz Caserva, Ed. Catedra Letras Hispánicas.

[v] Alain R. Sappi, “El personaje del loco en la narrativa española”, 2010.

[vi] Cervantes, “Don Quijote de la Mancha”, cap. XXI.

Acerca de osmachope

Médico geriatra, y en los tiempos libres, que son pocos, un poco de todo. Trabajo en el servicio de geriatría del Consorci Sanitari Garraf https://gericsg.com

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