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Edadismo… ¿No podemos hacer algo más?

El pasado 15 de junio se celebró el Día Mundial de la Toma de Conciencia contra el Abuso y el Maltrato en la Vejez. Este día fue reconocido oficialmente en la Asamblea General de Naciones Unidas de diciembre de 2011 (resolución 66/127), impulsado por la Red Internacional para la Prevención del Abuso en las Personas Mayores (INPEA), quienes fueron los primeros en establecer esta conmemoración en junio de 2006. El objetivo de este día es concienciar y denunciar el maltrato, el abuso y el sufrimiento a los cuales son sometidas muchas personas mayores en distintas partes del mundo.


Pero… ¿Es tan frecuente el maltrato a las personas mayores? ¿Cuántas veces identificamos una situación de abuso a una persona mayor en nuestra vida cotidiana o en la práctica clínica? ¿En cuantos informes hemos visto reflejada esta circunstancia o cuantas veces hemos tomado acción ante una sospecha de este tipo?

Un metaanálisis publicado en 2017 que incluía 44 estudios con un total de 59203 individuos (1), estimó que una de cada seis personas mayores de 60 años (el 15.7%) había sufrido algún tipo de abuso en el último año. De todas las personas entrevistadas, el 11.6% sufrieron maltrato psicológico, el 6.8% abuso financiero, el 4.2% sufrieron algún tipo de negligencia en el cuidado, el 2.6% sufrieron maltrato físico y el 0.9% abusos sexuales. Las cifras son espeluznantes. No estamos hablando de abusos o maltratos sufridos a lo largo de sus más de 60 años, sino en el último año de su vida.
El maltrato o el abuso a los mayores tiene su origen en el uso de la edad como criterio central para clasificar y dividir a las personas de una manera que comporta un daño, una desventaja o una injusticia (2). Esto se conoce como edadismo, traducción del término inglés “ageism” acuñado por Robert Butler en 1969 y que, sorprendentemente, no se incorporó en el Diccionario de la Lengua Española hasta su última actualización (la número 23.6) en diciembre del 2022. Si bien el edadismo afecta a todas las edades, por estar hablando del Día Mundial de la Toma de Conciencia contra el Abuso y el Maltrato en la Vejez, nos centraremos en el edadismo a las personas mayores.

En 2020 se publicaron los resultados de una encuesta diseñada con el objetivo de evaluar la prevalencia de actitudes edadistas con las personas mayores (3). Se realizó durante la sexta ola de la World Values Survey (2010-2014) en 57 países (1200 personas por país), con un total de 83,034 personas, de las que el 18% eran mayores de 60 años. El 56% de las personas entrevistadas (una de cada dos) mostraron actitudes edadistas con las personas mayores en un grado moderado-severo. En este trabajo, España aparece como uno de los países menos edadistas. Aun así, casi el 30 % de los individuos entrevistados (uno de cada tres) mostraron actitudes moderadamente edadistas o severas.
Estas cifras tan desalentadoras hacen referencia a actitudes y comportamientos que ocurren en la comunidad, en la población general. Pero… ¿Qué pasa en el mundo sanitario?

  • A las personas mayores se les niega el acceso a determinados tratamientos. Aunque lo vimos claramente durante la pandemia y apareció en numerosos medios, ya en 1999 se demostró que, tras ajustar por género, comorbilidad y situación funcional, por cada década de vida a partir de los 50 años se disminuía el acceso en un 15% a respirador mecánico, en un 19% a intervenciones quirúrgicas y en un 12% a la diálisis (4). Sólo por la edad…
  • Las personas mayores, con frecuencia, no tienen acceso a ningún recurso de Medicina Geriátrica. A pesar de que esta especialidad médica ha demostrado beneficios en la capacidad funcional (física y cognitiva) y en la calidad de vida, y además disminuye las estancias hospitalarias y la institucionalización (5), existen numerosas áreas de salud y hospitales en España sin Geriatría. ¿Qué pasaría si esto le ocurriese a niños, mujeres o adultos en general?
  • A las personas mayores se les ofrece fármacos que no han sido evaluados en ellos. Con frecuencia, la edad y muchas de las características asociadas a ella, son un criterio de exclusión de los ensayos clínicos, lo que hace que la eficacia de los fármacos y sus efectos secundarios se testen en sujetos que no representan a las personas mayores que sufren enfermedades. Un trabajo diseñado para conocer las características de las personas incluidas en los ensayos clínicos de fármacos para la osteoporosis mostró que el 23% de ellos usaron la edad como factor de exclusión, el 13.7% excluyeron a personas con insuficiencia cardíaca o patología respiratoria, el 11.7% a personas con dificultades en la movilidad, el 8.8% a personas con deterioro cognitivo y el 2.9% a personas con hipertensión arterial (6). Resultados similares se encontraron cuando se revisaron los ensayos clínicos diseñados para evaluar la eficacia de la rehabilitación en pacientes que habían sufrido un ictus (7).
  • Nos dirigimos a las personas mayores, o nos referimos a ellas, utilizando un lenguaje edadista. Un trabajo reciente muestra que, en dos revistas científicas especializadas en envejecimiento, hasta un 20% de sus artículos utilizan lenguaje edadista (8).

Son sólo algunos ejemplos y sirven para mostrar que el edadismo está en todas partes, también en el mundo sanitario. Por el enorme impacto que tiene en la salud de las personas mayores y su calidad de vida, en la sociedad y en la economía; es urgente que tomemos acción (2). El día 15 de junio es un buen día para reflexionar y concienciar, pero el año tiene 364 días más en los que multitud de actitudes edadistas, incluidas el abuso y el maltrato, ocurren a nuestro alrededor.

Y cada uno de nosotros, ¿Qué hacemos?

De verdad, ¿no podemos hacer algo más?


Cristina Alonso Bouzón, MD, PhD
Expresidenta SEMEG

BIBLIOGRAFIA
1-. Yon Y, Mikton CR, Gassoumis ZD, Wilber KH. Elder abuse prevalence in community settins: a systematic review and meta-analysis. Lancet Glob Health. 2017 Feb;5(2):e147-e156. doi: 10.1016/S2214-109X(17)30006-2.


2-. Informe mundial sobre el edadismo. Washington, D.C.: Organización Panamericana de la Salud; 2021. Licencia: CC BY-NC-SA 3.0 IGO. Disponible en: https://www.who.int/publications/i/item/9789240016866 (último acceso: 21 de junio 2023

3-. Officer A, Thiyagarajan JA, Schneiders ML, Nash P, de la Fuente- Núñez V. Ageism, Healthy Life Expectancy and Population Ageing: How Are They Related. Int J Environ Res Public Healt. 2020 May 1;17(9):3159. doi: 10.3390/ijerph17093159.

4-. Hamel MB, Teno JM, Goldman L, Lynn J, Davis RB, Galanos AN, et al. Patient age and decisions to withhold life-sustaining treatments from seriously ill, hospitalized adults. SUPPORT Investigators. Study to Understand Prognoses and Preferences for Outcomes
and Risks of Treatment. Ann Intern Med. 1999 Jan 19;130(2):116-25. doi: 10.7326/0003-4819-130-2-199901190-00005.

5-. Atención sanitaria a la persona mayor en el siglo XXI: desde la promoción de la salud hasta el final de la vida. Ed. Sociedad Española de Medicina Geriátrica (SEMEG), 2022. Coordinadores: López-Dóriga, P y de la Fuente Gutiérrez, C. ISBN: 978-84-09-39009-0

6-. Mc Garvey C, Coughlan T, O’Neill D. Ageism in Studies on the Management of Osteoporosis. J Am Geriatr Soc. 2017 Jul;65(7):1566-1568. doi: 10.1111/jgs.14840.

7-. Gaynor EJ, Geoghegan SE, O’Neill D. Ageism in stroke rehabilitation studies. Age Ageing. 2014 May;43(3):429-31. doi: 10.1093/ageing/afu026. Epub 2014 Mar 18.

8-. Murphy E, Fallon A, Dukelow T, O’Neill D. Don’t call me elderly: a review of medical journals’ use of ageist literature. Eur Geriatr Med. 2022 Aug;13(4):1007-1009. doi: 10.1007/s41999-022-00650-4. Epub 2022 May 17.

Reclamo por la asistencia psicogeriátrica

El 21 de septiembre fue el Día Mundial del Alzheimer y algunas páginas dedicadas a la divulgación del conocimiento geriátrico (Geriatricarea, Espacio de Psiquiatría Geriátrica, Geriatría en el espejo) y los medios de comunicación hicieron publicaciones al respecto.

Yo también he querido honrar tanto en este día como en todos los demás a todas aquellas personas de avanzada edad con patología de la esfera mental, no sólo demencia (entre otras, la enfermedad de Alzheimer), que no tienen un día asignado en el calendario.

Se calcula que, en 2030, 65.7 millones de personas tendrán demencia y, en 2050, 115.4 millones. En España, el 5.2% de personas entre 65-69 años padecerá deterioro cognitivo leve o demencia, cifra que asciende a 45.3% en personas de 85 o más años.

Pero no solo hay demencia… la depresión mayor sucede en el 1-4% de las personas de 65 o más años y su prevalencia aumenta con la edad. Se estima que el 10-15% de los adultos mayores tiene síntomas depresivos clínicamente significativos pese a no cumplir criterios de depresión mayor, y entorno a un 10% presentan trastornos de ansiedad. La psicosis tampoco es un fenómeno aislado en el anciano, con un 27% en aquellos que viven en la comunidad y hasta del 62% en los institucionalizados. El “paciente psicogeriátrico” no es solamente un paciente psiquiátrico con años, sino uno con un manejo clínico complejo en el que coexisten, además de su enfermedad (neuro)psiquiátrica, otras muchas patologías orgánicas, polifarmacia, vulnerabilidad y fragilidad que pueden influir o verse afectadas por la primera y que merman la calidad de vida del afectado y su entorno (sobrecarga del cuidador, institucionalización, negligencia en los cuidados, hospitalizaciones y muerte).

Después de leer estos datos, una se pregunta qué podemos estar haciendo al respecto. Se trata de un auténtico problema en una sociedad cada vez más envejecida en la que hay una alta prevalencia de trastornos psiquiátricos y neuropsiquiátricos, con todas las consecuencias que conllevan a nivel individual, social y económico. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Mundial de Psiquiatría (AMP) se hicieron eco de esta preocupación y en 1996 definieron la “psiquiatría geriátrica”, “gerontopsiquiatría” o “piscogeriatría” (rama de la psiquiatría dedicada a la atención multidisciplinar de la salud mental de personas en edad de jubilación y por encima de ésta que puede variar según los países y las prácticas locales. Se caracteriza por su orientación comunitaria y su aproximación multidisciplinar a la evaluación, diagnóstico y tratamiento); en 1997 elaboraron un documento de consenso sobre la organización de la asistencia psicogeriátrica donde establecieron los principios de dicha asistencia (integral, accesible, ágil, individualizada, transdisciplinar, responsable y sistémica), así como los componentes del entorno para su aplicación basado en un sistema de atención continuada (Figura 1).

Figura 1. Componentes de la red asistencial que deberían ser implantados en los diferentes sistemas sanitarios para conseguir un sistema de atención continuada.

Si bien estamos en el camino, aún queda mucho por recorrer.

España es un ejemplo de los innumerables países con escaso desarrollo de la psicogeriatría, uno de los más bajos de Europa. Para mejorar la calidad asistencial habría que comenzar por aumentar la visibilidad de la psicogeriatría mediante la concienciación ciudadana e incentivar y formar al personal sanitario favoreciendo el desarrollo de la subespecialidad en el ámbito de la medicina, psicología, enfermería, auxiliar, trabajo social, fisioterapia y nutrición. Desde que en 1989 la psicogeriatría fue reconocida como subespecialidad por primera vez en Reino Unido, solo 6 países cuentan con ella, pero solo la contemplan como parte de la formación médica (psiquiatría y/o geriatría) y no de las otras profesiones que deberían de conformar el equipo multidisciplinar. Los esfuerzos actualmente quedan en manos de los profesionales más sensibilizados con el mundo de la neuropsicopatología, que son más bien pocos (sobre todo geriatras), mediante la creación de sociedades de Psicogeriatría o realización de máster.

A nivel estructural, pese a las recomendaciones de la OMS, los servicios de Psicogeriatría apenas han logrado su desarrollo, existiendo una amplia variabilidad en su tipología, estructura, organización, extensión y composición de equipos, por no hablar de la falta de acondicionamiento de los centros sanitarios para este tipo de personas con unas exigencias particulares (pongamos por caso las salas de Urgencias). A nadie se le ocurriría pensar en un hospital sin una unidad coronaria o una sala de reanimación postquirúrgica, sin embargo, sí vería “normal” encontrarse a un paciente anciano gritando durante toda la noche, atado a una cama, solo y a oscuras ya que “pobres, a lo que llegamos”; ¿de verdad a nadie se le pasa por la cabeza qué estamos haciendo mal?

La evidencia científica es escasa acerca de la efectividad de los servicios de Psiquiatría Geriátrica. A modo de resumen, según lo descrito por la OMS, es fuerte para los equipos comunitarios multidisciplinares y débil para las unidades hospitalarias de agudos, con muy pocos estudios controlados llevados a cabo. Este punto, quizá, podría alentarnos a seguir investigando más que servir de excusa para tirar la toalla.

En nuestro país se producen grandes desigualdades en la atención a la persona con problemas de la esfera mental: la primera valoración es por parte del médico de Atención Primaria quien, según su criterio, derivará al psiquiatra, neurólogo o geriatra que, a su vez, según su avidez e implicación por el tema, ayudará al paciente en mayor o menor medida basándose en recomendaciones generales y, en muchas ocasiones, de difícil aplicación por la familia y/o cuidadores.

¡Necesitamos recursos!

No sólo económicos y sociales, por supuesto, sino humanos, en cantidad y calidad. Mentes que piensen en la creación, planificación y organización de los mismos. Como curiosidad, en España hay conocidas 6 unidades de memoria, 116 consultas monográficas de deterioro cognitivo, alguna consulta no contabilizada de psicogeriatría dependiente del servicio de Psiquiatría (como la del hospital geriátrico Virgen del Valle en Toledo), 0 unidades de hospitalización psicogeriátrica de agudos/media estancia en el sector público (sí algunas concertadas, con especial desarrollo en Cataluña) y 306 asociaciones de familiares de enfermos de Alzheimer, lo que nos habla de la profunda demanda social, a la que no se está dando voz.

En suma, y ya finalizando, necesitamos de una sociedad concienciada para poder elevar este problema a lo más alto en la lista de prioridades de nuestros políticos y de un personal cualificado y entregado para planificar la intrincada red de asistencia médica al paciente psicogeriátrico y hacerlo más visible en todos los ámbitos de la vida cotidiana.

Mª Isabel Tornero,

Ciudadana y médico.