Hablando de la COVID

Hola a todos.

Hoy escribo a cuatro manos, y es que nos gustaría poder compartir con vosotros unas líneas a modo de reflexión tras el primer golpe por la crisis del coronavirus. Como podéis haber visto estos meses más que hablar de geriatría, el blog ha estado hablando de covid. Al principio de apoyo de lo que íbamos aprendiendo, y luego, no voy a mentir, de herramienta de desahogo personal de mis compañeros y amigos que así me lo pedían.

Antes del verano, me gustaría desahogarme también y contaros la vivencia que hemos tenido como médicos. Y digo hemos, porque por fortuna en esta epidemia no he estado sólo. Por fortuna he contado, no sólo con grandes compañeros, sino con grandes amigos. Mis grandísimos César “Flash” Gálvez y David Aivar. Sin olvidarme de una gran futura adjunta, superAna, o de Hector, Marta, Arturo, Cris…

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Parte del superequipo geriCSAPG celebrando un día especial

Así que para escribir esto he contado con el multifácetico David Aivar, que como yo, es médico especialista en geriatría. Pero él ha dado el do de pecho de verdad, ya que ha vivido esta crisis desde unos cuantos frentes. No sólo desde nuestra planta de agudos de geriatría en la que ha estado toda la crisis, a diferencia de los otros dos que hemos ido “entrando y saliendo”. Sino que también lo ha vivido desde el servicio de urgencias, y también como “médico responsable” de una residencia.

Antes que nada, quisiéramos mostrar públicamente la mayor admiración hacia varios colectivos de personas que hemos sido llevados a límites inimaginables, situaciones quizás más propias de la ciencia ficción pero tan reales como la vida misma.

En primer lugar, los compañeros: transporte sanitario, técnicos, administrativos, celadores, gerocultoras, equipos de limpieza, auxiliares de enfermería, enfermeras, médicas…

En segundo lugar, todos aquellos pacientes y usuarios que, más vulnerables o no, han superado la infección por la COVID19.

Y en tercer lugar a todas esas familias que hay detrás de cada uno de los afectados. Fueron semanas muy duras en las que no fue nada fácil permanecer en casa sin poder ver y acompañar a vuestros seres queridos.

Como bien sabéis la pandemia por la COVID19 ha bloqueado el mundo y ha dejado al descubierto, entre otras cosas, las carencias que por desgracia presentamos el sistema nacional de salud, no sólo las residencias como se está criticando. La situación ha sido tan rara que tanto yo como otros compañeros facultativos, nos vimos obligados a no poder continuar con nuestro trabajo al frente de las residencias. No por solicitud propia, sino porque esta labor iba a ser asumida por otros. No miento que esta decisión no viniera bien al hospital sobre todo cuando se han estado triplicando no sólo las UCIS y los equipos de guardia, sino que hasta se han convertido en día laboral los fines de semana y festivos.

La novedad, el miedo, la inexperiencia, el no tener los medios adecuados para enfrentarte a algo desconocido son elementos que sin duda han marcado nuestra práctica clínica diaria.

No quiero ni deseo entrar en un debate de falta de medios, abandono, ni nada por el estilo porque no es mi intención; pero tampoco quiero que seamos veletas vulnerables por las opiniones que vemos y oímos a través de los medios de comunicación.

Los que hemos estado en primera línea con vuestros seres queridos somos los primeros que lo hemos pasado mal. No os podéis imaginar la impotencia que se siente cuando ves medio servicio de urgencias además de la UCI, con gente de 40, 50, 60 años con un tubo en la garganta debatiéndose entre la vida y la muerte mientras tú lo único que puedes hacer es esperar que los tratamientos instaurados (todos con uso fuera de ficha técnica) funcionen y puedan mejorar y salvarse. O viendo como muchos de nuestros mayores en apenas unos minutos empeoraban y pasaban de estar bien a presentar un ahogo extremo y falleciendo. Por lo que lo único que podíamos hacer por su bien, era tratar el ahogo como lo llevamos haciendo hace años, con morfina, que ha sido en muchas ocasiones nuestra herramienta más efectiva. O cuando estando en las residencia ni siquiera podíamos contactar con los servicios de emergencia tras más de una hora al teléfono para plantear derivaciones hospitalarias porque estaban colapsadas las líneas telefónicas. Fueron momentos muy duros, excepcionales, a la altura de la realidad que estábamos viviendo.

Que no os engañen. A todos los niveles, ya sea hospitalario o residencial, nos vimos en una guerra muy desigual en la que sin saber nada de nuestro enemigo, fuimos llamados a filas con palos y tirachinas de madera en un contexto de desprotección total e inadmisible.

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Alguna de nuestras mejores armas en esta guerra que en muchas ocasiones ha escaseado: la protección, pero también la esperanza

Lo que también parece que está claro a día de hoy, entre la experiencia profesional conjuntamente adquirida y con la evidencia científica disponible, es que el concepto de reinfección por SARS-COV2 no existe. O al menos es la tendencia que nos están mostrando/marcando los últimos estudios realizados en estos meses. Se considera que los pacientes/residentes que han sido COVID positivos y que posteriormente se han negativizado, han superado la enfermedad y si empeoran, a día de hoy, no es por una reinfección por la COVID19.

Y es que en el mundo de la geriatría, las broncoaspiraciones, las alteraciones de conducta de las demencias, las infecciones respiratorias, las diarreas, las caídas, ITUs, e incluso los cánceres, siguen existiendo por si solas, sin que tengan relación con la COVID.

Además estamos viendo que hay muchas personas al que el confinamiento le ha sentado verdaderamente mal, incluso en aquellos que no han pasado la COVID. Así que tenemos que cuidarnos muy mucho de sobrepasarnos con los aislamientos pensando que todo lo que vemos en una persona que ha tenido la mala suerte de pasar la COVID es una reinfección.

Esto no quiere decir que nos tengamos que despreocupar y olvidarnos de todo. Porque aún tenemos una gran misión, como es evitar los famosos “rebrotes”, que pueden hacer que comunidades que se ha librado en esta primera oleada, se vean golpeadas ahora por la COVID. Para ello no olvidemos de guardar las medidas de higiene que tanto hemos oído, y que con el desconfinamiento da la sensación que ya nos estamos olvidando.

Así que aunque la COVID19 a nivel personal se pueda haber superado por lo que nos podríamos relajar, lamentablemente creemos que se abre un nuevo paradigma en el que no sabemos las consecuencias/secuelas a las que nos podemos enfrentar y en el que es posible que durante las próximas semanas podamos lamentar pérdidas secundarias directamente o indirectamente debidas a la COVID19.

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Por fortuna todas ellas aún están aquí, muchas otras no han tenido la misma suerte

Eso no significa que no hayamos, y estemos intentando hacerlo lo mejor posible, sino que lo sucedido no sólo nos ha superado y ha sido devastador a nivel estructural, sino que también lo ha sido a nivel personal, tanto para los sanitarios, como de los familiares, pero sobretodo de las personas mayores.

Un saludo.

David Aivar, Oscar Macho

Ahora os dejamos con nuestra canción del confinamiento que espero os alegre tanto como lo ha hecho con nosotros

Acerca de osmachope

Médico geriatra, y en los tiempos libres, que son pocos, un poco de todo. Trabajo en el servicio de geriatría del Consorci Sanitari Garraf https://gericsg.com

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