La locura en la literatura 1 de 2

Hoy iniciamos una maravillosa serie realizada por Silvia Sánchez sobre como se ha representado la locura en la cultura al inicio oral y posteriormente escrita.

imagesEn la publicación de este mes repasamos cómo se ha contado la locura hasta el siglo XVIII, y en el segundo y último, nos ocuparemos de los dos últimos siglos.

Abrimos una obra literaria como quien abre un cofre de los tesoros: encontramos reliquias del pasado, evocadoras de antiguas épocas, ideas trasnochadas, otras en cambio muy vigentes, que han sido el manantial de conceptos y creencias que hoy se mantienen en nuestra conciencia popular.

Se ha dicho que la tradición oral fue la primera transmisora de ideas, creencias, a través de relatos, proverbios, canciones…hasta que apareció la escritura, y más tarde la imprenta, para llegar al copiar-pegar. Los juglares o cantores populares extendían sus conceptos, los más gustosos de oír aquellos que eran atrevidos o rompedores.

En el libro de Proverbios[i] de la Biblia, que es una colección de 66 libros y muchos autores de distintas épocas, algunos se remontan a decenas de siglos atrás, se hace una personificación de la Sabiduría, como una mujer que habla a los jóvenes o simples, para que se alejen de la necedad y no cometan locuras en su vida. Os sonará el rey caldeo Nabucodonosor. En el libro de Daniel[ii]  narra en primera persona un episodio transitorio de locura (zoantropía) que sufrió y del que logró recuperarse al reconocer al único Dios vivo que le había engrandecido en su reino. El cancionero hebreo de los Salmos y los Profetas recogen el llamado a que “el pueblo no se vuelva a la locura”[iii]. Hasta del propio Jesús su  familia llegó a decir que “está fuera de sí”[iv] y “no creían en él”[v]  cuando empezó a predicar porque no entendían su mensaje. En el primer siglo de la nueva era ya habían calado los filósofos griegos, con su búsqueda de la sabiduría, chocando contra el  escandaloso mensaje de un mesías crucificado, también rechazado como locura por el pagano politeísmo romano, y siendo tropiezo al  mesianismo político anhelado por los judíos. Al apóstol Pablo le  ridiculiza el rey Agripa: “las muchas letras te vuelven loco[vi] pero él defiende su mensaje como “palabras de verdad y de cordura”. Y a los primeros cristianos conversos se les acusó, no de locos pero sí de ebrios, pues se sorprendían de su discurso, siendo gente indocta[vii].

Muchos autores han realizado investigaciones literarias, os resumo algunas conclusiones:

Martina Bigeard[viii] describe diferentes facetas de la locura en distintos autores españoles, señala cinco tipos de locura: La simulada, las manías (pasión excesiva), la caballeresca, la de amor u ofuscación y la universal. La simulada la describe por el relato bíblico del rey David que tuvo que refugiarse entre sus enemigos y salvar la vida haciéndose el loco[ix]. Esto ya nos sugiere que la locura, al menos era motivo de disculpa, de pena, de discriminación. También se refiere a la picaresca de los que la simulan para mendigar, divertirse, chantajear…otra vez valiéndose de la compasión que podía suscitar.

Los filósofos antiguos trataban de explicarla: Platón diferencia entre manía (locura divina como don, de perfecta simetría) y la locura patológica, asimétrica, que sume a la mente en la oscuridad. Habla de una locura creativa, inspirada (de los poetas y profetas). Séneca decía que “jamás ha habido un gran talento sin algún tipo de locura”. Kant  la llama “melancolía”[x] pudiendo confluir con el genio o la capacidad de prever el futuro, ambos males nacidos de un problema social.

La Antigua Grecia usa la filosofía para desprenderse de las pasiones del alma (pathos, sentimientos). Los Estoicos se esfuerzan por el equilibrio y se teme a la locura por sus excesos, abusos, violencia, aunque a veces la relacione con la injerencia en lo divino (así lo refleja la mitología griega, dioses caprichosos e imprevisibles).[xi]

La Medicina griega  clasifica las cuatro manías asociada a cuatro dioses: Apolo (locura profética), Dionisio (ritual), Musas (creación poética), Afrodita (eros).

El mundo latino establece una escala progresiva de enajenación mental: stultus-fatuus-isipiens-demens. La cultura de la culpabilidad libera a la divinidad de su responsabilidad, introduce el libre albedrío y deshace la idea griega de un dios oscuro (demon).

La Edad Media reemplaza a la lepra por la locura como estigma de exclusión. En la época medieval se habla del “carro de los locos”, la “nave de los locos” en el carnaval callejero. [xii] Los delitos de un loco, su responsabilidad, recaía en la familia. Aparecen los primeros edificios dedicados exclusivamente a la reclusión y el tratamiento de los alienados.[xiii]

Jorge Manrique[xiv] lamentaba desafiar al destino divino: querer hombre vivir, cuando Dios quiere que muera, es locura”.

Hamlet trata a menudo el tema, desde otro enfoque. “Nacemos llorando por venir a este inmenso manicomio”.

Baltasar de Alcázar (+1606) escribe “no es cordura que se trate al enfermo como sano”.

Francisco de Figueroa (+1578) lo asocia al mal de amor: “Maldito seas, Amor…tu fuego sea maldito, cuya llama no toca al cuerdo, que es muy gran locura y al necio sólo su crueldad consiente”.

Luis Barahoma de Soto (+1595) sigue al hilo: “contemple…todo amante… que no es tan fácil de soltar la trama que teje Amor, do la razón se enreda”.[xv]

Lope de Vega (“A la noche”) lo asocia a la nocturnidad (¿la luna, las musas?): “Noche fascinadora de embelecos, loca, imaginativa, quimerista, que muestras…los montes llanos y los mares secos… que vele o duerma, media vida es tuya. Si velo, te pago con el día, y si duermo, no siento que vivo”.

En otra composición[xvi] referente a Jesús: “¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?… ¡qué extraño desvarío!”,  le es incomprensible el amor de Dios.

Quevedo (+1645) [xvii] califica demencial el rápido paso del tiempo: “La Fortuna mis tiempos ha mordido; las Horas mi locura las esconde”.

Sor Juana Inés de la Cruz (+1695) condena los miedos populares: “Parecer quiere el denuedo/ de nuestro parecer loco/ al niño que pone el coco/ y luego le tiene miedo.”

En el s. XVI se duda de las causas sobrenaturales, para sospechar de un origen físico (“teoría de los humores”). Erasmo hace sátiras a la locura, aunque no se refiere a ella sino como necedad. En su obra satírica “Elogio de la locura” presenta a la locura como un elemento universal indispensable para hacer posible la vida humana y la felicidad del loco es su ficción. Parece que no se refiere a ella como tal (dementia) sino a la necedad, que es lo que critica y ridiculiza.

Francisco Martínez Vilanova dice que Cervantes se inspira en esta obra, pues en su época lo acusaron de eramista. Hallamos una locura bufonesca en el Humanismo cristiano según este autor. El Quijote no es un tonto, sino un idealista inteligente, cuya locura es parodiada. A los locos en España se les conducía ante el Juez para después llevarlos ante el médico.

Vicente Gaos  entiende que la locura en Don Quijote es un recurso técnico, un motivo funcional y estructurante de la novela.

Petra Plutnarová[xviii]  destaca en El Quijote su “enloquecimiento”, pero no cree que padezca de locura. Enloquece después de haber leído demasiadas novelas de caballerías. Su escudero Sancho Panza dice de él que “era un pobre caballero encantado que no había hecho mal a nadie en su vida…” y lanza uno de  sus chascarrillos: “Y yo digo que el consejo de la mujer es poco, y el que no le toma es loco”. En la parte I la gente se burla, pero en la II lo aprecian ya por su fama y tanto ellos como el lector se ríen de su locura, crueles ante su “sinceridad”. Pero él es heroico, atrevido, no tiene miedo porque está enloquecido y eso le confiere coraje. Las pesadillas en la época renacentista eran síntoma inequívoco de locura y eso hace sospechar a su familia y entorno. Se le reconocen momentos de lucidez: “…como no la sabía (el género de su locura), ya le tenían por cuerdo ya por loco, porque lo que hablaba era concertado, elegante y bien dicho, y lo que hacía, disparatado, temerario y tonto”.

Dn. Quijote se ve manipulado, tratan de curarlo. El regreso a casa representa el remedio de curar la mente enferma. Al llegar, deja los libros, recupera la cordura, pero muere…Se ha interpretado de tres formas: Primera, que como católico, debe confesarse antes de morir, estando cuerdo. Segunda, la simetría nacer cuerdo/ morir cuerdo. Tercera, la locura alivia el dolor y la tristeza, pues uno no se da cuenta de las penas estando loco: “Loco soy, loco he de ser hasta que vuelvas con la respuesta de Dulcinea…seré loco y no sentiré nada”.

Se definen tres remedios para curar la pasión en Dn. Quijote: La muerte (mala suerte), la mudanza (amor), los males de amor (la locura). Se concluye que “no es cordura querer curar la pasión”. Quijote teme enfrentar la realidad y para ello se vuelve loco. Cuando muere, es porque recuperó la cordura y la locura pierde su efecto protector en su mente.

Que Cervantes tuviera la intención de criticar su sociedad sin miedo a la censura por poner en boca de un loco atrevidas palabras, fue un recurso usado por otros, huyendo así también de la inquisidora hoguera en el s.XVI: Rodrigo de Valer fue un noble sevillano buen conocedor de la Biblia, castigado con la ofensa del  sambenito por contradecir al párroco de su iglesia en plena misa. Consiguió salir justificado por calificársele de loco. Pero fue llamado el “falso profeta de Sevilla”. Cipriano de Valera, en la época de la Contrareforma en España, autor de la traducción de la Biblia Castellana (Biblia del Oso), juzgó este hecho y que se le confiscara los bienes por la Inquisición, como “un medio divertido para devolver la cordura a un loco”.

El modelo Clasicista pasa al encierro indiscriminado, la medicalización, más tarde el encierro específico del demente con la psicologización  y reducción del binomio razón/locura  a  normal/ patológico.[xix] Se va silenciando la propia voz del loco, solamente habla su oponente, con la razón. La literatura pasa a poner al hombre cuerdo frente al loco para dialogar (Diderot).

Eric Fromm afirma que “la peor enfermedad es la patología de la normalidad”.

El Renacimiento recupera el concepto aristotélico de que la locura va unida al genio.

El s. XVIII nos regaló a Samaniego (+1784) que usó las Fábulas populares para recapacitar sobre la cordura de la pruedencia: “La Lechera”: “Adiós leche, dinero, huevos, pollos, lechón, vaca y ternero. ¡Oh loca fantasía! ¡Qué palacios fabricas en el viento!”

Esperamos que os sea muy interesante, y que no os perdáis la parte final el próximo mes

Fdo: Silvia Sánchez

[i] Proverbios caps. 8 y 9

[ii] Daniel cap. 4: vers. 25 al 37

[iii] Salmo 85:8

[iv] Marcos 3: 21

[v] Juan 7:5

[vi] Hechos 26: 24, 25

[vii] Hech. 2: 13, 15, Hech. 4.13

[viii] M. Bigeard, “La folie et les fous litteraries en Espagne, 1500-1650”, 1972.

[ix] 1º Samuel 21: 13-15

[x] Kant, “Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza”.

[xi] Locura en la literatura. (2015, 20 de febrero). Wikipedia, La enciclopedia libre. http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Locura_en_la_literatura&oldid=80153733.

[xii] S. Brant, 1942.

[xiii] Martina Bigeard, 1972. “Viaje al mundo de la locura en la literatura española (1500-1650)”.

[xiv] J. Manrique (+1479) “Coplas por la muerte de su padre”. Nº. XXXVIII.

[xv] L. Barahomo de Soto, “Las lágrimas de Angélica”nº 13, (1586).

[xvi] Lope de Vega, “Rimas sacras”, 1614

[xvii] Quevedo, “Brevedad de la vida”

[xviii] Petra Plutnarová, “El concepto de la locura en el Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha y en Hamlet”, Cuadernos Cervantes de la literatura española, Ep. II, 2012.

[xix]  Alain R. Sappi, PDF: “El personaje del loco en la narrativa española”, 2010.

Acerca de osmachope

Médico geriatra, y en los tiempos libres, que son pocos, un poco de todo. Trabajo en el servicio de geriatría del Consorci Sanitari Garraf https://gericsg.com

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